Cuba

Adiós, Comandante Ramiro

Adiós, Comandante Ramiro
El pueblo cubano rinde sentido homenaje al Comandante de la Revolución Ramiro Valdés Menéndez. Foto: Enrique González (Enro)/ Cubadebate.

El Granma ha perdido a otro de los suyos. Ramiro Valdés, comandante, vigía de la retaguardia, atracó en la orilla definitiva. Con él se desprende una de las losas originales sobre las que se alzó la épica; la utopía pierde a su escribano de hierro, aquel que supo de la clandestinidad, de la Sierra y de Revolución.

¿Cómo se dice adiós a quien es parte de la médula de Cuba? La respuesta es desgarradoramente sencilla: el Comandante Ramiro Valdés se marcha hoy, pero deja una huella tan honda y tan vasta como el propio archipiélago que juró defender. Su legado no es trascendental: es definitivo.

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No podía ser otro sitio. La Habana eligió el Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias para dar su último adiós al Comandante. La fila avanza, pausada y silenciosa, como si el tiempo mismo se tomara un respiro. Hasta las cuatro de la tarde, este será el escenario del duelo y el reconocimiento.

Luego, el viaje definitivo. Cumpliendo su última voluntad —descansar junto a sus compañeros de lucha y cerca del Guerrillero Heroico—, los restos de Ramiro Valdés Menéndez serán inhumados el jueves 25 de junio, en la mañana, con honores militares. El Mausoleo del Frente de Las Villas, en el Complejo Escultórico Ernesto Che Guevara de Santa Clara, lo recibirá para siempre.

Una foto de Ramiro, de aquellos años en que la barba era más oscura y la mirada aún no conocía el peso del tiempo, recibe a la fila que se acerca a despedirlo. Hay en esa imagen una especie de vigilia: el comandante de entonces observa al comandante que ya no está.

A sus pies, junto a los ramos de flores, reposan sus condecoraciones. No son simples objetos: cada medalla contiene una historia de entrega, cada placa de metal pesa lo que pesa una vida puesta al servicio de los demás. Lo que parece un inventario militar es, en realidad, el mapa de un hombre que no supo vivir sino para Cuba.

Luisa Ramírez, llegada desde el municipio Plaza de la Revolución, resume en pocas palabras el sentimiento de la fila. “Vengo porque tengo un compromiso primeramente con la Revolución”, afirma, “y en segundo lugar con el comandante Ramiro Valdés”.

Para ella, como para muchos, no se trata de un acto protocolario, sino de un deber personal. Recuerda que Ramiro fue uno de los primeros combatientes, que acompañó a Fidel y a Raúl desde el inicio, y que su respeto no nace de los cargos, sino de una vida entera de entrega.

“Siempre estuvo al lado de su pueblo”, subraya, “defendiendo a su pueblo, incentivando a su pueblo para salir adelante”. Sus palabras, sin aspavientos, resuenan con la misma modestia que ella atribuye al comandante.

Yanet Ayala, directora general de Infotur, también se acerca a la fila. Para ella, Ramiro Valdés es mucho más que un comandante: “Es un hombre íntegro de nuestra revolución”, afirma, y subraya que es “ejemplo, urgencia, compromiso, de los grandes de este país”.

Asegura que hay que estar hoy acompañando su recuerdo y su legado, asumiendo el compromiso de continuar la obra del pueblo.

La directiva insiste en que momentos como este “tienen mucho apoyo en Cuba” y que el pueblo cubano es “digno continuador de sus grandes héroes”.

En un tono que entronca con el momento actual, reflexiona sobre la importancia de la unidad: Estos momentos nos unen, nos comprometen y nos dicen de cuán importante es estar hoy unidos y construyendo el país que los cubanos queremos construir, no el que nos quieren imponer”.

Antes de retirarse, sentencia: Es compromiso con la Patria, y la Patria se defiende”.

Luis Martínez Franco, del Ministerio de las Comunicaciones, explica su presencia con la misma claridad que define al comandante: “Ramiro, un ejemplo fiel a Fidel, fiel a su pueblo, fiel a su Revolución”.

Asegura que el comandante dejó “enseñanza patriota, intachable” y que por eso está allí, junto a sus compañeros, para rendirle “un tributo bien merecido”.

Para Martínez Franco, este acto no es un simple homenaje, sino una respuesta al patriotismo que Ramiro enseñó. “Por eso aquí estamos”, concluye.

Luis Zaldívar llega desde la Habana del Este con la misma determinación con la que, dice, Ramiro Valdés siempre estuvo junto al pueblo. “Es un héroe del pueblo”, afirma sin titubeos. «No hay otra palabra».

Explica que ha recorrido larga distancia para estar aquí porque entiende que estos momentos no se negocian: “Cuando alguien da toda su vida por los demás, el mínimo que uno puede hacer es venir a decirle adiós”. No necesita más palabras. Su presencia, su viaje, su mirada fija en la foto del comandante joven, lo dicen todo.

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Ramiro Valdés fue fiel. Fiel a Fidel, fiel a Raúl, fiel a la Revolución y, sobre todo, fiel a su pueblo. Esa fidelidad no fue un discurso ni una consigna, sino una práctica cotidiana, una manera de estar en el mundo, de entregarse sin reservas. Y hoy, en esa misma moneda, el pueblo le devuelve el gesto.

Desde los despachos y desde los barrios, cubanos anónimos y funcionarios, jóvenes y ancianos, han hecho la fila. Han recorrido distancias, han madrugado, han esperado. No lo hacen por obligación, sino porque entienden que la fidelidad, como la de Ramiro, se demuestra en los momentos decisivos.

Él fue fiel hasta el final, hasta el último de sus días. Y ahora, el pueblo cubano lo es también, acompañándolo en su último viaje, devolviéndole al comandante la misma lealtad que él les dio durante toda una vida.

Allí, en Santa Clara, junto al Che y junto a sus compañeros de lucha, Ramiro Valdés descansará. Pero su fidelidad, y la que él supo sembrar, seguirá viva en cada paso de esta fila que no se rompe.

(Tomado de Cubadebate)

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