Noventa y tres años de luz

Noventa y tres años de luz

Dicen que cuando Fidel Castro dio su primer grito al mundo aquel 13 de agosto de 1926, los cedros de la finca Birán mecieron sus hojas al viento de forma diferente, y algunos de los vecinos que fueron a darles las congratulaciones a Lina y a Ángel por el nuevo crío, lo miraron dormido dentro de la cuna y le auguraron que sería un gran hombre. Y no se equivocaron.

El niño Fidel creció entre el verdor del campo, las matas de mangos, ciruelas, tamarindos, y sin explicaciones lógicas, se iba casi todos los días hasta el albergue donde estaban los haitianos que trabajaban en la finca, bajo el regaño de sus padres, que aun así no se extrañaban de las actitudes del chico, que gozaba cuando pasaba el tiempo junto a los trabajadores.

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Más tarde, se fue a los colegios de La Salle y de Dolores, y su carácter revolucionario comenzó a moldearse con fuerza; temblaba ante cada injusticia, y se involucraba siempre en defensa de las causas justas, hasta que juró hacerse abogado para defender a los desposeídos.

Ya en la Universidad se hizo líder. Los estudiantes lo seguían en sus ideas, siempre justas, porque veían en él al defensor de las buenas causas, y cuando en 1950 se gradúa como Doctor en Derecho Civil y Licenciado en Derecho Diplomático, junto a dos compañeros desde su bufete se dedica fundamentalmente a la defensa de personas y sectores humildes y ya es un revolucionario completo, que sufre cada día ante tanta afrenta y oprobio que causaba el tirano de turno.

Un día, solo y en silencio, tomó la decisión más radical: al gobierno había que derrocarlo con las armas.

Entonces comenzó a buscar compañeros que pensaran como él, y planearon en silencio un golpe demoledor contra el tirano Fulgencio Batista, para lo cual buscaron más revolucionarios, hasta que llegó el Día de la Santa Ana, cuando Santiago de Cuba disfrutaba de sus carnavales, aquel 26 de julio de 1953.

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La noche del 25 de julio, Fidel, reunido con los revolucionarios, sentencia:

«Compañeros: podrán vencer dentro de unas horas o ser vencidos; pero de todas maneras, ¡óiganlo bien, compañeros!, de todas maneras el movimiento triunfará. Si vencemos mañana, se hará más pronto lo que aspiró Martí. Si ocurriera lo contrario, el gesto servirá de ejemplo al pueblo de Cuba, a tomar la bandera y seguir adelante.

«El pueblo nos respaldará en Oriente y en toda la isla. ¡Jóvenes del Centenario del Apóstol! Como en el 68 y en el 95, aquí en Oriente damos el primer grito de libertad o muerte! Ya conocen ustedes los objetivos del plan.

«Sin duda alguna es peligroso y todo el que salga conmigo de aquí esta noche debe hacerlo por su absoluta voluntad. Aún están a tiempo para decidirse. De todos modos, algunos tendrán que quedarse por falta de armas. Los que estén determinados a ir, den un paso al frente. La consigna es no matar sino por última necesidad».

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Aquel amanecer de julio el ataque al cuartel Moncada fue una derrota militar pero una victoria política. Aunque decenas de combatientes fueron asesinados, señalaron el camino hacia la libertad.

Fidel, junto a otros 19 supervivientes, intenta llegar hasta la Gran Piedra para continuar la lucha. Después de una larga marcha para evadir numerosos retenes militares y operativos de rastreo, son sorprendidos en un varentierra por una patrulla del dictador Fulgencio Batista, al mando del segundo teniente Pedro Sarría Tartabull.

Aunque la orden que tenían era la de matar a los prisioneros sospechosos de haber participado en el asalto, Sarría les respeta la vida a los jóvenes gritando a sus subordinados:

«No disparen, las ideas no se matan».

Fidel fue preso con un grupo de sobrevivientes, y dos años después salió de la cárcel con una sentencia que cumpliría: «En 1956 seremos libres o seremos mártires».

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Así se fue a México y durante varios meses preparó una expedición, que desembarcó en las costas del oriente cubano el 2 de diciembre de 1956, bajo el asedio del ejército que solo unas horas después, en Alegría de Pío, desplegó un ataque demoledor contra los revolucionarios, lo cual obligó a su dispersión.

Luego, la guerrilla fue rearmándose y después de su consolidación definitiva en la Sierra Maestra como el Ejército Rebelde, en el oriente de Cuba, realizó la invasión hacia occidente y Fidel y sus hombres se alzaron con el triunfo el primero de enero de 1959.

A partir de ese momento Cuba y su Revolución enfrentaron los momentos más difíciles.

Fidel, con su luz de aurora, supo imponerse con su inteligencia y decisión ante cada reto: lucha contra bandidos, Ley de Reforma Agraria, Ley de Reforma Urbana, Primera y segunda Declaraciones de La Habana, invasión por Playa Girón, la Crisis de Octubre, imposición y recrudecimiento del bloqueo económico, comercial y financiero; constantes planes de atentados, que sumaron hasta el año 2007 un total de 638 intentos de asesinato y acciones terroristas.

Durante su etapa como presidente de los Consejos de Estado y de Ministros presidió misiones oficiales cubanas a más de 50 países y entre el 21 y el 25 de enero de 1998 recibió y atendió durante su estancia en Cuba al Papa Juan Pablo II.

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En declaraciones realizadas al Secretario de Estado del Vaticano, el cardenal Tarcisio Bertone, el Sumo Pontífice le comunicó que posiblemente ningún jefe de Estado se había preparado tan a fondo para la visita de un Pontífice.

De forma estratégica, Fidel dirigió la participación de cientos de miles de combatientes cubanos en misiones internacionalistas en Argelia, Siria, Angola, Etiopía y otros países, y fue decisivo el aporte de Cuba al triunfo sobre el Apartheid.

También impulsó y organizó el aporte de decenas de miles de médicos, maestros y técnicos cubanos que han prestado y prestan servicios en más de 40 países del Tercer Mundo, así como la realización de estudios en Cuba por parte de decenas de miles de estudiantes de esos países.

<< Imágenes exclusivas del líder de la Revolución Cubana

El Líder de la Revolución cubana consolidó los programas integrales de asistencia y colaboración cubana en materia de salud en numerosos países de África, América Latina y el Caribe, y la creación en Cuba de escuelas internacionales de Ciencias Médicas, Deporte, y Educación Física y otras disciplinas para estudiantes del Tercer Mundo.

Fidel promovió a escala mundial la batalla del Tercer Mundo contra el orden económico internacional vigente, en particular contra la deuda externa, el despilfarro de recursos como consecuencia de los gastos militares y la globalización neoliberal, y son notables sus esfuerzos por la unidad y la integración de América Latina y el Caribe.

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También encabezó la acción decidida del pueblo cubano para enfrentar los efectos del bloqueo económico impuesto a Cuba por los Estados Unidos desde hace más de 55 años y las consecuencias en el plano económico del derrumbe de la comunidad socialista europea, y promovió el esfuerzo tenaz de los cubanos para superar las graves dificultades resultantes de estos factores, su resistencia durante el llamado Período Especial y el reinicio del crecimiento y desarrollo económico del país.

El 31 de julio de 2006 Fidel Castro dio a conocer una proclama al pueblo de Cuba en que hacía entrega de sus responsabilidades por razones de salud, y según sus propias palabras, había llegado un momento en que debido a su enfermedad no podía seguir al frente del gobierno, por lo que decidió traspasar el poder al primer vicepresidente cubano en esos momentos, Raúl Castro. En el proceso electoral cubano posterior a esa fecha por las mismas razones declinó su postulación a integrar el Consejo de Estado.

Desde entonces, Fidel Castro se dedicó a escribir sobre temas mundiales, lo cual reafirma su activa participación en la lucha de ideas. Por su autoridad moral, influye en importantes y estratégicas decisiones de la Revolución, y a sus 93 años de su primer grito a la vida sigue siendo luz para millones de personas en todo el mundo.

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