Luis Enrique conduce por la salud del pueblo

Las Tunas.- Al timón de la 279, una de las guaguas marca Diana que tiene la base de Ómnibus Urbanos en la capital tunera, Luis Enrique Easy Jones otra vez recorre la carretera de Las Tunas-Camagüey.

Es el chofer de un Medibus, transporte que lleva, gratis por cierto, a enfermos a los hospitales.

De lunes a viernes, todas las semanas los traslada a recibir atención médica en el hospital oncológico Marie Curie de la ciudad agramontina, a más de 120 kilómetros de distancia.

Dejó de hacerlo unos días para cumplir otras funciones, también de apoyo a la salud pública, pero tuvo que regresar más pronto de lo esperado.

Los pacientes lo reclamaron, y en respuesta la Dirección del Sistema de Urgencias Médicas en la provincia solicitó al jefe de la Base de Ómnibus Urbanos que lo retornara.

Lo hizo feliz, dice, “son mis pasajeros preferidos, somos una familia, nos queremos como tal, cuando me fui para la Covid-19 una niña del poblado de Bartle hasta lloró”.

En el andén paño en mano casi terminando de limpiar la guagua, cuenta que le pone todo el deseo a su trabajo y al final de cada viaje, lo premia la sensación de haber vivido como una linda aventura con un grupo de amigos.

Comparte con ellos su agua de tomar, algún calmante y hasta el cojín de su asiento. Refiere que es un gusto ponerles la música que les piden, bien bajita para ayudarlos como dicen ellos, a llegar relajaditos al hospital y en el trayecto, hace cuantas paradas necesiten no importa si llega más tarde a casa.

Servir todo lo bien que se pueda es su máxima.

Es tal su amabilidad, carisma y tino para lidiar también con las personas en medio de los rigores del transporte público, que los pasajeros de la ruta 6 que habitualmente cubre, también añoran su regreso.

En algún momento será, no lo duda, pero por ahora se mantendrá trabajando por la salud de la población.

Las personas enfermas o sospechosas de SARS-CoV 2 que llevó hasta o desde los centros de aislamiento también saben del esmero y amor del chofer Luis Enrique.

Al principio de la pandemia cuando había mucho temor porque no se conocía prácticamente nada de la enfermedad, fue el primero en decir yo estoy dispuesto y estuvo todo el tiempo que lo necesitaron.

“Es de lo más difícil que he hecho en mis 52 años de vida, sabía que al más mínimo descuido podía enfermarme, pero cumplía cada una de las medidas al pie de la letra por mi bien y por el de las personas que andaban conmigo”.

En el duro ajetreo por la pandemia, confiesa, tuvo la gran suerte de conocer a Aurora Rúa Escobar, técnica del laboratorio del policlínico Gustavo Aldereguía Lima.

“Era una de las personas que tenía que llevar hasta el politécnico de la salud por sospecha de SARS-CoV 2, así nos conocimos, nos casamos y hoy tenemos una relación feliz y aunque es la única rival de la guagua, me apoya en todo para que la Diana 279 y los pasajeros sigan siendo la plenitud de mi vida”

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