En los llanos, y también en las montañas de Oriente, se escucha el repicar de las campanas del ingenio La Demajagua, un ruido que se hizo eterno con el paso del tiempo y que nos recuerda que un puñado de hombres quiso ver a Cuba libre del colonialismo español.
Han pasado 158 años de ese momento crucial para la historia de la nación y en la memoria colectiva todavía laten los recuerdos de aquel sábado, en el que despertaron los esclavos de Carlos Manuel de Céspedes y las ilusiones de los cubanos dignos de ese entonces.
Las ansias libertarias tenían al 14 de octubre como día para el alzamiento y así lo acordaron los independentistas de Oriente y el Camagüey en San Miguel del Rompe, ese espacio de la actual geografía tunera que es Monumento Nacional desde el 23 de diciembre de 1993.
Los españoles ya estaban tras los pasos de Carlos Manuel de Céspedes, Francisco Vicente Aguilera, Perucho Figueredo y otros rebeldes que veían al levantamiento armado como única salida. Y no habría otra opción que ir a la manigua antes de la fecha prevista.
Por eso fue el 10, y no el 14, cuando Céspedes denunció la opresión política, la exclusión de los cubanos de los cargos públicos, los altos impuestos y la falta de libertades fundamentales. Y fue el inicio de la Guerra de los Diez Años, semilla que condujo a la independencia.
Ese día comenzó la Revolución, la que comenzó Carlos Manuel de Céspedes en La Demajagua y que nuestro pueblo lleva adelante en estos instantes; tal como aseguró el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, justamente cien años después de la epopeya emancipadora.
En la jornada inolvidable para los cubanos no solo se dio una estocada a la esclavitud. Se demostró la posibilidad de enfrentar al poder colonial español y se establecieron los cimientos de la identidad nacional cubana, que continuó con el nacimiento del Himno de Bayamo diez días después y con la Constitución de Guáimaro de 1869.
No hubo un triunfo inmediato y esa y las guerras posteriores dejaron profundas huellas entre los cubanos; marcas que quedaron en la manigua, en los poblados, en las ciudades y en los corazones agradecidos del pueblo que tienen a este día como uno de los más importantes para Cuba.
No se olvida porque la independencia de hoy nació en 1868, entre las cañas, frente a una campana que sonó de manera ininterrumpida y con un grupo de esclavos convertidos en hombres libres para que la República naciera soberana, sin ataduras externas y con la voluntad de no permanecer de rodillas frente a un poder extranjero.
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