Adalid de ideas multiplicadas
Mastrapa es un lector furibundo sobre todo cuando de la obra revolucionaria se trata. (ACN FOTOS /Yaciel Peña de la Peña)
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Adalid de ideas multiplicadas

Hay que adaptarse a cada circunstancia de la vida. Hasta yo me sorprendo verme así, caminando de la sala a la terraza y viceversa, pues mi esposa e hija más pequeña trabajan. Durante el día me quedo solo en la casa, valgan los grandes amigos que siempre he tenido a mi lado: los libros.

No se trata de un literato, sino de un hombre que para muchos ha  sido uno de los miembros de los Comités de Defensa de la Revolución (CDR) de referencia en Cuba por su alto poder de convocatoria durante más de cuatro décadas. Ahora con problemas de salud, desde su hogar  continúa devorando textos, sobre todo vinculados con la historia de la Isla.

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Mastrapa, junto al periodista Róger Aguilera, de la Agencia Cubana de Noticias.

Ese constante aprendizaje  le ha servido en su labor política como cuadro de los CDR, pues de lo único que se lamenta en su vida es de no haberse titulado tempranamente en la universidad.

Su trabajo ininterrumpido en los CDR y su constante vínculo con las masas a toda hora en las ciudades y en los lugares más apartados, fueron obstáculos para el estudio, pero eso no es justificación para Róger Enrique Mastrapa Pérez

Mis primeros pasos

«Con 13 años me inicié en el trabajo, en 1959, como obrero agrícola en La Jíquima, donde nací hace 71 años, zona rural del actual municipio de Calixto García, provincia de Holguín», cuenta Mastrapa.

«Y con esa adolescencia comencé a abrazar la Revolución. Cuando Playa Girón, con 14 años estuve atrincherado, aunque sin armas. Fungí de vocal en los CDR y cuadro voluntario en el distrito de Mir, al no tener edad para desempeñarme profesionalmente.

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Junto a su can, una de sus grandes pasiones.

«Mi primera gran misión en los CDR fue coordinador del distrito de El Cerro, en La Habana,  en las regiones de Holguín y Santiago de Cuba, y en la provincia de Las Tunas, donde empecé a  trabajar a principios de la década del 80 del pasado siglo.

«De los cuatro congresos del Partido Comunista de Cuba en que participé, tres fueron por Santiago, en el primero, en 1975, fui el delegado más joven de ese territorio.

«En Las Tunas me inspiré en ideas que las masas acogieron con entusiasmo y que se repitieron en todo el país.

«Así surgieron el autoconsumo familiar, para aprovechar cada cuarto de tierra y sembrar en los patios viandas, frutas, condimentos; las patrullas montadas, con el objetivo de combatir el delito en las zonas rurales; y los grupos de vigilancia diurna con jubilados y amas de casa para proteger los bienes y neutralizar cualquier acción del enemigo».

Mastrapa fue quien convirtió la reforestación en un objetivo popular, que arrancó en el municipio de Manatí, con la utilización de recursos locales como cepas de plátano, sacos y latas para conservar las posturas. A partir de esa iniciativa surgen en Cuba el Plan Manatí y su hermano gemelo Plan Turquino.

Todo ello es motivo de satisfacción para él, pero sus ojos brillan cuando se habla de la caldosa, del ambiente que había en cada cuadra para festejar importantes fechas.

En ese accionar José Enrique Pérez (Kike) y Luz Marina Zaldívar (Marina), ya fallecidos,  eran el centro de su cuadra para la elaboración del famoso caldo a base de gallina y viandas. Entonces, un vecino, Rogelio Díaz Castillo, comenzó a rasgar la guitarra y a inspirarse, y compuso la conocida guaracha el 25 de julio de 1979, durante un festejo de los CDR en la calle Lora, de la ciudad de Las Tunas.

«Fue el entusiasmo de las masas –recuerda– el que llevó a Castillo a componer el primer número musical de su vida, pues su función social –profesor de biología del entonces Instituto Superior Pedagógico de Las Tunas–, nada tenía que ver con la música».

Gracias a ello, los dominios tuneros cuentan con la Casa de la Caldosa y el sustancioso caldo es imprescindible  en cada cuadra de la isla esperando el 28 de septiembre, aniversario de la organización.

El hombre de marras es recordado en Las Tunas por haber asumido el reto de celebrar el cumpleaños de Fidel Castro, cuando el Líder de la Revolución se oponía a cualquier manifestación del culto a la personalidad.

«En la medida en que se acercaba el aniversario 60 de Fidel –cuenta–, hablaba con los cederistas de la calle Antonio Maceo, de Las Tunas, para festejar el 13 de agosto; ellos estuvieron muy de acuerdo.

Pero no tuvimos la colaboración de  los organismos, que se autolimitaban por la negativa de Fidel de que se le festejara su cumpleaños. Pero  lo celebramos con una gran romería y nuestros propios recursos”.

Al año siguiente, en 1987, las masas volvieron por los festejos, hasta que comenzaron las colaboraciones de los organismos. Desde entonces cada 13 de agosto es una fiesta ya  esperada por los lugareños.

De cederista a mambí del surco y el sol

Tras cumplir 19 años como coordinador de los CDR en la provincia de Las Tunas, se le dio la tarea de dirigir un contingente agrícola, con más de cinco mil hombres y mujeres que formaron la División Mambisa.

El trabajo político, el estímulo a los agricultores y el haberle encontrado solución a cualquier problema que le plantearan, logró mucho apoyo del gigantesco colectivo hasta principios del actual siglo, cuando la fuerza se disolvió tras cumplir con el objetivo en el llamado período especial.

«A los momentos de ocio en el contingente le buscamos una solución. Inventamos un Escriba y Lea similar al de la televisión. Prendió tanto que después sentíamos la obligación de efectuarlo. Y esa idea la llevé a mi cuadra por la noche cuando llegaba el apagón».

Y la movilización de cooperativistas y entidades estatales para vender productos agropecuarios a precios módicos a nivel de barrio constituyó un elemento distintivo de la División en esa etapa de grandes restricciones. Y aunque el contingente dejó de existir hace 15 años, la iniciativa se ha convertido en un hecho perpetuo con su nombre original: jaleo mambí.

Hoy muchos recuerdan aquella intención de sembrar frutas cuando le pidió al científico Adolfo Rodríguez Nodal (ya fallecido) la relación de las que estaban en peligro de extinción. Y en una pequeña finca con sus hombres comenzó a incorporar guayaba, granada, guanábana, dátil, níspero… y no faltaron las personas que les hicieron llegar semillas, desde distintos puntos de Cuba.

El hombre que no descansaba, que vivía de barrio en barrio, de día, de noche -ahora más delgado-,  sigue con su mostacho y disfrutando sus libros y su inseparable habano o retozando con un hermoso can.

No siente nostalgia de aquellos tiempos cuando Las Tunas fue Vanguardia Nacional de los CDR durante cinco años. Está optimista porque confía en los jóvenes, no sin antes sugerir que solo falta más convocatoria.

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