Las Tunas.- Si alguien dirige alguna institución durante más de dos décadas, algo suyo se queda en el lugar, y viceversa. Si esa persona, además, le entrega tiempo y corazón, aún a expensas de su salud, la huella suele ser trascendente.
Así sucedió con Aliuska Barrios Leyva, quien hasta hace poco fue la directora del Sistema de la Radio en Las Tunas, labor que ejerce ahora Ania Caballero Leyva.
El pueblito de campo de Tasajera, Manatí, creó los cimientos de la mujer que es hoy, alentados por fuertes valores familiares, especialmente de su madre. Las Tunas le abrió las puertas desde los ocho años de edad y, a partir de entonces, aquí encontraría su casa, su razón de ser.
Con los mejores recuerdos de esa etapa y el cariño de una prole amplia, pero siempre cercana, Aliuska se encaminó en la vida consciente de que nunca estaría sola.
“Todos han permanecido en función mía; me dediqué a estudiar. Llegué al Ipvce y luego, a la Universidad de Oriente a estudiar Periodismo, aunque mi título dice Licenciada en Comunicación Social, pues fue una etapa del Plan C”, comenta.
Por los senderos del virtuosismo y la superación, caminó esta mujer, dejando a su paso una aureola de luz. Poco a poco, la niña hiperquinética –que declamaba, escribía poemas (aún lo hace) y estaba dispuesta a asumir cualquier tarea- fue creciendo, siempre con la voluntad de ser útil a los demás, a su país. Sin embargo, confiesa: “Yo nunca he cambiado, solo he adquirido madurez”.
No extraña entonces que en su hoja de vida estén escritos con letras doradas momentos como los que ejerció como jefa de colectivo en las enseñanzas Primaria y Secundaria, vicepresidenta de la FEEM en el preuniversitario, secretaria del comité de base de la UJC y jefa de brigada en la universidad.
¡Tantos recuerdos! “Soy una persona que se adapta a cualquier ambiente; eso me ha ayudado a desandar el camino. La gente me pregunta de dónde saco la energía, quizás venga en la sangre”, añade.
Curiosamente, aunque en su familia hay muchos profesionales, no existe ningún otro comunicador. Sin embargo, “tuve mucha influencia de mis tíos maternos, especialmente de Roger (fallecido), quien –junto a su esposa Margarita- me regalaba libros”, cuenta.
Aliuska llegó a la casa de altos estudios de Santiago de Cuba en 1991, “una etapa durísima, pleno Período Especial. La alimentación era compleja, no había electricidad, no había agua y, cuando había, tenía mala calidad, pero improvisamos una cocina y nos gestionamos la vida en la universidad. Nunca renuncié a estudiar mi carrera”, alega.
Así, entre concursos, locución en galas y festivales, juegos de voleibol en que ejercía de “pasadora”, eventos como las copas Trece de Marzo, ExpoCaribe y otros, la muchacha delgadita “siempre estaba metida en todo”, según refiere.
“Fui una de las guionistas y locutoras de la Radio Base de la universidad; también la conductora del Canal Universitario. Me ponía algo nerviosa, pero era maravilloso. Esa fue mi incursión en el periodismo radial y televisivo”, apunta.
Asimismo, recuerda con agrado las primeras prácticas preprofesionales en Holguín y su primer trabajo periodístico, publicado en el periódico ¡ahora! “Fue una crónica en que la libertad le está hablando al Che; aún lo tengo guardado”, cuenta.
Graduada en 1996, Aliuska inicia por voluntad propia su universo laboral en el periódico 26, del cual tiene muy gratos recuerdos. “Me mimaban, me querían, me enseñaron”, resume. En ese sentido, no deja de mencionar a colegas que marcaron su superación como Oscar Góngora, Jorge Pérez, Ramiro Segura y, especialmente, Leonardo Mastrapa, Graciela Guerrero Garay y Alexis Pérez Sánchez, este último sobre todo en materia de comentario, género del cual era todo un maestro.
Bajo la cobija de la prensa escrita, pasó ella sus primeros nueve años de ejercicio periodístico y allí se mantuvo fiel, ni siquiera flaqueó cuando Rafaela Balanza quiso llevársela para el canal TunasVisión como Jefa de Información.
“De 26 nunca me voy a ir”, fue su respuesta entonces, pero la vida le tendría una gran sorpresa. El Partido le pidió asumir la dirección del Sistema de la Radio en Las Tunas. “Yo de radio no sé nada, pero soy un soldado; tendré que aprender”, dijo.
Quien pensó que solo pasaría tres o cuatro calendarios entre micrófonos y consolas, no podía imaginar en esa etapa la contundencia de este paso en su carrera. Baste decir que pasaron 20 años y tres meses, con ella al frente.
“Aquí me han marcado muchos momentos. Están los ciclones, muchísimos de ‘ellos’; pues organizar programaciones ante eventos meteorológicos no es tarea fácil, pero mi gente siempre ha estado ahí, dispuesta a todo. Eso me hace muy feliz”.
Otros de sus orgullos es el quehacer de las emisoras municipales, dos de las cuales nacieron en el tiempo de su liderazgo: Radio Chaparra y “Cabaniguán”.
De su historia emerge igualmente la satisfacción producto de los premios alcanzados por varios radialistas, esos “profesionales de altos quilates que te motivan e impulsan…”. Sin embargo, también ha vivido páginas tristes como la muerte de varios compañeros de trabajo, “lo más difícil que a uno le puede pasar”, como confiesa. En todos los casos, ella menciona múltiples nombres y en los ojos, esos que reflejan el alma, se le nota el impacto abrasador.
“Las personas honestas y comprometidas tienen un significado especial para mí. El que es buen ser humano, puede llegar a ser buen jefe en cualquier lugar, porque –si no lo es- nunca va a ser querido por su gente de corazón. Eso es lo que realmente debe quedar. El cuadro ha de conocer un poquito de todo y, por supuesto, debe tener valores humanos. Lo que me hizo permanecer tantos años al frente de la radio es que me sentí acompañada y querida, a la vez”, destaca.
Consciente del hogar que creó no solo en su institución mediática, sino en todas las emisoras municipales, en general, mira al futuro satisfecha. Hoy su familia no la componen únicamente sus padres, hija, tíos, hermanos, esposo y demás, también esos colegas a los que lideró hasta hace poco y sigue acompañando, actualmente como reportera, pero con igual exigencia y compromiso.
“Ahora voy a realizarme como periodista, trabajaré para la página web Tiempo 21, de Radio Victoria, iré a coberturas si hace falta y siempre estaré donde me necesiten. Me quedo aquí, con mi gente. La radio es mi familia extendida, un lugar de personas apasionadas que saben lo que quieren y para quienes trabajan. Es servicio público y, sobre todo, profesionalidad”, concluye.
Y vuelve así, con la mirada envuelta en bienestar y empeño, al trabajo que la vio crecer, para suerte nuestra.
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