Discurso pronunciado por Miguel Mario Dí­az-Canel Bermídez, Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y Presidente de la República, en la clausura del XI Pleno del Comité Central del Partido 

Publicado el 14 de Dic de 2025
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Queridas compañeras y compañeros miembros del Comité Central del Partido e invitados:

Hemos tenido un Pleno intenso a pesar de su brevedad. Lo impone la situación del paí­s, urgida de transformaciones que no solo deben ser económicas y estructurales, sino que también exigen un cambio de mentalidad en cuanto a las formas y métodos del trabajo partidista.

En un solo dí­a de reunión hemos logrado debates profundos, crí­ticos y, sobre todo, responsables, aprovechando las posibilidades que nos da la tecnologí­a para evitar costosos movimientos de personal, sin dejar a nadie al margen; pero en mi opinión la mayor ganancia está en la calidad de las discusiones, en ese modo cualitativamente superior de abordar los problemas cuando se tocan con las manos gracias a una conexión más frecuente y sistemática con el pueblo.

Ni la más avanzada tecnologí­a puede superar el valor del contacto humano. Nuestras tareas más importantes y urgentes están en el terreno, en los barrios, los consejos populares, los municipios, las provincias, con el oí­do pegado a la tierra y el pie en el estribo, como nos ha alertado tantas veces el General de Ejército.

De ese ví­nculo imprescindible con el pueblo, fuente de las fuerzas que sostienen a la Revolución, brotan las soluciones a los problemas más acuciantes, es algo que aprendimos en la escuela de Fidel.
Este no es un Partido de élite, es un Partido de masas. No podemos dirigir por informes, debemos y tenemos que dirigir con el pueblo, mirando los problemas de frente y a fondo, y enfrentándolos con el mayor grado de participación popular posible. Solo desde una perspectiva colectiva y comprometida pueden evaluarse serenamente los duros datos del comportamiento de la economí­a en los últimos meses, caracterizados por mayor persecución financiera, petrolera y de todo tipo contra Cuba.

Lo sorprendente serí­a tener datos positivos en una economí­a brutalmente perseguida y cercada por la primera potencia mundial, en tiempos en que ni los mercados más dinámicos están libres de la incertidumbre que genera el actual desorden económico internacional. Entonces, abordemos de forma directa y sin eufemismos los impactos de ese cerco en la economí­a cubana al terminar otro duro año.

Con cierre del tercer trimestre, el PIB decrece en más de un 4 %, la inflación se dispara, la economí­a está parcialmente paralizada, la generación térmica es crí­tica, los precios se mantienen altos, se incumplen las entregas de los alimentos normados, y las producciones agropecuarias y de la industria alimentaria no satisfacen las necesidades de la población. A todo ello hay que agregar las costosas pérdidas provocadas por el devastador paso del huracán Melissa.
Esta situación, indudablemente crí­tica, demanda la intervención oportuna y sistemática de los dirigentes y cuadros para abordar ante la población los principales problemas, evaluando decisiones y perspectivas, hecho que ratifica el reconocimiento a la autoridad de las instituciones y, en particular, a los representantes del Partido y el Gobierno a todos los niveles.

Esta certeza, sin embargo, no puede sustraernos de la inconformidad generalizada por todo lo que funciona mal o no funciona, mientras por todas partes emerge la crí­tica al exceso de reuniones que no resuelven nada, y a la creciente desigualdad entre pequeños grupos poblacionales que parecen tener todos los problemas resueltos, algunos incluso presumiendo de su estatus económico, mientras la mayorí­a no logra solventar totalmente algunas necesidades básicas.

Esa situación, provocada en primer lugar por seis décadas de acoso económico externo, es vista como un nuevo escenario de ahora o nunca por el enemigo histórico de la nación cubana y los herederos del llamado exilio que hizo fortuna con la industria de la contrarrevolución y nunca ha dejado de soñar con otra Cuba sometida y dependiente, clavada como una estrella más en la bandera estadounidense.

Esa frustrada pesadilla mercenaria alimenta el renovado empeño imperial por asfixiar a la Revolución Cubana aplicando una polí­tica de máxima presión, de desgaste, a golpe de medidas coercitivas que limitan sensiblemente nuestro marco de acción, deteniendo sueños y empeños por alcanzar la prosperidad merecida, y violando los más elementales derechos humanos del pueblo cubano con una agresión sistemática apoyada en una cobarde y calumniosa campaña de intoxicación mediática.

La pelea es dura, larga y desigual. La regla del enemigo es que no existen reglas. Las leyes internacionales, los compromisos con la paz y el desarrollo son papel mojado para el imperio y sus acólitos. Lo hemos visto en Gaza y lo estamos viendo contra Venezuela. El fin justifica los medios, parecen decirnos cada vez que actían en nombre de la ilegal ley del más fuerte, aunque los representantes del fascismo del siglo XXI ni siquiera se molestan en explicarlo.

Por si quedaban dudas, este noviembre cargado de amenazas y peligros el imperio ha irrespetado otra vez a la comunidad internacional «“o lo que queda de ella»“ con su nueva Estrategia de Seguridad Nacional, suma grosera de Doctrina Monroe y Corolario de Roosevelt sin maquillajes.
¿Qué hacer? La pregunta clásica de Lenin sigue incluyendo la respuesta: hacer, actuar, transformar. Plan contra plan, dirí­a Martí­. Y también Fidel, quien nos convocó claramente a emanciparnos por nosotros mismos y con nuestros propios esfuerzos…, desafiando poderosas fuerzas dominantes dentro y fuera del ámbito social y nacional, defendiendo valores en los que se cree al precio de cualquier sacrificio.

Lo revolucionario será siempre actuar y hacerlo movilizando fuerzas y talento con claridad en los objetivos, conectando intereses y demandas del paí­s con el aprovechamiento máximo de los escasos recursos de que disponemos.

Lo revolucionario es levantarnos cada dí­a dispuestos a enfrentar con energí­a la desidia y la afrenta, la agresión externa y las complejas situaciones que asedian a las economí­as de paí­ses como el nuestro, que fueron despojados de sus recursos y derechos más de una vez, y el cerco especialmente diseñado para castigar a la rebelde Cuba por su osada pretensión de seguir siendo libre, independiente y soberana a unas pocas millas del imperio.
Lo revolucionario sigue siendo promover y estimular la participación y el control popular, destacando y extendiendo las experiencias enaltecedoras que protagonizan cubanas y cubanos, de forma individual o en colectivo, no uno, sino todos los dí­as. Lo justo es exigir sin cansarnos que las instituciones den respuestas eficaces y oportunas, que sean sensibles ante las demandas de la ciudadaní­a y que los servidores píblicos actíen como tales.

Y es, sobre todo, llegar allí­ donde nuestros compatriotas viven, trabajan y estudian e incluso donde no, para escuchar y aprender de quienes lidian cotidianamente con las mayores dificultades, y es también para informar, explicar, argumentar, orientar, destrabar, ayudar a organizar e impulsar acciones que les permitan enfrentar los retos actuales, más que como una desgracia, como una oportunidad para resolver colectivamente lo que es posible resolver con fuerzas y recursos propios.

No podemos olvidar ni por un momento que en las condiciones actuales la paralización de muchas actividades por las largas horas de apagón debido a la falta de combustibles, lubricantes y de mantenimiento de las termoeléctricas, trastoca completamente la cotidianidad, genera incertidumbre y acentía sentimientos de desesperanza, que se pueden revertir a veces tan solo con la información imprescindible y oportuna, con una palabra de aliento y el agradecimiento por lo mucho que hacen con tan poco.

Lo he confirmado en las visitas a los municipios, la experiencia más aportadora del trabajo polí­tico, la que nos enseña el cuerpo y el alma del pueblo cubano, la que jamás quitarí­a de mi agenda semanal, porque me ha permitido llegar hasta lo más recóndito del paí­s, conocer a compatriotas increí­bles que ponen la solución donde otros solo ven problemas, y ratificar con ellos la vitalidad de la Revolución donde más creatividad demanda la resistencia.

Hay pobreza en Cuba, dicen todos los dí­as los medios creados por los mismos que aplauden el bloqueo y las medidas de asfixia. Sí­, hay una enorme carencia material en Cuba, generada por la polí­tica genocida que paga generosamente a los que celebran esa pobreza. Nadie puede estar conforme con eso y trabajaremos sin descanso por la prosperidad que este pueblo merece.

Pero junto a esa pobreza que tanto le gusta ver al enemigo de esta nación heroica, hay otra realidad que el odio no les deja ver: un pueblo creativo y laborioso que no se rinde, y hay decenas, cientos de proyectos personales y colectivos que van rompiendo monte en cueros y en el puño un corazón, como cantaba el inolvidable Vicente Felií en su canción A los que luchan toda la vida.

Estos años difí­ciles nos muestran claramente a las mujeres y los hombres que todos los dí­as se proponen crecer y mejorar al paí­s, sin esperar más premio que el resultado de su trabajo convertido en progreso. En contraste, aparecen aquellos que lucran con las necesidades e insuficiencias, los que entorpecen el camino y demoran el avance, y otros capaces de vender a la nación que un dí­a los exaltó a las máximas instancias.

Recordaba en estos dí­as a Fidel, y cito: El enemigo conoce sobradamente bien las debilidades de los seres humanos en su bísqueda de espí­as y traidores, pero desconoce la otra cara de la moneda: la enorme capacidad del ser humano para el sacrificio consciente y el heroí­smo.

También decí­a Fidel en un acto de clausura del congreso metalírgico, el 6 de julio de 1960: «Porque una revolución no es sino una gran batalla entre los intereses del pueblo y los intereses contrarios al pueblo […] nos enseña cuáles son los hombres y las mujeres que sirven, y cuáles son los que no sirven; los que no sirven ni para abonar su tierra con su sangre y con su vida; nos enseña quienes están hechos de una madera humana, quiénes están hechos de una madera noble y generosa; y quiénes están hechos de egoí­smo, de ambición, de deslealtad, de traición o de cobardí­a […]
«En una revolución todos tienen que quitarse la careta; en una revolución los altaritos se desploman: los que han tratado de vivir engañando a los demás, los que han tratado de vivir posando de virtuosos o posando de personas decentes, o posando de patriotas, o posando de valientes. Eso nos enseña la Revolución […] nos enseña quiénes son los verdaderos patriotas […] y de dónde surgen los grandes traidores.

No creo que haya frases más exactas para describir la actuación de Alejandro Gil, de cuyo denigrante caso tenemos que sacar experiencias y aprendizajes, dejando claro, en primer lugar, que la Revolución tiene tolerancia cero hacia esas conductas.

Compañeras y compañeros:

La nueva Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos, mezcla, como ya expresé, de la Doctrina Monroe y el Corolario de Roosevelt, con un nuevo corolario, el de Trump, promete devolver al mundo a los oscuros tiempos del fascismo hitleriano con tintes de la salvaje conquista del oeste americano y prácticas de corsarios y piratas que dieron triste fama al mar Caribe en tiempos coloniales.

En inédita afrenta a las normas internacionales, como en los tiempos de Drake y Morgan, Donald Trump acaba de lanzar a sus piratas sobre un petrolero de Venezuela, apoderándose sin pudor de la carga, como un vulgar ladrón. Fue el más reciente episodio de una alarmante secuencia de ataques a pequeñas embarcaciones y ejecuciones extrajudiciales de más de ochenta personas, bajo acusaciones jamás probadas y en medio de un amenazante despliegue militar sin precedentes en una declarada Zona de Paz.

La Revolución Bolivariana es el objetivo principal del amenazante despliegue actual de las naves militares estadounidenses en lo que pretenden seguir usando como traspatio de sus fechorí­as. Pese a las numerosas manifestaciones dentro y fuera de su paí­s contra los planes de guerra en la región, el inquilino de la Casa Blanca, su Secretario de Estado y el de la guerra no se esconden para amenazar al de Venezuela y a cualquier otro gobierno que consideren hostil.

Cuba denuncia y condena este regreso a la polí­tica de las cañoneras, esta diplomacia amenazante, este escandaloso robo, uno más en la ya larga lista de saqueo de los bienes del Estado venezolano, esa injerencia inaceptable en los asuntos internos de una nación que marcó el rumbo de la independencia de nuestra América.
No estamos solos en el mundo. Nos lo demostró el inmenso apoyo de la comunidad internacional al votar a favor de la Resolución cubana contra el bloqueo en la Asamblea General de las Naciones Unidas, desbaratando la agresiva e inédita campaña de presiones, chantajes y coerción ejercida por el Gobierno de los Estados Unidos para evitar que se repitiera como resultado la condena internacional a la genocida polí­tica del bloqueo económico, financiero y comercial ejercido contra el pueblo cubano y recrudecido en los momentos actuales.

Seguiremos denunciando el bloqueo genocida y seguiremos movilizando la solidaridad internacional. Al mismo tiempo, trabajaremos activamente para diversificar las relaciones económicas y comerciales y fortaleciendo la integración con las naciones hermanas de América Latina y el Caribe, hoy bajo una grave amenaza de agresión.

Compañeras y compañeros:

Se ha discutido ampliamente el impacto del huracán Melissa y otros eventos naturales, reconociendo la capacidad de resistencia y solidaridad del pueblo. Que sirva ese análisis para plantearnos un desafí­o a nuestra naturaleza como cuadros y dirigentes del Partido.

Tal como actuamos entonces, evitando pérdida de vidas humanas, heroicamente, actuemos todos los dí­as, con la disciplina, el rigor, el valor con que actuaron los combatientes y equipos de dirección de las Fuerzas Armadas Revolucionarias y el Ministerio del Interior, a quienes agradecemos otra vez su heroí­smo y su ejemplo.

Hago extensivo ese reconocimiento a la actitud disciplinada, consciente y colaboradora del pueblo cubano, de aquellos que lo perdieron todo y no se rindieron; no se sentaron a llorar a la orilla de los caminos inundados, y han sido una fuerza determinante en la recuperación en sus lugares de residencia.

Fueron devastadores los daños, que no detallo para no extender demasiado mis palabras. Tampoco detallaré los avances en la recuperación de las provincias orientales. Solo digo que desde el primer minuto, tras el paso de Melissa, me acompañó la certeza de que í­bamos a sobreponernos al golpe, a pesar de las difí­ciles condiciones en que se encuentra el paí­s. Y esa certeza se afirmó siempre en la calidad de la tropa que se situó al frente de la dura tarea: las compañeras y compañeros de la dirección del Partido y del Gobierno en la nación que trabajaron codo a codo, mano a mano con las presidentas y presidentes de los consejos de defensa de las provincias, municipios y zonas de defensa.

Sé que en el fragor de batallas tan intensas no hay tiempo para llevar diarios y anotaciones; pero confí­o en que todos puedan tomarse algunas horas para reconstruir momentos y acciones que serán ítiles en el futuro. Necesitamos reconstruir las experiencias para actualizar los planes de reducción de riesgos ante desastres. La escuela cubana de enfrentamiento a desastres tiene que seguir siendo ejemplo y marcando pauta en esas misiones, y en la preparación de todos ante las futuras amenazas que plantea el cambio climático.

Aprovecho para agradecer, en nombre del Partido, el Gobierno y el pueblo cubanos, la solidaridad nacional e internacional que apoya la reconstrucción de las zonas más afectadas.

Camaradas:
Por su importancia inmediata, mediata y de largo plazo debo referirme, aunque sea brevemente, al Programa de Gobierno para corregir distorsiones y reimpulsar la economí­a, cuya discusión popular adquiere especial trascendencia en este momento.

No voy a detenerme en lo discutido, pero debo ratificar algunas consideraciones que estimo importantes para concretar en resultados lo que se propone en ese Programa.

Corregir distorsiones y reimpulsar la economí­a no es un eslogan, es una batalla concreta por la estabilidad de la vida cotidiana, porque el salario alcance, porque no falte el alimento en la mesa, porque se acaben los apagones, porque se reanime el transporte, porque la escuela, el hospital y los servicios básicos funcionen con la calidad que merecemos. Hemos debatido con crudeza, sin triunfalismos, y hemos defendido una agenda económica que va a la raí­z de los problemas y compromete a cada organismo, a cada territorio y a cada cuadro.

Asumimos la necesidad impostergable de avanzar hacia la estabilidad macroeconómica. Eso implica ordenar las cuentas, enfrentar la inflación, ajustar el Presupuesto para proteger a quienes más lo necesitan, y resolver el complejo tema de la tasa de cambio. No son decisiones sencillas ni populares, pero un Partido responsable no apuesta por lo fácil, sino por la solución definitiva del problema. La tarea es combinar rigor económico con justicia social, y esa combinación solo la puede garantizar la Revolución socialista.

Hemos colocado en el centro la producción de alimentos como prioridad nacional. Una agricultura fuerte, con encadenamientos locales, con respaldo a los productores y menos trabas a su gestión debe cambiar el panorama. Se han aprobado orientaciones para eliminar obstáculos, mejorar los mecanismos de acopio y comercialización, estimular el esfuerzo productivo y acompañar mejor a quienes trabajan la tierra.

También hemos reafirmado el papel decisivo de la empresa estatal socialista, convocada a demostrar en la realidad eficiencia, disciplina y capacidad de innovar. La autonomí­a que defendemos es para producir más, para servir mejor al paí­s, para encadenarse con el sector no estatal sin perder su esencia socialista. El mensaje es claro: quien dirija una empresa estatal tiene que sentir que cada peso, cada recurso, cada decisión es un compromiso con el pueblo y no un espacio para privilegios.

Coincidimos en que sin eficiencia económica no hay soberaní­a posible. Por tanto, es imprescindible dar un salto en la gestión de la empresa estatal. Se ampliarán sus autonomí­as, pero también su responsabilidad con los resultados. Las OSDE deben dejar de ser estructuras administrativas para convertirse en verdaderos motores de desarrollo.

Pretendemos igualmente potenciar, de manera ordenada y controlada, la indudable contribución de las mipymes y cooperativas no agropecuarias como actores necesarios para dinamizar la producción nacional. Se trabajará en su mejor integración con el sector estatal. Desbloquear con agresividad y sentido estratégico la inversión extranjera, con el objetivo de identificar y eliminar los trámites innecesarios que ahuyentan el capital. La prioridad, como se ha anunciado, está orientada a los proyectos que generen alimentos, energí­a y divisas.

Avanzar con determinación en la corrección de las distorsiones monetarias, protegiendo siempre a los más vulnerables. En cuanto a la unificación cambiaria es un objetivo irrenunciable para la salud económica del paí­s, que debemos lograr gradualmente.

He comentado sin muchos detalles algunas ideas. A la versión final del Plan debemos dedicarle horas de análisis y discusión, incluyendo la indispensable consulta a los trabajadores. Entendemos que de ellos emergerán propuestas audaces sobre el aprovechamiento de potencialidades y reservas para lograr un plan que esté más concentrado en la necesidad urgente de resolver la situación actual del paí­s.

Hemos debatido también el Presupuesto del Estado y las prioridades de inversión, las estrategias para enfrentar la inflación, el déficit fiscal, el impacto del bloqueo, así­ como la crisis sanitaria por arbovirosis y otros problemas de salud píblica.

Otro de los ejes de nuestras discusiones es la transición energética. Cuba necesita avanzar con decisión hacia un sistema energético más limpio, más soberano y más eficiente. Pero hemos dejado claro que no queremos una transición que deje detrás a territorios, a trabajadores ni a familias.

Queremos y debemos impulsar una transición energética justa, que genere empleo, que dinamice las economí­as locales, que abra oportunidades a técnicos, ingenieros, obreros y comunidades.

Por eso el Pleno ha respaldado la prioridad a las inversiones en energí­as renovables; la expansión de la energí­a solar y eólica; el uso más inteligente de la biomasa, y los programas de eficiencia energética en hogares, empresas y servicios. Cada panel solar que se instale, cada circuito que se modernice, cada equipo eficiente que se generalice debe verse también como una nueva oportunidad de trabajo, de formación, de encadenamiento productivo.

Hemos insistido en que los proyectos energéticos incluyan componentes de empleo local, capacitación en el puesto de trabajo y participación de las comunidades. La batalla por la energí­a es también una batalla por la justicia territorial.

Este Pleno orienta mirar con prioridad a los municipios más golpeados por los apagones, por la vulnerabilidad climática y por la falta de infraestructura. Allí­ debe llegar primero la combinación de inversiones, de programas sociales y de participación popular, como prueba de que la Revolución no abandona a nadie y de que no vemos la transición energética como un privilegio, sino como un derecho.

En cuanto al desarrollo social, sigue siendo centro del proyecto. No hay Revolución posible sin justicia social. Reafirmamos que, a pesar de las limitaciones, la salud y la educación seguirán siendo gratuitas y de calidad para todos.

Hoy salimos de aquí­ con acuerdos concretos, con tareas precisas y, lo más importante, con un plan de acción unificado para enfrentar los enormes desafí­os que quedan por delante.

Camaradas:
Revisando la implementación de los acuerdos de los plenos anteriores, reconocimos avances, pero también, y con total franqueza, identificamos insuficiencias, lentitudes y obstáculos; todaví­a el burocratismo, el formalismo y la inercia ponen frenos inaceptables a la voluntad del Partido y a las necesidades del pueblo. Aquí­ se ha dicho con claridad que hay que cambiar todo lo que deba ser cambiado, y se cambiará. Hemos propuesto y aprobado conceptos de trabajo, prioridades y acciones. Ahora nos toca implementar, trabajar y cumplir. Los mecanismos de control se fortalecerán, y la rendición de cuentas será profunda y sistemática.

Una vez más la mirada responsable y optimista hacia la juventud cubana. La juventud cubana no es solo beneficiada con polí­ticas sociales, es protagonista de la transformación. Por eso el XI Pleno ha orientado que en cada provincia y municipio se trabaje junto a las organizaciones juveniles y estudiantiles en planes especí­ficos para la inserción laboral de los jóvenes, para el acompañamiento a quienes ni estudian ni trabajan y para el desarrollo de emprendimientos productivos y sociales que encaucen la creatividad y la responsabilidad de las nuevas generaciones. No nos resignamos a que el talento joven se desperdicie y que la migración siga siendo un plan de vida. La Revolución nació como un proyecto de juventud y solo podrá continuar si los jóvenes la sienten y la hacen suya.

Con relación al trabajo del Partido hemos realizado un balance severo de las acciones acometidas. Se trata de fortalecer la unidad polí­tica y el papel del Partido en la conducción del paí­s, las provincias, los municipios, las instituciones, las comunidades con prioridad para las batallas económica, ideológica y de comunicación que estamos convocados a librar cada dí­a.

La confianza del pueblo en sus instituciones se construye con hechos, con resultados palpables y con sensibilidad hacia las necesidades cotidianas. La acción coordinada para enfrentar a Melissa es la mejor prueba de cuánto podemos lograr con organización, disciplina y unidad.
El transcurso mismo del Pleno nos ha ratificado una y otra vez que la principal fortaleza es la unidad. Una unidad basada en el debate, la crí­tica y la disciplina consciente.

En cuanto a la intoxicación mediática y la desinformación ya sabemos que no hay mejor antí­doto que la verdad, el trabajo sistemático y el ejemplo. Como compromisos para el presente inmediato, a partir de lo aquí­ debatido, menciono y ratifico los siguientes:
Enriquecer y perfeccionar el Programa de Gobierno con el aporte de los resultados de la consulta popular que se está realizando.
Avanzar en la implementación de las medidas económicas aprobadas, con disciplina y control.

Garantizar que el Presupuesto 2026 responda a las prioridades del pueblo y a la defensa de la Revolución.

Reforzar la atención a los territorios afectados por desastres naturales, asegurando que nadie quede desamparado.
Promover la participación activa de la juventud en todos los ámbitos de la vida nacional.

Intensificar la batalla ideológica, cultural y comunicacional, defendiendo la verdad de Cuba frente a la manipulación y la desinformación.

Compañeras y compañeros:

Hemos llegado al final de este XI Pleno en un momento particularmente desafiante para la patria. Nadie ignora las tensiones económicas, las carencias materiales y las presiones externas que sufre nuestro pueblo; pero nadie puede negar tampoco la fuerza moral, la creatividad y la capacidad de resistencia que la Revolución ha demostrado una y otra vez. Hoy este Comité Central ratifica que el Partido no se coloca al margen de los problemas, sino en el centro de su solución junto al pueblo.

Todo lo que hemos dicho y acordado quedarí­a en palabras vací­as si el Partido no se exige a sí­ mismo una manera distinta de funcionar. Los últimos plenos han sido claros: hay que combatir el formalismo, la rutina, la complacencia, el autoengaño. Hemos hablado de crí­tica y autocrí­tica no como ritual, sino como método de trabajo.

Hoy ratificamos que el Partido ínico de la Revolución Cubana debe ser más democrático en su funcionamiento interno, más cercano a los problemas reales de la gente, más exigente con sus cuadros y más transparente en su relación con la sociedad.

La implementación de los acuerdos de este XI Pleno no dependerá solamente de documentos y resoluciones; dependerá de la conducta diaria de cada militante, de cada cuadro, del funcionamiento de cada institución en los territorios, particularmente en los municipios; dependerá de la capacidad para escuchar, para rectificar, para rendir cuentas, para decir la verdad, aunque duela, y para movilizar reservas morales y productivas que están ahí­, en el pueblo, esperando un liderazgo que las convoque y acompañe.
No ignoramos el cansancio, la irritación, la incertidumbre que se ha instalado en algunos sectores de la sociedad, como consecuencia, en primer lugar, de 66 años de bloqueo, ahora reforzado con notable impacto en la cotidianidad; pero también como resultado de errores e insuficiencias que están por resolverse todaví­a. Serí­a irresponsable negar esa realidad y soslayar la cuota de autocrí­tica que nos debemos.

Pero no será posible enfrentar y resolver los problemas si nos dejamos vencer por el desaliento, somos hijos de un pueblo que hizo una Revolución a 90 millas del poder imperial más grande del planeta y que la ha defendido durante más de seis décadas exitosamente.

Al cerrar este XI Pleno, el llamado es muy concreto: Para los cuadros del Partido y del Gobierno todos debemos salir de aquí­ con un plan realista, con plazos y responsables para cada acuerdo económico adoptado, y rendir cuentas con transparencia de sus avances y obstáculos.

Y, sobre todo, el llamado es a la unidad. Una unidad consciente, que se construye sobre la verdad, la participación y la confianza mutua. La unidad que necesitamos hoy es la de quienes discuten fuerte, pero marchan juntos.

Con esa convicción y renovada confianza en la demostrada capacidad de nuestro pueblo cubano para asumir los mayores desafí­os y en la fuerza de nuestras ideas, concluye esta sesión de trabajo del XI Pleno del Comité Central del Partido Comunista de Cuba.

Nos espera un intenso trabajo. Que nadie espere soluciones fáciles o inmediatas. El camino es de lucha, de creación, de resistencia inteligente, porque nos asiste la razón, la fuerza moral y un pueblo heroico como la mayor inspiración.

En el año del Centenario del Comandante en Jefe honremos su memoria con un ejercicio permanente de crí­tica y autocrí­tica, no para las faltas, sino como acicate para la acción transformadora.

Cambiando todo lo que debe ser cambiado. Revolucionando la Revolución, que es lo que se espera de nosotros los revolucionarios.

¡Con Fidel, con Raíl, con nuestro pueblo!
¡Venceremos!
¡Patria o Muerte!
¡Socialismo o Muerte! (Exclamaciones de: ¡Venceremos!)

/lrc/

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