Ernesto, el vigía de los trenes
Ernesto González es de esas personas que vive con la satisfacción de trabajar en aquello que verdaderamente aman. (FOTO/De la autora)
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Ernesto, el vigía de los trenes

Las Tunas.- De pequeño a Ernesto González Figueras, le apasionaban los trenes, su ir y venir, on la curiosidad propia de la niñez. Por eso cuando la vida le dio la oportunidad hizo sus sueños realidad y hasta la vecina provincia de Camagüey- donde realizaban las pruebas de rigor-  literalmente, no paró.

“Desde niños esa era mi pasión: el Ferrocarril.  Solo que a veces no sabemos cómo llegar hacia donde queremos y cuando tuve conocimiento de que se ofertaban cursos fui hasta la estación de Santa Lucía, en Colombia, mi municipio natal; me informé y en Camagüey hice la matrícula en el curso de operador de movimiento de trenes “.

Luego vendrían los meses de estudio y las pruebas de rigor para comprobar el conocimiento del Reglamento de Operaciones y  la buena salud de quien vela por la vida de muchos.

“Para desempeñar esta labor hay que estar apto física y sicológicamente, debemos pasar varios chequeos médicos y test sicométricos. Además, Seguridad Ferroviaria e Inspección Estatal nos hacen exámenes teóricos y prácticos, pasados éstos nos entregan la licencia  y es que podemos trabajar en una cabina”.

Desde entonces, los días de Ernesto trascurren en su mayor medida como Vigía del ferrocarril. Sabe de la responsabilidad a su cargo, de la sencillez y complejidad de su labor, de cuán valioso es  su desempeño y de cuánto salva, cuida, protege…  con su bien actuar.

” Un operador de movimiento de trenes es el responsable de organizar el transporte ferroviario. Soy quien organiza todo el movimiento que se realiza en el nudo ferroviario de Las Tunas, quien autoriza la circulación de los  medios en movimiento.  Trabajo en coordinación con las estaciones colaterales, en este caso Omaja, en sentido ascendente y en el descendente Bartle. Todo lo que se mueve entre esas estaciones y Las Tunas es establecido por mí y los otros operadores.

“El trabajo es un poco estresante: son 12 horas diarias y en permanente intercambio con los trenes, las diferentes estaciones y el despachador en Camagüey. A veces salgo de acá y siento el ruido del intercomunicador en mis oídos porque es un diálogo  constante. Es estresante pero a la vez hermoso, es una gran responsabilidad y hay que estar ‟puesto para el trabajo, cola′o en el trabajo”, los problemas hay que dejarlos fuera porque se trata de preservar la vida de cientos de personas y de las cargas que se mueven por el ferrocarril”.

Escuche las declaraciones de Ernesto

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Desde cierta  altura, Ernesto divisa la línea del ferrocarril y también a los trenes que por él  circulan, interrogado por lo más apasionante de su oficio  responde:

“Lo más lindo es ver los trenes circular. Eso para mí es lo más bello. Salgo de mi oficina a ver los trenes cuando pasan y eso me apasiona…que los trenes saluden, que se den situaciones complicadas en las que haya que poner la mente y el Reglamento de Operaciones en práctica…todo eso me encanta”.

Aunque se formó  como trabajador social y por su edad y conocimientos pudiera aspirar a  un empleo mejor remunerado, menos anónimo y hasta con más reconocimiento social; Ernesto ama lo  que hace; es una verdad que se nota desde los primeros momentos del diálogo. Tal vez  por  esa dedicación y entrega cuando llegué a la estación ferroviaria de Las Tunas en busca de un joven para entrevistar  todos coincidieron en los méritos de Ernesto, el vigía de los trenes quien con absoluta  convicción sentencia:

“A mí me gusta lo mío, mi trabajo, y ojalá toda la vida este aquí”.

/nre/

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