Olia, doctora tunera en el Reino de Arabia Saudita
Olia ha vencido las diferencias culturales para llevar la salud a intrincados lugares de Arabia Saudita. (FOTO/Cortesía de la entrevistada)
Tuneros por el mundo

Olia, doctora tunera en el Reino de Arabia Saudita

Las Tunas.-  El principal nombre de esta doctora es Olia y, como una premonición, sus padres también la llamaron Caridad. Balbuena Torres son sus apellidos. Es de la provincia de Las Tunas y labora como especialista en Medicina General Integral (MGI) en el policlínico Aquiles Espinosa, de esta ciudad.

Desde hace ocho meses está en el Reino de Arabia Saudita, cumpliendo con una colaboración médica, exactamente en la provincia montañosa de Yizán, al sur del país, cerca de las fronteras con Yemen y el mar Rojo.

Allá vive diferentes historias de solidaridad, amor y ese altruismo que se desprende del personal cubano de la salud y que se multiplica en varias naciones desde el 24 de mayo de 1963 cuando arribó a Argelia un grupo de médicos cubanos.

Gracias a las redes sociales llegan hasta acá sus letras y sus palabras.

«Nuestro consultorio es un Primary Health Care Center (Centro de atención primaria de salud) y está muy aislado, entre las montañas. Trabajamos dos enfermeras, una de Bangladesh y una de la India, un médico saudita, el personal de servicios y yo.

«La labor fundamental es la atención a la familia, al niño, a las embarazadas y a las puérperas, más el programa de vacunación y las enfermedades crónicas no transmisibles como la diabetes. Precisamente este padecimiento constituye un problema serio de salud en la región ya que los pacientes son de difícil control por la diferente cultura alimentaria y el sedentarismo y muchos necesitan altas dosis de insulina. Lo mismo pasa con los hipertensos.

«Nos corresponde prevenir las complicaciones y el adecuado control de esos problemas de salud. También atendemos las Infecciones Respiratorias Agudas y las Enfermedades Diarreicas Agudas».

Escuche las declaraciones de Olia:

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Aunque no atiende directamente a pacientes enfermos de la Covid-19, se protege y cuida de sus pacientes con mucho esmero.

«Es que somos la puerta de entrada del sistema. O sea, pacientes con epidemiología y sospechas clínicas de la enfermedad, los atendemos y les damos entrada. Luego los enviamos a los hospitales de referencia de la región.

«Hablo de pacientes con un síndrome respiratorio agudo severo o con neumonía, que ya son sospechosos, según los protocolos del país. Un niño contacto de enfermos o que viajó a una zona de riesgo también constituye una preocupación.

«Todos esos pacientes, siempre con las medidas de seguridad y protección adecuadas, se trasladan a los hospitales de referencia. Nosotros evitamos la contaminación del consultorio para prevenir la infección de los vecinos sanos o del personal que aquí trabaja.

«Y nuestra labor es muy importante pues por ser esta una zona muy aislada, con difícil acceso, lejos de los hospitales, recibimos muchas urgencias».

Tras 25 años de experiencia laboral, la doctora tunera tiene mucho que contar, no solo de su trabajo en Cuba, sino como parte de varias misiones internacionalistas.

«Comencé a trabajar en el hospital “14 de junio”, del municipio de Jobabo, en Las Tunas.  Tres años después me trasladé a la cabecera provincial para iniciar mi residencia en MGI, la que culminé con resultados satisfactorios.

«En mi ciudad natal he tenido varias funciones: en la atención primaria de salud, como asesora del programa materno-infantil, fármaco-epidemióloga, médico de familia y otras.

«La primera de mis misiones fue en el año 2003 en Guatemala, un país maravilloso, del cual tengo hermosas experiencias. Allí trabajé en el hospital de Fray Bartolomé de las Casas, un municipio del departamento de Alta Verapaz. También tuve la oportunidad de ser docente de alumnos de la Escuela Latinoamericana de Medicina que comenzaron a hacer su internado allá.

«En el 2005, con mi misión cumplida, regresé a Cuba. A los dos días ocurrió el azote del huracán Katrina en las costas de Estados Unidos y nuestro Comandante en Jefe, Fidel Castro, hizo un llamado para ayudar a los afectados, aunque ese país no aceptó el ofrecimiento. Así se formó el contingente Henry Reeve. Tengo el gran honor de ser fundadora de él.

«En octubre de ese año, el huracán Stan afectó Centroamérica y fui llamada nuevamente a cumplir misión en Guatemala, específicamente en el departamento de Chimaltenango, donde no había experiencia de misión cubana anterior. Fue muy bonito y, por supuesto, siempre una aprende.

«Terminé en diciembre de 2005, era una misión corta, de emergencia.  Y el 2 de febrero de 2006 fui para Bolivia, por unas intensas lluvias en Santa Cruz de la Sierra. Allá estuve aproximadamente seis meses, pues se solicitó el concurso de especialistas en MGI para impartir clases a futuros médicos latinoamericanos en Cuba.

«Estuve en Jaguey Grande, Matanzas, donde pasé siete meses impartiendo clases de Morfofisiología, una buena experiencia como profesora, con muchas horas de auto-preparación. Terminé y regresé a Bolivia hasta el 2008, ya como integrante de la brigada médica cubana, que estaba consolidada.

«Otra vez salí en el 2013, cuando comenzó el programa Más médicos para Brasil. En el municipio donde fui ubicada con otros doctores cubanos hubo una atención maravillosa. Nuestro trabajo impactó mucho, tanto en las autoridades como en la población pues se lograron buenos indicadores de salud.

«Volví a Cuba en diciembre de 2016 y luego de unos años se nos solicitó trasladarnos a la Unidad Central de Colaboración, en La Habana, para pasar un curso en idioma y en inglés médico para viajar a un país de habla inglesa y aquí estoy, desde septiembre de 2019».

Ahora que el mundo se debate entre la vida y la muerte, por la llegada del virus SARS CoV-2, ella pone su granito de arena muy lejos de la tierra que la vio nacer.  Y permanece atenta a las noticias sobre la evolución de la enfermedad.

«En Cuba no podemos bajar la guardia. Tenemos que seguir cumpliendo cada día con todas las medidas de protección y de prevención para evitar la Covid-19. Aunque haya disminuido el número de casos, todavía hay posibilidades de contagio.

«En el mundo existen muchos países con una gran transmisión y nosotros somos una isla; pero, estamos en el mundo. No podemos desfallecer, no podemos cansarnos; tenemos que pensar en que la salud de nuestra población es lo más importante».

La larga trayectoria de la doctora Olia merece mucho reconocimiento, pues su huella quedará en el Reino de Arabia Saudita, un país de clima, costumbres e idioma diferentes a los de Cuba, como quedó en Guatemala, Bolivia y Brasil.

Desde allá, desde las montañas de Yizán cuenta su experiencia como médico, serena, como es ella.  Y a pesar de la distancia, enorme ante la nostalgia y el deber, escucha un sonido imperceptible a sus oídos; pero, no al corazón: los aplausos que cada noche también le dedicamos.

/nre/

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