Las Tunas. Te has ido a descansar, Comandante Ramiro. Has decidido tomarte el receso que merecen los héroes que dedican su vida a los demás.
Al partir, este 21 de junio de 2026, dejas tras de ti un legado que no se extingue, el de un hombre que vivió con la certeza de que la Revolución es un compromiso eterno.
Artemisa te vio nacer el 28 de abril de 1932, pero toda Cuba sabe de tus hazañas de combatiente firme, esas que sintieron las primeras pólvoras en los sucesos del Moncada, pues, con apenas 21 años, fuiste uno de los ocho seleccionados para tomar la posta principal del cuartel y el primero en penetrar al recinto.
Y cuando la esperanza desembarcó por las costas de Cuba, estabas entre los 82 corajudos que vinieron en el Granma. Subiste a la Sierra Maestra con Fidel y en cada batalla te convertiste en símbolo de coraje, desde la columna invasora Ciro Redondo, hasta la victoria en Santa Clara junto al Che.
Tras el triunfo el Primero de Enero del 59, te convertiste en guardián permanente de la Revolución, así lo demuestran tu desempeño como segundo jefe de La Cabaña, jefe militar en la región central, fundador y máximo responsable de los órganos de la Seguridad del Estado y luego del Ministerio del Interior.
Otras funciones, no menos importantes, conforman tu hoja de cargo: Miembro del Buró Político del Partido Comunista de Cuba, Vicepresidente del Consejo de Estado y de Ministros, y finalmente Vice Primer Ministro; con responsabilidades en energía, telecomunicaciones y construcción, distinguiendo tu desempeño como Ministro de la Informática y las Comunicaciones, en el cual impulsaste el desarrollo tecnológico de la isla.
Y si algo me hace sentir doblemente orgullosa del cubano que eres, fue tu participación en la búsqueda y traslado de los restos del Che Guevara desde Bolivia, devolviendo a Cuba la memoria de su héroe caído.
Múltiples son los reconocimientos y condecoraciones que recibiste, pero la de Héroe del Trabajo de la República de Cuba fue más que merecida, por tu trayectoria excepcional como combatiente revolucionario, dirigente histórico y por más de seis décadas de servicio en cargos claves del Estado, con fidelidad absoluta a la causa revolucionaria.
Siempre seguí tus recorridos por las distintas provincias chequeando las industrias, las inversiones en el sector energético, las inauguraciones de los emplazamientos fotovoltaicos y me preguntaba -¿De dónde saca energías, Ramiro? – pero al reaccionar, me respondía: de la vergüenza y el compromiso.
Y con esa imagen me quedo, con tu sencillez sin buscar protagonismo pero presente en los momentos claves; con tu exigencia y disciplina militar y política; con tu constancia y entrega y sobre todo, me quedo con tu lealtad inquebrantable a Fidel, a Raúl y a tu pueblo.
Te abrazo, Comandante Ramiro, y te regalo dos flores, una blanca y una roja, símbolos de la paz y el amor que mereces.