Las luces del Palacio de las Naciones en Ginebra se han apagado, y con ellas, gran parte de la esperanza de un avance decisivo en la lucha contra la contaminación por plásticos
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Las luces del Palacio de las Naciones en Ginebra se han apagado, y con ellas, gran parte de la esperanza de un avance decisivo en la lucha contra la contaminación por plásticos
Lo que iniciamos desentrañando como la "pandemia silenciosa" el plástico y su impacto tóxico en nuestra salud, evoluciona ahora hacia una verdad ambiental.
El plástico, ese material omnipresente que hoy invade cada rincón de nuestras vidas, tiene un origen casi de leyenda. A finales del siglo XIX, la industria del billar enfrentaba una crisis: las bolas se fabricaban con marfil, un material costoso y cada vez más escaso. En 1863, una empresa estadounidense lanzó un concurso ofreciendo 10,000 dólares a quien encontrara una alternativa viable. Fue entonces cuando John Wesley Hyatt, un inventor audaz, desarrolló el celuloide, el primer plástico sintético. Aunque no ganó el premio completo, su invento marcó el inicio de una revolución que cambiaría el mundo para siempre.