Las Tunas.- A veces, en medio de tantas carencias materiales, a una persona o a una familia le cuesta respirar y encontrar soluciones para volver a despertar el día siguiente, apreciar el sol y librar la misma u otra batalla. Pero, si hay compañía- dígase apoyo- todo será menos difícil.
Son tiempos durísimos, en los que además de la energía eléctrica escasean medicamentos, productos de aseo, alimentos básicos, transporte y hasta agua potable. Como individuos y como sociedad es preciso ver a quienes viven en peores condiciones porque lo que no puede faltar es la solidaridad.
“Da siempre lo mejor de ti y lo mejor vendrá”, dijo hace años la Madre Teresa de Calcuta y, sin esperar nada a cambio, ayudar a los demás y compartir lo que tenemos nos hace mejores personas y seguramente cambiará las circunstancias de alguien más.
En ocasiones no se trata de un trozo de pan o un billete de poca cuantía. Puede ser la ayuda para limpiar la casa de un anciano solo, cargar el bolso pesado de una vecina, avisar si llega algo a la bodega, decir buenos días o conversar porque la calidez de las palabras también alienta.
Esa es la fuerza invisible que nos hace humanos. Poniéndonos en la piel de los demás entendemos su situación, quizás de carencias materiales, aunque también pueden ser afectivas o intelectuales. Ayudar a encontrar un camino o dar una esperanza, genera satisfacción al ver que somos útiles.
El tiempo transcurre rápido; apenas alcanza para los quehaceres hogareños y para encontrar lo que necesita la familia. Pero, media hora dedicada a los demás será de mutuo provecho porque lo más importante es que multipliquemos el amor, la fuerza más humilde y más poderosa de las personas.
Lamentarse después de una desgracia con un vecino, un familiar o un conocido no es sano, ni ayuda. Por eso hay que ser parte activa de las situaciones de quienes están en nuestro radio de acción; ayudarlos en lo que se pueda, animar y, sobre todo, enseñar a los niños y jóvenes que vienen detrás.
Nadie debería estar triste en soledad y todos deberíamos tender no una, sino las dos manos. No es dar lo que sobra, es compartir lo que tenemos aunque solo sea compañía, un brazo fuerte, palabras de aliento o una sonrisa. ¡Qué la dureza de estos tiempos no nos haga perder la ternura de nuestros corazones!
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