Por Giosber Pérez Tamayo
Amancio, Las Tunas.- El amor por la tierra llevó a Jorge Luis Barroso Quesada a cambiar la tiza por el surco. Este joven de 38 años, oriundo de Media Luna en la provincia de Granma, decidió dejar la docencia para dedicarse a producir alimentos.
Licenciado en Ciencias Humanísticas, ejerció durante cinco años como profesor en un preuniversitario y luego en una secundaria básica, hasta que en 2018 se trasladó al municipio de Amancio, donde solicitó tierras y recibió dos caballerías.
“Siempre me incliné por la agricultura porque soy de origen campesino. Aquí he tenido buenos resultados, entregando varias toneladas de frijoles, viandas y hortalizas, cumpliendo siempre con los contratos”, asegura.
Sin embargo, los impagos de organismos con los que mantiene relaciones contractuales han golpeado su economía. “Desde octubre no me pagan la leche, aunque sigo entregándola para garantizar la alimentación de los niños. Solo me abonaron el mes de diciembre y los restantes aún faltan. Con la carne cumplo los planes, pero la empresa agroindustrial agropecuaria desde febrero del año pasado no me paga”, lamenta.
A pesar de estas dificultades, Jorge no se detiene. En el 2025 entregó 7 mil 300 litros de leche, cumpliendo el plan previsto, mientras que actualmente distribuye parte en la bodega de su comunidad y el resto a la industria. Su finca, ubicada en Punta Brava y asociada a la Cooperativa de Créditos y Servicios Lino Álvarez, cuenta hoy con 45 cabezas de ganado mayor y 40 de ganado menor.
Ante la carencia de combustible en el país, recurre a la tracción animal para sembrar una hectárea y media de yuca, dos de boniato y maíz. “Continuaré preparando tierras para seguir sembrando alimentos con destino a nuestro pueblo. Todo esto lo he logrado con el apoyo de seis trabajadores”, afirma.
Su mensaje final es un llamado a la perseverancia: “A los jóvenes les recomiendo que, por difíciles que sean las circunstancias, no se rindan, porque siempre se puede salir adelante como lo he logrado”.
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