Las Tunas.- Hace seis años el mundo temblaba. Y moría. Unos meses antes, apareció un virus desconocido que se llevó consigo miles de vidas. Cuba temía, lógicamente. Pero, ayudó. Como testigos, ahí están los pasajeros del crucero inglés que no encontraba puerto seguro y este pequeño país se lo dio.
Y, los italianos de Lombardía, y muchas otras personas que recibieron la atención sanitaria de las 34 brigadas médicas cubanas que llegaron a 27 naciones. Para proteger a su población, el gobierno no escatimó en esfuerzos ni recursos. Y aparecieron Abdala, Soberana y otras vacunas que nos ayudaron a vivir.
Ahora la historia se repite; diferente, pero con la misma esencia y la misma solución. Hay que luchar, hasta con las uñas y los dientes, para salvarnos. La amenaza cambió, de un virus mortal y desconocido, al presidente del país más poderoso del mundo.
Frente a él, defensor de sus millones de dólares y destructor de la paz, tampoco Cuba se rendirá. Por eso es común el criterio de que no podemos quedarnos de brazos cruzados y que hay que buscar soluciones a los problemas, comenzando por el de la producción de alimentos.
Como pueblo, nos corresponde acompañar a las autoridades en el empeño de sacar al país de esta crisis económica y financiera que, lamentablemente, también se ha vuelto social. Así que no hay otra opción que arremangarnos los pantalones, como decían los abuelos, y trabajar para salir adelante.
Las circunstancias son difíciles; pero, no invencibles. Y aquí hay más talento que recursos y más voluntad que miedos. Hacer debe ser más que una palabra en los campos y las ciudades, en escuelas y hospitales, en fábricas y en centros que prestan servicios.
En los deseos y el compromiso de recuperarnos, Cuba no está sola. El gobierno de Washington pretende aislarnos y cada vez son más las voces que nos defienden y las manos que aportan medicinas, alimentos, productos de aseo, insumos de todo tipo, hasta paneles solares para que la vida no se detenga por la falta de combustible.
El bloqueo pretende asfixiarnos y duelen las necesidades insatisfechas del pueblo. El tiempo dirá la última palabra; pero, la razón está de nuestro lado. El honor y la gloria, también. Y eso dará la victoria, tal como David venció a Goliat o más reciente, como el país ganó a la Covid 19.
/mga/




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