Historia

Vilma Espín, entre la ternura y la resistencia

Vilma Espín, entre la ternura y la resistencia
Foto tomada de internet.

Por: Aliuska Barrios Leyva.

Su nombre lleva la impronta del ser humano que vive en cada mujer que encontró voz y espacio en la sociedad. Y es que Vilma Espín Guillois, aquella joven revolucionaria del pelo suelto y la mirada tierna, le dio sentido a la vida de muchas mujeres y se convirtió en símbolo de la dignidad, la resistencia y la emancipación femenina en la historia de Cuba.

Cada 7 de abril, fecha de su natalicio, se recuerda no solo como la eterna presidenta de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC), sino porque supo unir ciencia, política y sensibilidad en un mismo camino.

La “Débora” de la lucha clandestina y de la guerrilla fue una joven inquieta que soñaba con bailar ballet clásico, amante de la música y de las actividades culturales.

Ingresó en la Federación Estudiantil Universitaria Oriental en la que destacó por su papel de líder. La formación académica la llevó a graduarse como Ingeniera Química y a cursar estudios en el Instituto Tecnológico de Massachusetts, donde se acercó a las ideas feministas y sociales que más tarde marcarían su obra.

Bajo las órdenes directas de Frank País participó en el alzamiento armado de Santiago de Cuba el 30 de noviembre de 1956 y a partir del mes de junio de 1958 inició su obra como guerrillera.

Después del Triunfo de la Revolución Cubana, su mayor legado fue crear y liderar la FMC en 1960, desde la cual impulsó programas de educación, salud y participación comunitaria.

Al constituirse los primeros círculos infantiles, el 10 de abril de 1961, surgió otro momento de regocijo, ya que por iniciativa de Vilma y del Líder de la Revolución Fidel Castro Ruz, se abrían las puertas para un gran número de familias que no contaban con una persona encargada de la atención de los menores, y por consiguiente, la tarea era relegada a la madre quien dejaba de insertarse al trabajo remunerado para quedarse en la casa al cuidado de los hijos.

Vilma integró el Comité Central del Partido Comunista de Cuba desde su fundación en 1965. Fue diputada a la Asamblea Nacional del Poder Popular (ANPP) a partir de su primera legislatura y miembro del Consejo de Estado desde su constitución. Siempre presidió la Comisión Nacional de Prevención y Atención Social, y la Comisión de la Niñez, la Juventud y la Igualdad de Derechos de la Mujer, de la ANPP.

Aunque la vida revolucionaria exigía entrega total, supo equilibrar su papel de madre y esposa con su compromiso político. Sus gustos sencillos, su cercanía con las mujeres, y su sensibilidad humana la hicieron una figura querida y respetada.

Mucho le debemos a la muchacha esbelta e incansable combatiente que nació en Santiago de Cuba, el 7 de abril de 1930.

Vilma Espín Gullois no solo fue “Déborah” en la clandestinidad, sino también la arquitecta de un movimiento femenino que transformó la sociedad cubana. Su papel trascendió la guerra y se convirtió en un símbolo de la participación activa de las mujeres en la Revolución.

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