Hoy, Día Internacional de la Danza, a mi memoria vuelve una mujer que nos hechizó con sus pies y gestos eternos. Esa «luz que se mueve», según palabras de Dulce María Loynaz, nos acompaña más allá de la muerte. Nuestra Giselle no se ha ido; sus ademanes perpetuos e indomables están tatuados en la memoria colectiva.
Alicia Alonso no solo fue una de las más grandes bailarinas de todos los tiempos, ella se preocupó por crear una escuela, una tradición de danza en Cuba. Pero volvamos al tabloncillo, al espacio donde ascendió cual avecilla que vuela hacia la posteridad. Ella, sencillamente, como dijo Isadora Duncan, “supo posarse en la tierra con la naturalidad de un rayo de luz».
Ahora la veo ahí, en el Teatro Auditórium de La Habana, inmortalizada en una foto de Joaquín Blez, con rostro de niña buena y perspicaz, y la mirada apuntando al futuro aquel 29 de diciembre de 1931, cuando apareció en escena por primera vez con el gran vals de La bella durmiente del bosque.
Todavía danza en el recuerdo, traslúcida, hecha canción, verso, pintura… ¿Cuántas musas le deben sus desvelos? Bien lo supieron Lezama, Fina García Marruz, Portocarrero, Fayad Jamís y tantos otros que inspiró con su vuelo, porque sus pies no solo tocaron continentes, sino cielo y alma.
¿Realmente se fue?, me pregunto. ¿Acaso lo trascendente muere? ¿Acaso no traspasó su cuerpo el umbral de la eternidad con lenguaje universal y atípico? En los vitrales del tiempo está grabada la sempiterna estampa de aquella novel alumna de la Escuela de Ballet de la Sociedad Pro-Arte Musical de La Habana, que supo crecerse hasta convertirse en la mujer que culminó su formación escénica en Nueva York, para luego conquistar corazones en todo el mundo.
No solo debe extrañarla la protagonista del famoso ballet romántico Giselle, también deben hacerlo Carmen, Kitri, la Yocasta de Edipo Rey, y otros tantos personajes que interpretó con técnica y virtuosismo inolvidables. ¿Cuánta calidad y emoción estética emanaron de sus movimientos?
El 17 de octubre de 2019 nuestra Prima Ballerina Assoluta Alicia Alonso ascendió al cielo bailando en espíritu, pero se eternizó ondulosa. No me quedan dudas, su silueta seguirá danzando para las presentes y futuras generaciones. El milagro perdura.
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