lunes, enero 30, 2023
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Ciudad: restauración y entorno

Las obras de artes visuales, con sus mensajes forman a un público cada vez mayor y exigente, a través de elementos cognitivos. En el proceso de formación de una cultura más profunda, el Estado se erige, como el ente que atesora las obras de arte y arquitectura que interactúan con el público, con el conocimiento de invertir presupuestos financieros que acrecienta el valor según  transcurre el tiempo.
Entre los organismos poseedores de bienes culturales en Las Tunas, se destacan los pertenecientes a Salud, Educación, Turismo, Gastronomía y la Empresa de Servicios Comunales; entidades a cargo de las esculturas e inmuebles ubicados en zonas comunes, plazas, parques y otros sitios públicos.
Muchas de estas obras adquiridas conforman lo que se denomina Patrimonio Cultural, entendido como el «conjunto de bienes pertenecientes a una persona natural o jurídica, susceptibles de estimación económica».
No todas las producciones artísticas y arquitectónicas llegan a alcanzar esta condición pero la obligatoriedad de protección es para todas, tal como queda pautado en la “Ley de Derecho de Autor” de 1977, estableciendo la obligatoriedad de preservación por parte de la entidad coleccionista.
El Registro Provincial de Bienes Culturales, acreditado por el Consejo Nacional de Patrimonio Cultural para el control de las obras patrimoniales, registra las obras de las Artes Visuales emplazadas en el territorio por creadores locales  y nacionales, priorizando aquellas çcreadas por autores nacidos antes de 1960, como establece la “Ley de Protección del Patrimonio Cultural” de 1977.
Obras alegóricas al esplendor de la escultura cubana, tienen la primacía en este proceso: la fuente “Las Antillas” (1977), de la escultora Rita Longa Arostegui (1912), “Monumento al Trabajo”  (1977) de José Antonio Díaz Peláez (1924), “Liberación de los pueblos” (1980), de Manuel Chiong (1934), “Elementos Aborígenes” de Erminio Escalona,  “Columna Taína” de Pedro Vega,  “Caballo” de Sergio Martínez,  entre cuantiosas piezas de creadores locales, cuya representatividad está marcada por Rafael Ferrero Lores, Rogelio Ricardo Fuentes, René Peña Carbonell, Pedro Escobar Mora, Nover Olano Escobar y se suma a esta constelación de creadores Angel Luis Velázquez con una obra que ya es emblema para la ciudad.
La restauración de estos bienes y el rescate de su entorno deben acometerse con la carga de sensibilidad que requiere la  permanencia, de un objeto de cualquier índole creativa, en el ambiente cotidiano, pues según reza la mencionada Ley de Protección patrimonial, «el beneficio de las empresas, instituciones y demás entidades por la posesión y tenencia de obras de Artes Visuales(…), trascienden su entorno y debe valorarse tanto en su aspecto cultural como por su expresión económica».
La Bienal Nacional de Escultura es un evento que viene sucediendo en Las Tunas desde 1977, dejando un saldo de obras de registrada valía (unas que se esparcen por la trama urbana y otras de pequeño formato que engrosan la colección de la Galería Taller de Escultura).
El actuar de sus organizadores y especialmente de La Comisión para el Desarrollo de la Escultura Monumental y Ambiental (Codema) es loable, pero el rescate es también responsabilidad de las entidades coleccionistas de bienes culturales, aunque cuenten para ello con la intervención profesional de los especialistas durante todo el año.
Debemos enfocar la política de conservación en pos de sensibilizar a los factores en la necesidad de proteger las obras de artes visuales, que al igual que las Jornadas Cucalambeanas, prestigian e identifican los valores culturales del territorio. (Por: MSc. Iris Cruz Núñez/Crítico de Arte, Uneac)

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