Deporte

Pasión y sacrificio: la gimnasia rítmica en Las Tunas

Pasión y sacrificio: la gimnasia rítmica en Las Tunas

Las Tunas.- En la provincia de Las Tunas, el silencio de la tarde se rompe con la música y el ritmo constante. En el área de la gimnasia de la sala polivalente “Leonardo Mackenzie”, un grupo de niñas se entrega por completo a la disciplina más exigente y, a la vez, más hermosa.

Aquí, la comunidad deportiva se convierte en un segundo hogar donde el sacrificio y la pasión se entrelazan para mantener viva una tradición medallista.

En este espacio, las entrenadoras Dacha Rojas y Daniela Reina se encargan de forjar el futuro de estas pequeñas-grandes atletas.

Actualmente, el grupo cuenta con 14 niñas en la categoría escolar. A pesar de las complejas condiciones que atraviesa el país, las cuales repercuten en el ámbito deportivo nacional, la labor no se detiene.

“Con mucho amor y mucha paciencia”: la mirada de la entrenadora

“El trabajo que hoy estamos desarrollando está llevado a mantener la preparación de nuestras niñas, que ellas puedan ir consolidando elementos aprendidos ya en etapas anteriores y, por supuesto, durante lo que vaya del curso, que ellas puedan ir perfeccionando estos elementos tanto técnicos, corporales, como también de los diferentes aparatos que ellas deben de dominar, que son difíciles”, explica Daniela.

Con paciencia y dedicación, aprovechan cada jornada para que las pequeñas perfeccionen sus ejercicios individuales y de conjunto, buscando siempre enriquecer su manejo de los aparatos. La historia de la provincia las respalda.

“Las Tunas ha sido una provincia medallista por historia; de hecho, el curso que finalizó obtuvimos dos medallas de bronce; en los ejercicios de conjunto en el evento de aros y en los ejercicios de individuales por equipo”.

Pero el camino no es fácil

Trabajar con niñas de edades tempranas requiere un enfoque especial.

“El trabajo con las niñas es bastante complejo, por lo general requerimos de ayuda también de los psicólogos para que nos asesoren en ciertas ocasiones.

Tenemos niñas con diferentes características, algunas más fuertes, más valientes, otras más sensibles, pero trabajamos poquito a poco según las características que ellas tienen, con mucho amor, con mucha paciencia, con mucho cariño”, comenta la entrenadora.

La disciplina es dura. La gimnasia exige dieta, esfuerzo y constancia. Sin embargo, las entrenadoras encuentran su mayor aliada en la pasión que estas niñas sienten por el deporte.

“Las niñas a modo general son bastante fuertes, a ellas les gusta. Todas las niñas que tenemos aquí son apasionadas por el deporte de la gimnasia rítmica”.

La voz de las gimnastas

Esa pasión es precisamente la que brilla en los ojos de las protagonistas. Para conocer más de cerca esa motivación, conversamos con algunas de las gimnastas.

Betzabet Ramírez, una de las integrantes, recuerda cómo comenzó este amor. Su interés nació desde muy pequeña, imitando movimientos hasta que su familia decidió inscribirla.

“Se siente super bien aunque a veces te pones muy nerviosa. Me siento muy feliz cada vez que vengo aquí”, confiesa. Para ella, el mayor orgullo llega en la competencia.

“Cuando compites te vas a sentir orgullosa de ti mismo porque te pasaste todo el año entrenando para coger esa medalla”.

Ainoa Reyes define el deporte con la sencillez de quien ama lo que hace.

“Estoy aquí porque me gusta, porque es bonita, aparte es muy rítmico, nos enseñan a bailar, hacer dificultades, hacer conjuntos, individuales”.

Sobre la relación con las entrenadoras, explica que la exigencia es parte del aprendizaje.

“Cuando nosotros hacemos algo mal, a veces nos hacen repetirlo, para que lo hagamos bien”.

Para Daniela Víctor Pandiño, la gimnasia fue amor a primera vista.

“Cuando yo vine por primera vez este mundo me gustó. Aparte, yo me divierto cuando hago una selección y me gusta mucho”.

Inspirada por su hermana, comenzó a los cinco años y destaca la importancia del trabajo en equipo.

“Nosotras cada vez que vamos a competir nos apoyamos, decimos que lo vamos a hacer bien y así podemos mejorar también físicamente”.

Con una madurez que sorprende, Daniela envía un mensaje a quienes dudan en comenzar. “Es precioso, lo único que es un poquito sacrificado. Hay que sacrificarse. Y tú eres la que te sacrificas”.

Gabriela López Fuentes, una de las más pequeñas, resume el sentimiento general. “Es un deporte muy bonito, es el deporte que yo siempre he querido practicar”. Describe sus tardes entre manos libres, cuerdas, aros y pelotas, puliendo cada detalle técnico.

Legado de esfuerzo y sueños que vuelan alto

Cada tarde, en ese pequeño rincón de Las Tunas, la música sigue sonando y los aparatos no descansan.

Las 14 niñas que hoy entrenan con la mirada fija en futuras competencias no solo cargan con la ilusión personal de alcanzar una medalla; llevan también el peso de una tradición provincial que ha sabido brillar en los escenarios nacionales. Entre la exigencia técnica y el cariño de sus entrenadoras, entre el sacrificio diario y la alegría de hacer lo que aman, estas jóvenes gimnastas demuestran que, aunque el trayecto sea duro, la pasión y la constancia son el mejor camino hacia la victoria.

Las Tunas sigue forjando campeonas, una cuerda, un aro y una sonrisa a la vez.

/lrc/

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