«Y no fue más grande cuando proclamó a su patria libre, sino cuando reunió a sus siervos y los llamó a sus brazos como hermanos». Así escribió José Martí sobre la grandeza del que «fue el primero en obrar», Carlos Manuel de Céspedes y del Castillo.
Humano y conciliador, firme y suave describía Martí al iniciador de la Guerra de los Diez Años, al primer presidente de la República en Armas, el Padre de la Patria, quien murió el 27 febrero de 1874, a los 55 años de edad, hace ya 152 años.
Céspedes había llegado a San Lorenzo el 23 de enero de 1874, en ese recóndito paraje de la sierra visitaba algunos vecinos, jugaba ajedrez y le enseñaba a leer y escribir a los niños del lugar.
El mayor general del Ejército Libertador se hallaba solo y con muy pocas balas cuando fue sorprendido por fuerzas del régimen colonial español, y aun así decidió enfrentarse al enemigo antes de ser capturado vivo; herido y tras ser perseguido cayó por un barranco y el desenlace fue fatal.
Su cadáver fue trasladado por los españoles en una goleta a Santiago de Cuba como trofeo de guerra, y sepultado en una fosa común en el cementerio municipal, hasta que en marzo de 1879 un pequeño grupo de santiagueros realizan el rescate y traslado de sus restos a una segunda tumba para evitar que fueran llevados a un osario común.
El 16 de octubre de 1898 se revela públicamente que los restos de Céspedes yacen en la fosa 103 del patio B y en octubre de 1909 se inicia la construcción del conjunto monumentario, donde son trasladados en actividad solemne el 7 de diciembre de 1910.
El 10 de octubre de 2017 fueron inhumados por cuarta vez sus restos, junto a los de Mariana Grajales, y ubicados en el área patrimonial central del cementerio Santa Ifigenia de Santiago de Cuba, donde ya se encontraba el Héroe Nacional de Cuba José Martí.
Justo allí también fueron depositadas las cenizas del Comandante en Jefe de la Revolución Cubana, Fidel Castro Ruz, quien, el 10 de octubre de 1968, en ocasión del centenario del inicio de la guerra por la independencia de Cuba dijo: “No hay, desde luego, la menor duda de que Céspedes simbolizó el espíritu de los cubanos de aquella época, simbolizó la dignidad y la rebeldía de un pueblo —heterogéneo todavía— que comenzaba a nacer en la historia. Fue Céspedes, sin discusión, entre los conspiradores de 1868 el más decidido a levantarse en armas.”
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