Porque papá no es cualquiera
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Porque papá no es cualquiera

Hace varios días polemizaba con alguien muy querido sobre la creencia de que las mujeres, por genética o instinto, estaban «mejor preparadas» que los hombres para ejercer el rol de progenitor en la crianza de los hijos.

Una postura errada desde mi criterio, pero muy popular, por aquello que reza el dicho de que padre cualquiera, y madre una sola.

En pleno siglo XXI aún persisten conceptos estereotipados que hacen recaer en los hombros de las madres el mayor peso, soslayando a un segundo plano el papel de los padres, que pasan a ayudar, contribuir, y pocas veces quedan en igualdad de condiciones cuando de criar y educar se trata.

Por suerte cada día aumentan más los ejemplos que pueden citarse de paternidad responsable, que van más allá del sustento económico del hogar, y se visualiza en hombres que también cambian pañales, juegan a la casita y al béisbol, preparan la cena, hacen los deberes escolares con sus hijos y dan consejos acertados de sexualidad.

Una muestra mínima de lo que significa ser papá.

Cada tercer domingo de junio celebramos su Día, y en Cuba se festeja, se les agradece por su amor y por las horas de desvelo y sacrificio para que creciéramos felices y con las mayores posibilidades de convertirnos en seres humanos íntegros y realizados.

Esta es una jornada que no puede pasar inadvertida sin expresar cuánto lo queremos, cuánta falta nos hacen sus palabras, sus consejos, su risa, y hasta los regaños que siempre vienen acompañados de la dosis justa de severidad y ternura, amoldada a través de los años y bajo la mirada paterna.

Porque padre no es cualquiera, al contrario, es un cargo vitalicio, las 24 horas del día y ejercido sin fines de lucro, solo remunerado por esos momentos especiales de complicidad afectiva entre padre e hijo, por los abrazos, el cariño y la satisfacción personal de haber contribuido a forjar un buen ser humano.

Como para la gratitud no hace falta programar calendarios, celebremos hoy, al igual que todos los días el amor incondicional de Papá, ese afecto que siempre será devuelto en las formas más insospechadas, y que constituye parte esencial de nuestra existencia.

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