Las Tunas.- En un tramo de la carretera que une a los municipios de Jobabo y Las Tunas, la naturaleza y la mano de alguien muchos años atrás, regala oportunidades a los transeúntes. A orillas de la vía crecen varios ciruelos, que no son de nadie y son de todos.
A veces, en algún que otro camino hay un árbol de tamarindo, o algunos mangos. Pero, esa no es una generalidad en el territorio tunero, donde se pudiera multiplicar la posibilidad de producir frutas. Y; por supuesto, los beneficios serían mayúsculos.
En este contexto viene a la memoria el inovidable Róger Enrique Mastrapa Pérez, líder de los Comités de Defensa de la Revolución, durante muchos años, y al frente de la División Mambisa, aquel contingente productivo que rescató la tracción animal y la certeza de que la tierra sí da frutos cuando hay voluntad.
Mastrapa, como le decíamos los tuneros, guardaba cuánta semilla caía en sus manos para sembrarla después y hacía realidad la frase legendaria del activista estadounidense Martín Luther King, quien dijo: «Si supiera que el mundo se acaba mañana, yo, hoy todavía, plantaría un árbol».
La siembra de árboles frutales va más allá de las temporadas de reforestación que se desarrollan cada año en la provincia o de los planes de las campañas de primavera y frío, en las que más bien se contabilizan las plantaciones de guayaba y fruta bomba, fundamentalmente.
Multiplicar árboles permanentes, sobre todo en lugares públicos, da muchas garantías. En primer lugar porque con el paso del tiempo dejan de requerir atenciones culturales. Además, reportan los beneficios de cualquier otra especie- dígase la generación de oxígeno y la sombra- a lo que se añade la alimentación humana y animal.
En años pasados hubo algunas iniciativas de sembrar frutales a orillas de las carreteras y poco a poco quedaron en el olvido. Ahora pudiera encargársele a las formas productivas que tienen tierras en su patronato, con posturas que produzca la Empresa Agroforestal o campesinos del territorio que ya tienen marcada experiencia en tal quehacer.
Ese sería otro aporte a la soberanía alimentaria, desde la comunidad, sin tener que invertir en traslados o procesos industriales. ¿Se imagina usted que a su paso por cualquier camino, incluso, a orillas de calles y avenidas encuentre nísperos, mameyes, guanábanas, naranjas o aguacates? Ese es otro asunto pendiente en Las Tunas.
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