Las Tunas.- Hay oficios cuya desaparición ha sido decretada en múltiples ocasiones por el avance del siglo XXI.
La mensajería instantánea y los entornos virtuales parecieron, en algún momento, sentenciar al cartero a la categoría de pieza de museo.
Sin embargo, cada 9 de octubre, al celebrarse el Día Mundial del Correo en conmemoración a la fundación de la Unión Postal Universal en 1874, la realidad demuestra algo diferente: el servicio postal no solo se resiste a extinguirse, sino que se reinventa para convertirse en la arteria logística más extendida del país.
En Las Tunas, la red postal encarna una dicotomía fascinante: es la memoria histórica que aún resguarda la correspondencia en papel y al mismo tiempo, la plataforma sobre la cual descansa gran parte de la bancarización y la logística del comercio electrónico local.
El correo cubano ya no es únicamente la carta que viaja en tren o la postal que llega en fin de año.
En los últimos años, la Empresa de Correos en Las Tunas se ha transformado. La disminución progresiva del tráfico epistolar tradicional dio paso a un incremento sin precedentes en la recepción y procesamiento de bultos postales internacionales y envíos nacionales.
En la oficina central del municipio capital y en las unidades distribuidas por los ocho municipios tuneros, desde Manatí hasta Amancio, la escena cotidiana revela ese giro estratégico.
Hoy, las colas frente a las ventanillas combinan a quienes acuden a retirar giros electrónicos con aquellos que buscan concretar trámites como el cobro de la jubilación.
La integración de Correos de Cuba con pasarelas de pago electrónico como Transfermóvil y Enzona permite que el código QR coexista con el sello físico.
Las Tunas no es la excepción: la entidad local avanza en la informatización de sus unidades de servicio y apuesta por convertirse en un centro multiservicios indispensable para la comunidad.
En las calles tuneras, la figura del cartero es parte del paisaje urbano y rural. Estos trabajadores asumen un rol que rebasa lo meramente administrativo.
Para un anciano en un barrio periférico o en un asentamiento rural, el cartero no es solo quien entrega la jubilación es, muchas veces, la cara visible del Estado y un interlocutor afectivo en la rutina del hogar.
Mientras exista la necesidad de conectar a dos personas a través de un paquete, una firma o un abrazo diferido en la distancia, la marcha del cartero por las calles de Las Tunas seguirá siendo la prueba de que hay conexiones que la tecnología virtual no puede reemplazar.
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