Las Tunas

Héroe eterno en el corazón del pueblo

Cuba evoca a comandante guerrillero Camilo Cienfuegos

Las Tunas.- Tras el sombrero alón, un tabaco prendido y su perenne sonrisa, el Comandante Camilo Cienfuegos Gorriarán hizo historia y se quedó en ella para siempre, aunque su cuerpo fí­sico desapareció aquel triste 28 de octubre de 1959, en un sitio aún desconocido.

Desde entonces, su rostro se hizo imagen de los jóvenes revolucionarios, de los cubanos dispuestos a todo para tener soberaní­a e independencia y de una generación convencida de que el éxito y la victoria llegan cuando se caminan rutas difí­ciles.

Apenas tení­a 27 años y acumulaba tamaña experiencia en el Movimiento 26 de julio, con detenciones y un exilio que lo llevó a Estados Unidos y luego a México, donde se sumó a los entrenamientos de los futuros expedicionarios del Yate Granma.

Con ellos vino a Cuba, desde Tuxpan, y el 2 de diciembre, en la playa Las Coloradas, juró defender estas tierras hasta el último minuto de su vida, a sabiendas de que podí­a ayudar a decidir el destino de la nación y a devolverle la libertad robada durante años.

En Alegrí­as de Pí­o se estrenó como combatiente del Ejército Rebelde y entre las montañas de la Sierra Maestra libró muchas otras batallas que le hicieron merecer el grado de Comandante en abril de 1958, de manos de su amigo y lí­der Fidel Castro Ruz.

Fue parte activa en el enfrentamiento a la ofensiva de la tiraní­a batistiana y luego, junto al Che, protagonizó una gran contraofensiva para llevar la lucha revolucionaria a todo el territorio nacional por lo que partió el 21 de agosto, como jefe de la columna 2, Antonio Maceo.

La batalla de Yaguajay, de la que salió convertido en héroe, fue el punto clí­max tras agotadoras marchas, hambre, sed y numerosos encuentros con los soldados de la dictadura. Después llegó el Triunfo de la Revolución y Camilo se ganó a los cubanos, por su verbo fácil, su lealtad y su ejemplo.

El 26 de octubre de 1959 fue su último discurso y recitó los versos de Bonifacio Byrne que todaví­a hacen temblar a quien escucha esa grabación. Dos dí­as después, de regreso a La Habana desde Camagüey, su avión desapareció y el Héroe entró eternamente en el corazón del pueblo.

/mga/

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