Cultura

Berlis Fernández, cuando la cultura habita en una voz

Berlis Fernández, cuando la cultura habita en una voz

Este 20 de octubre se celebra el Día de la Cultura Cubana y una de las creadoras que la enaltece cada día es la solista Berlis Fernández.

Quien la escuche interpretar una canción, difícilmente podrá olvidarla. Alza sus manos, cierra los ojos y de su garganta emana un torrente incontenible de melodiosa voz. Berlis Fernández Pompa es, sin dudas, una de las solistas más destacadas y versátiles de nuestra provincia.

Yo, que la he visto actuar al lado de grandes figuras del pentagrama nacional (durante la Jornada Cucalambeana, por ejemplo) y, a la vez allí, en la Plaza de los Recuerdos, cerca de la gente, puedo dar fe de cómo atrapa corazones y pone a bailar desde niños (as) hasta al abuelito (as) más «chancharico». Y es que esta mujer, cuya presencia escénica va más allá de una calidad vocal, proyecta elegancia, seguridad, empatía y un carácter chévere que conecta rápidamente con los espectadores.

Recién nació en el lobby del teatro Tunas la peña Mi tierra linda, de la cual es anfitriona. Así, el tercer domingo de cada mes, justo a las 5:00 p.m, el público la puede encontrar en esta institución, compartiendo talento y virtuosismo.

ALMA DE CANCIÓN

«Provengo de una familia musical. En casa siempre se escuchaban canciones. Especialmente los fines de semana nos reuníamos varios familiares para disfrutar de ‘la más bella forma de lo bello’, como llamó Martí a esta expresión artística», inicia el diálogo la mujer de pelo encaracolado y ojos claros.

Por supuesto, ante tal contexto e inspiración, no extraña nada que ella se sintiera atraída por la manifestación. Y no demoró mucho en que aparecieran las señales… «Mis padres se dieron cuenta de que podía repetir canciones; también me lo creí. Comencé cantando en casa; incluso, sobre una silla, como corresponde a un aficionado que se respete (sonríe). Fue una niñez muy bonita».

Al calor de los años recuerda un homenaje que le hicieron sus consanguíneos a un tío suyo, donde ella lógicamente actuó. «Es una de las actividades más lindas que atesoro en mi memoria, allí, junto a mi familia», destacó.

Como miembro de tal árbol genealógico, creció bajo la cobija de sonoridades criollas y confiesa sentirse orgullosa de que su estirpe comparta esa pasión. «Mi hermano y hermana son excelentes cantantes. Tengo un tío (Ruperto Machado, «El Chino») que fue solista e integró una orquesta y, claro, el horcón de los míos, Rubén Fernández Palmero, mi padre, destacado intérprete por muchos años. De hecho, pasó por diferentes agrupaciones de nuestra provincia: Sonido Caliente, Los Surik, Caisimú…; y aún hoy, sigue cantando en casa. También mi mamá cantaba precioso, aunque nunca se presentó en público, pero guardo en mi cerebro su voz melodiosa, linda».

Paradójicamente, confiesa que fue una niña «más bien tímida», pero al cantar se le abrían las alas de la seguridad (aún hoy es así). ¡Y de qué manera! «Desde pequeña siempre cantaba, tanto en el reparto La Victoria como en la escuela. Tenía una maestra llamada Magdalena, que me alentaba a hacerlo durante el receso, me hacían un círculo y todo. Asimismo, en los actos y otras actividades».

Pasaron los años y Berlis no abandonó su vocación. En la Enseñanza Secundaria igualmente se hizo visible su aptitud en diferentes eventos. Sin embargo, por cosas de la vida no estudió Música, sino Construcción Civil, aunque el destino, con sus «sirenas» del arte, terminaría por atraparla…

CARRERA ADENTRO

La juventud llega con sus bríos característicos y mudarse para Palma Soriano le abre un universo de oportunidades. «Comencé como aficionada en la Casa de la Cultura de allá. Nos presentábamos en escuelas y otros espacios. Eso consolidaría mis cimientos. Yo quería abandonar los estudios generales y dedicarme complemente a la música, pero mi papá no lo permitió… Mas, mi vocación siempre estuvo ahí, latente», refiere.

En 1996 vuelve a Las Tunas con los suyos. Para entonces ya lo tenía claro: este sería su camino. «Me presenté en el Centro de la Música y pasé una audición en la que participaron profesionales importantes y aprobé. Así que empecé a formar parte de la agrupación Son Arena, bajo la batuta del excelentísimo Miguel Vélez. Estuve en ese colectivo alrededor de tres años.

«Fue una etapa de mucho crecimiento. Comencé a hacer trabajo de voces, súper difícil, a nutrirme de los conocimientos de los demás y participar en eventos como el festival Emiliano Salvador. Además, estuvimos en giras a lo largo de toda Cuba y la gente nos seguía, lo más importante».

Luego Berlis integra el Conjunto Espectáculo, comandado por José Ángel Chelala. «Fue otra experiencia bonita. Nos involucrábamos en carnavales, compartíamos escenario con artistas de renombre nacional, íbamos a los municipios… Después pasé a trabajar en El Taíno, formando parte de su elenco artístico; toda una escuela».

Allí, entre vestuarios fastuosos, sombreros y otros accesorios, tras  dinámicas que exigían estrictos y numerosos ensayos, se «fogueó» como artista completa, enfrentando «ese monstruo maravilloso que puede ser, en el buen sentido de la palabra, el público”.

De este establecimiento salió renovada; la escena le pertenecía, pero no por ello han retoñado en ella ínfulas de grandeza. Es precisamente eso, a mi entender, lo que la ha hecho llegar más lejos. «A partir de entonces me entregué como solista pero, a la par, estuve en agrupaciones como Sonoridad Cubana, Expresión Latina y Cuba Caribe. Finalmente, me quedé de solista. Aunque amo la música popular bailable, quería expresarme más a través del bolero, la trova y otros géneros», apunta.

El bolero, especialmente, desnuda su alma. «Te da la posibilidad de desgarrarte, de decir, de contar… Me encantan los temas que cuenten historias; eso lo aprendí de mi padre, del que vivo orgullosa. Creo que heredé la sensibilidad de él, que te atrapaba en el escenario durante una interpretación. También cogí un tin de picardía de mi abuela y otro poco de los demás. Además, tengo como paradigmas a grandes intérpretes de este país como Elena Burke y Omara Portuondo».

Treinta y cinco años carga sobre sus hombros esta artista del mundo de la canción. No pasó una academia de música, pero eso no la ha limitado; aprendió (y aprende cada día) de todo y todos. Y esa superación constante le permite hoy, así, «de oídos», saber si un instrumento no está bien afinado o si el sonido no «encaja» a la perfección.

Entre sus muchas anécdotas, guarda con especial cariño los momentos en que ha compartido escenario con figuras como Osdalgia o Pachito Alonso y sus hijos, así como colectivos al estilo de la Camerata Romeu… «Que esas personas se acerquen y te digan: ‘Me gusta tu voz, me gusta tu trabajo’, es algo maravilloso, emociona», alega.

Otra vivencia valiosa para ella fue el concierto que ofreció por sus tres décadas de vida artística. «Hice un homenaje a las madres, especialmente a la mía; interpreté temas que siempre quise; canté junto a mi padre e hijos… Inolvidable», evoca.

Berlis, además, pertenece a la comisión técnica evaluadora de la empresa comercializadora de la música y los espectáculos Barbarito Diez, donde contribuye a la formación de nuevos talentos. Agradecida de quienes la ayudan a crecer, señala una lección para recordar: “Nunca debemos perder la humanidad, ese deseo de aprender siempre y ayudar a los demás… Ante todo, un artista debe ser una buena persona”.

Así es ella, hermosa en espíritu y figura; indetenible, temperamental, pero también cálida y cercana. Sus hijos y dos nietos, el esposo y toda la prole de artistas la inspiran a seguir. “La música para mí lo es todo. Me ha acompañado hasta en los momentos más difíciles, como cuando despedí a mi madre. No hayo mejor forma de expresarme”, concluye. Y vuelve al sitio aquel donde es feliz, entre micrófonos, ensayos y una nueva aventura, cerquita de la canción y de nosotros.

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