Sin evidencia alguna, el Secretario de Estado de EEUU acusa al gobierno cubano de despilfarrar recursos y no atender las necesidades que él considera prioritarias. Pretende justificar así el castigo colectivo vigente contra todo el pueblo cubano y la posibilidad de agresión militar.
Con independencia de la prerrogativa de cada Estado para decidir soberanamente cómo asignar sus recursos, veamos los hechos.
Aun bajo la intensa guerra económica impuesta por EEUU y reforzada en los últimos 10 años, Cuba ha puesto su énfasis inversionista en sostener el sistema eléctrico nacional, incluyendo un gran impulso a las fuentes renovables; robustecer las telecomunicaciones y expandir internet; atender las comunidades y personas de mayor vulnerabilidad; incrementar la siembra y producción de alimentos; fortalecer la infraestructura hidráulica y llevar el agua sitios y comunidades de difícil acceso o abasto; evadir las grandes limitaciones tecnológicas que impone el bloqueo, lo que reclama un gran esfuerzo creativo e inversionista; desarrollar medicamentos, entre ellos vacunas contra la COVID en tiempo récord; mantener el esfuerzo inversionista en el turismo por su importante papel para el desarrollo, aunque con menos énfasis que en el pasado; desarrollar la industria nacional en áreas novedosas como el ensamblaje de vehículos diversos de energía eléctrica, piezas y partes para sostener la infraestructura, incrementar los materiales de construcción de producción nacional y responder a otras necesidades apremiantes..
Son solo pocos ejemplos de un país en desarrollo, de escasos recursos naturales, bajo guerra económica y comprometido con un pueblo justamente acostumbrado a mantener, para toda la población y gratuitamente, servicios de salud y educación a todos los niveles de enseñanza. Es un país en paz, en el que se disfruta el orden y la tranquilidad ciudadana, algo que se ha convertido en lujo para varias naciones.
Entretanto, el país que representa el Secretario de Estado, el más rico y poderoso del mundo, dedica sus recursos nacionales a incrementar la riqueza de la élite plutocrática que lo gobierna, y desatar guerras y conflictos en todos los continentes. Mientras, 40 millones de sus ciudadanos no tienen acceso a servicios de salud y la educación es incosteable o resulta reconocidamente insuficiente para la mayoría. Crece la drogadicción, que está devastando a la población. Se incrementan las desigualdades, la polarización y la exclusión, con sus manifestaciones crecientes de violencia. Se estanca o retrocede el ingreso real para la mayoría de la clase trabajadora. La infraestructura se desploma por décadas de desatención, habiendo contado con los recursos para protegerla. Se normalizan los tiroteos en escuelas y sitios públicos con víctimas mortales. Vuelven a crecer con fuerza el racismo y la xenofobia. Miles y miles de jóvenes permanecen encarcelados indefinidamente, sin acudir nunca a juicio.
Todo eso sucede en un país al que nadie agrede, bloquea o acosa, por suerte para ellos. Pero la corrupción de la élite gobernante no la pueden esconder, ni siquiera con el monopolio oligárquico de los medios de comunicación. Es verdad que sigue siendo un imán para inmigrantes, debido a la ilusión de muchos de poder disfrutar la descomunal riqueza que allí se concentra con tanta desigualdad.
(Tomado de Cubadebate)