Las Tunas.- Han pasado sesenta y cinco años desde aquel 10 de abril de 1961, cuando Vilma Espín y un grupo de mujeres visionarias, apoyadas por Fidel Castro, materializaron un sueño que trascendía la pedagogía para convertirse en un acto de justicia social.
La creación de los primeros Círculos Infantiles en Cuba significó más que la apertura de centros educativos, pues era la respuesta a una necesidad urgente de las madres trabajadoras y, sobre todo, una obra construida con la certeza de que la primera infancia es el momento más crucial de cualquier ser humano.
A lo largo de seis décadas y media, estos centros se han erigido como espacios donde se entrelazan el cuidado afectuoso, la educación temprana y la formación de la personalidad. Más allá de enseñar colores y modales, han sido el primer eslabón del sistema educativo cubano, el lugar donde se forja el sentido de socialización y se estimula la curiosidad.
La huella de la «seño» que recibe al infante, esa figura entrañable que combina el rol de maestra, segunda madre y artífice de juegos perdura en la memoria emocional de generaciones.
El aniversario 65 llega en un contexto complejo, donde la institución enfrenta desafíos monumentales que reflejan la situación económica del país. Sin embargo, estos obstáculos han chocado con la resiliencia y el ingenio propio de sus trabajadores, de los cubanos, aquellos que con una dedicación que raya el heroísmo, sostienen el milagro diario de recibir, proteger y educar a los más pequeños de casa.
El arribo a este cumpleaños debe ser una brújula. Mirar hacia atrás para honrar la obra ya realizada, pero con la mirada puesta en el camino que continúa. El legado de esta conquista es la prueba tangible de un proyecto social, el mismo que entendió que el futuro no se improvisa, pues se cultiva con esmero desde los primeros años de vida. Esa convicción es, quizás, su contribución más perdurable.
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