Por Giosber Pérez Tamayo
Amancio, Las Tunas.- En el corazón de la finca El Valle del Seis, en el municipio de Amancio, cada amanecer se convierte en un desafío y una oportunidad para Maribel Moncada Socarrás. Su figura, firme y trabajadora, se mueve entre surcos de maíz, calabaza y ajíes, mientras la vida le exige ser más que agricultora: le exige ser sostén, madre y compañera.
La enfermedad de su esposo, que antes compartía con ella las faenas del campo, la obligó a multiplicar fuerzas. “Trabajo aquí con el compañero Rosbelis, siembro maíz, calabaza, ajíes, tomates… hago todo lo que haya que hacer porque debo mantener a mi familia: mi niño y mi esposo que está enfermo de cáncer”, confiesa con la serenidad de quien ha aprendido a resistir.
Su jornada comienza a las seis y media de la mañana y se extiende hasta casi el mediodía. En ese tiempo, alguien en casa cuida de su esposo, mientras ella asegura el sustento familiar. No se detiene, además de la finca, cultiva en su propio patio yuca, maíz y calabaza, demostrando que la tierra puede ser aliada, incluso en los momentos más duros.
Maribel encarna la resiliencia femenina en el campo cubano. Su historia no es solo la de una mujer que trabaja para sobrevivir, sino la de alguien que transforma la adversidad en fuerza. Cada semilla que siembra es también un acto de esperanza, un recordatorio de que las mujeres pueden sostener familias y comunidades, incluso cuando las circunstancias parecen imposibles.

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