Crónica de mi cita con un ángel
Serafín, junto a dos de sus alumnas.
Lecturas

Crónica de mi cita con un ángel

. Antes de que mis recuerdos fundaran esta crónica, antes, incluso de ser periodista, mi pluma se había comprometido con usted para saldar la deuda que tiene la historia con los grandes.

Mil y una historias hacían de mi paso por la enseñanza un pasaje hacia lo inverosímil. A diferencia de muchos que no tuvieron mi dicha, yo sí tengo recuerdos gratos de casi la totalidad de mis profesores, claro, exceptuando aquella docente de preescolar que no entendía mis despistes a la hora de descubrir el asiento que me correspondía según el día de la semana. El protagonista de mi inspiración está muy alejado a esa etapa en la que comía plastilinas. Llegó en un momento en el que parecía imposible hacer otro espacio en el rincón que le dedico a los profes que han marcado mi vida.

Recuerdo la primera vez que lo vi. La incertidumbre resaltó el desconcierto de mis ojos cuando al mirar a mi alrededor el 90 por ciento del aula –entonces décimo grado del Instituto Preuniversitario Vocacional de Ciencias Exactas Luis Urquiza Jorge, de esta ciudad—lo saludaba como si lo conociera desde siempre. En ese instante ignoraba que iba a dedicarle esta defectuosa composición a quien merece la poesía y la coherencia de un Premio Nobel de Literatura.

Serafín, como su nombre lo indica, se presentó como un ángel, con la sonrisa pícara  de los abuelos que narran leyendas increíbles en los cuentos fantásticos .Con su portafolio negro, desprovisto de cualquier tiza burlona que quisiera empañar tan pulcra estampa, y con la camisa , que como nos dijera poco tiempo después, “le había pedido prestada al jefe del sector”, así  imprimió en mis recuerdos su primera imagen, su olor a hogar, a planchado, a familia.

Las matemáticas eran el viaje al “País de las maravillas”, ninguna ecuación trigonométrica me quitó el sueño aunque todavía me costara despejar la variable, yo estaba segura de que “el matemático de la ternura” con algún chiste o jarana inyectaría cada lógica como una canción en mi cerebro abrumado por la física, la química, el español…

Su brazo en mi hombro en cada examen no podía faltar. El inicio de cada intervención con las frases: Mis niños, mis hijos… La geometría con las parábolas, y el movimiento de su anatomía  con cada uno de sus trazos, la F que denotaba un extremo del pentágono pero que era más de nosotros que de la propia figura por la acepción “feo”, la asunción de cada pasaje de su vida como una guía para aprender a vivir con la satisfacción de haberlo conocido.

En ocasiones, siento sus pasos apresurados dirigiéndose al grupo. Puedo ver claramente el pañuelo combinado con el pulóver. La venita que se dibujaba en su nariz. Por aquellos tiempos cometíamos de vez en vez algunas indisciplinas, lo peor de todo era la vergüenza de que el profe se enterara, entonces sabíamos que él se decepcionaría y que una conversación seria se avecinaba. Nunca he mirado más el piso que cuando él nos llamaba la atención.

Era capaz de meterse en líos cuando veía alguna injusticia, de actuar inmediatamente si alguno de sus alumnos lo necesitaba, de abrir las puertas de su casa para repasar (sin cobrar), de trabajar  en dos lugares diferentes casi sin fuerzas, de regalarnos una tiza por el 8 de marzo cualquier día del año, de movilizar , sin darse cuenta, a un batallón de jóvenes diferentes para unidos hacerle las serenatas más románticas de la historia. El amor que creció entre nosotros no podrá ser descrito ni aunque vuelva a nacer otro Shakespeare.

Si alguno de los que me leen ha conocido a un ser celestial, entonces comprenderán cómo pueden  sentirse todos los que conocieron al Sera, es muy difícil acostumbrarse a una nueva realidad luego de haber vivido en el Olimpo.

Así fue él, digo, así es. El día en que lo despedimos le abrimos las puertas a nuestras almas para perpetuarlo en nuestras memorias. Todavía espero encontrar otra personalidad tan dulce, un corazón la mitad de puro, la virtud patriarcal de hacernos a todos sus eternos hijos.

/mdn/

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13 comentarios

Aile Paredes 29 junio, 2020 at 9:54

Hermoso escrito! Sin duda alguna uno de los profesores más excepcionales del pre, ejemplo de ternura y profesionalismo. Aún recuerdo que falleció un día matematicamente perfecto: 12/12/2012, ese día lloré como nunca. Su entierro fue memorable, a ambos lados de la calle alumnos que los despedían entre aplausos y lágrimas. Yo personalmente siempre lo recuerdo, pues fue un ejemplo para los que lo conocimos. Excelente padre, ser humano y profesor. En paz descanse!

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AlbinaNug 28 diciembre, 2019 at 17:35 Respuesta
José Alejandro Pons Leyva 28 diciembre, 2019 at 10:22

Leydi que mas te puedo decir si sabes todo ya, en parte porque estabamos en el mismo grupo y esos maravillosos momentos con el Sera los vivimos juntos. Nunca olvidaré como nos llamaba sus hijos y nos aconsejaba en cualquier aspecto de la vida. Él no se limitaba a impartirnos su materia únicamente, sino que además sentia satisfacción de guiar a sus muchachos por los buenos caminos. El Sera es uno de los profesores que como bien dices se ganaron un lugar especial en mi corazón, a quienes a día de hoy debo parte de quien soy, y que siempre estaré agradecido por haber sido su alumno. Me imagino contandole a mis hijos las historias de aquel enanito reparador de sueños que fue mi profesor, mi amigo, mi primo y mi padre, y ellos disfrutando de las hazañas que tuvo que llevar a cabo para enseñarme Matemáticas, que no fueron tan peligrosas como luchar contra gigantes disfrazados de molinos de viento, pero que igualmente tenian su lado complicado jejejejeje

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Leydiana 2 enero, 2020 at 21:04

Muchas gracias por comentar. Somos cómplices del amor que Sera nos profesó. Se nos fue casi cuando nos tocaban las pruebas de ingreso, un duro golpe sin dudas. Todos lo despedimos y ese día en que cerró los ojos encendimos mechas en nuestro corazón para alumbrarlo eternamente. Sabía que mi grupo, los estudiantes del pre que nunca conocimos y que nos antecedieron, iban a pronunciarse por él. Gracias mi amigo!!!

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Adialim 24 diciembre, 2019 at 9:59

Mi niña que escrito tan hermoso, estremece almas. Yo, que también tuve la dicha de conocerlo, reflejé en mi mente cada una de tus descripciones: la venita en su nariz. Lo recuerdo, lo adoré, lo besé muuuuuchoooooo, también recuerdo el día en que me enteré que ya no estaba, Claudia y yo, acabábamos casi de llegar a la universidad de Camaguey y quedamos desoladas. Gracias por escribir cosas tan hermosas mi niña Leidy!!

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leydianalr 25 diciembre, 2019 at 18:51

Adia, gracias por tomarte el trabajo para comentar. El Sera fue la suerte personificada, conocerlo es sin dudas un acontecimiento. He visto como sus alumnos de todas las épocas han comentado en las redes y me doy cuenta de que Serafín, no era de mi grupo solamente, era de todos. Tenía un alma tan grande que la podía compartir y aún así se desbordaba. Un abrazo.

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Guzman 23 diciembre, 2019 at 23:30

A veces uno no quiere mirar al pasado y mas cuando se trata de estos temas donde uno se acuerda de los seres queridos q ha perdido y demas, pero esta vez nada q ver esta cronica me ha hecho verme en el medio de aquella vocacional con todos mis compañeros de siempre, viendo a frank como nos daba los de pie sin subir al albergue con su suave y sutil voz, a mercantete haciendo su recorrido habitual en la guardia detras de cualquier parejita q se encontrara mal ubicada, a roger y guevara tratando de descubrir como julio yo y otros tantos cogiamos mas puntos en ingles q en español, a fofi, al pequeño albertico, a donel el mini guerrillero, a margarita cespedes q no nos dejaba ni bostezar en sus magistrales clases y tantos otros q formaron parte de esa inmenza ola de conocimientos q si bien no cogi en ese momento si me marco y para siempre…y a ese maestro de maestros que fue el unico q tuvo el valor de ir a enseñarle matematicas al grupo que nadie queria al grupo 6 q tenia tan peculiares estudiantes q el enseño y aconsejo tal como un padre guia a sus hijos…por eso a ti Sera un millon de gracias.. esta crónica sin lugar a dudas es un viaje con los boletos pagos a ese paraiso de vivencias q fue el pre-vocacional.

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Leydiana Leyva Romero 24 diciembre, 2019 at 11:04

Guzmán, muchas gracias por comentar. Usted también me remitió a momentos inolvidables. En el IPVCE conocí profesores excepcionales, amigos de excelencia y aprendí como nunca. La entrega de cada profesor se traduce en los resultados de sus alumnos. Con Serafín sucedían cosas peculiares. Establecimos un vínculo afectivo muy intenso, al punto de verlo como un padre. Él también, pero no solo con nosotros, sino con todos sus estudiantes. A veces hasta lo celábamos porque queríamos que fuera solo nuestro. Como mencioné en la crónica jamás me estresé con la Matemática y mira que era intensa!!! Yo confiaba en mí y en su paciencia jjj. Me reconforta que tantos alumnos hayan comentado y compartido este trabajo, esa es la mejor manera de mantener vivo el legado de Serafín, nuestro ángel de las matemáticas.

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leydiana 23 diciembre, 2019 at 8:33

Geo Almaguer, gracias por comentar. Te comento que nosotros lo quisimos tanto que ibamos cada cumpleaños a hacerle serenatas. Nos reuníamos en la Plaza Calé a esperar las 12 de la noche y como era diabético le llevábamos frutas. Todos los padres nos apoyaban en nuestra acción. Recordarlo es nuestra mejor manera de mantenerlo vivo.

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Odelkis 22 diciembre, 2019 at 17:59

Tuve la dicha de conocerlo y realmente ha sido el.profesor que más he querido en mi vida. El que aún me hace saltar las lágrimas cuando pienso en él porque se extraña demasiado, porque para bien o para mal, no pude despedirme de él. Y se quedan en mi mente esa sonrisa y ese amor por sus alumnos. Gracias por esta crónica. Lo escribiste muy bien, aunque las palabras son pocas para lo que fue el angel Serafín

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Daniusky 22 diciembre, 2019 at 13:33

Fui su alumno en la vocacional, gracias por tan lindas palabras, todos los que tubimos la dicha de conocerlo lo sentimos como un padre mas,
Grupo 3 Puerto Padre.

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leydiana 23 diciembre, 2019 at 8:28

Hola Odelkis, gracias por comentar. Su sonrisa pícara también está guardada en mis memorias. Recuerdo como le hacían maldades los demás profesores del departamento. Algunas veces llegaba un alumno con un ventilador y ya él sabía que Frank o alguien más estaba bromeando. Con Serafín vivimos todos momentos memorables.

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Geo ALMAGUER 22 diciembre, 2019 at 13:18

El profe Serafín . Tuve la dicha de que fuese mi profesor guía . Fue mas q eso . Fue mi amigo. Me encantaron estas lineas q le dedicas. En cada viaje a cuba siempre fui a verlo . A regalarme un par de minutos con el . Siempre admire el amor q le tenia a sus niñas . A nosotros . A su profesión. A la vida . Gracias por dedicarle este espacio .

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