El marzo triste deja una lección de vida
Los médicos cubanos y del mundo entero, han dado incontables muestras de valentía. (FOTO/Internet)

El marzo triste deja una lección de vida

El último día de marzo se descolgó del calendario y el silencio poco a poco distingue los lugares que antes describían el sonido de nuestra vida juntos.

Ahora tratamos de huir de esa rutina llamada tiempo y apostar desde la creatividad y resistencia por el mejor instante.

La vida nos ha cambiado de golpe y una enfermedad que parece invencible cerca por doquier; desde dentro ya nos ha arrebatado unos pocos.

Su fortaleza no vacila en estratos, idiomas o edades; intenta despedir del mundo a quienes han vivido más, y en su mira ubica a los de salud lastimada.

Ha venido con tal naturalidad y fuerza a habitar en la gente de tantas partes que ya nos arrebató los besos y abrazos más cercanos y hasta la calidez del saludo al desconocido.

Un planeta vive en sobresalto y ser vigía incansable es el único recurso para detenerla, mientras tal parece imposible quedarse en el lugar más seguro donde pudiera salvarse la existencia. Allí donde ahora debe reinventarse el rumbo de los días porque se trata de seguir vivos.

Rostros irreconocibles, tras las máscaras protectoras que se nos vuelven moda necesaria y esconden las palabras nacidas de la gracia natural del cubano.

Tal parece que se nos ha detenido un país este marzo y con él la vida. Y mientras, solo basta reencontrarnos con nuestras propias esencias y esperar que todo pase desde la discreción de casa para hacer lo mejor.

En los lugares donde le miran a los ojos están los más oportunos y por ellos vale la pena hacer la reverencia de los grandes acontecimientos, esa que expresa las mayores emociones.

Sí, un aplauso por ellos y para ellos; a las nueve de cada noche, porque vale la pena premiar a los más valientes, a los de las horas decisivas, a quienes conocen la sonrisa de la vida y también las torpezas de la muerte.

Ella pasará como todos los acontecimientos y ojalá muy pronto solo sea el mal recuerdo de aquel marzo bisiesto en el que la humanidad supo que no era tan invencible y su existencia rápida calló como si tratara de enmendarse y regresar más sabia para la reconquista de su vida.

/nre/

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