Sembrar una semilla
El cuidado del medio ambiente nos compete a todos por igual, la tierra es nuestra casa común. (FOTO/Internet)
Lecturas

Sembrar una semilla

Las Tunas.- La naturaleza está llena de parábolas, corresponde a la humanidad comprenderlas y apropiarse de esas enseñanzas breves y de profunda sabiduría.

Millones de años tomó formar el mundo como hoy lo conocemos. ¡Y aún sucede! nuestro entorno está en constante transformación.

Los ríos, mares, bosques, animales y el clima reciben la influencia directa de numerosos fenómenos algunos de estos de carácter natural, otros menos felices, y de origen humano.

Ahora mismo, en el planeta, cada año se pierdan 12 millones de hectáreas de tierras cultivables debido a la sequía y la deforestación y tres de cada cuatro han sido alteradas por prácticas no amigables con los ecosistemas, mientras los altos valores de temperatura contribuyen al blanqueamiento de los corales y la desaparición de especies; así la lista de desastres, a veces silenciosos es larga y de un incalculable costo medioambiental y humano.

La intervención de la humanidad es decisiva en estos procesos pues el  acelerado e invasivo desarrollo desde la Revolución Industrial ha cambiado el mundo tal y como lo conocíamos.

Muchos de los cambios medioambientales son imperceptibles para nuestros sentidos pero esto no les resta valor y aunque no tienen consecuencias inmediatas, sus efectos a largo plazo pueden ser impredecibles. Científicos, líderes políticos, intelectuales y ambientalistas de todo el orbe han sido voceros de esta alerta, una verdad incómoda que aún gran parte de la especie no acepta y, en consecuencia, nada hace para transformarla.

Para frenar el deterioro del planeta, se precisa de mucho más que voluntad ciudadana o política, urgen recursos, comunión de esfuerzos, conciencia y educación, sobre todo hacia la niñez.

A nuestros niños, debemos, como decía Martí, enseñarles “a la vez que el abecedario de las palabras, el abecedario de la naturaleza”. Es la posibilidad de abrirles el horizonte y ponerlos cada vez más lejos, en la búsqueda del conocimiento y del bien.

Es común que la escuela sea la fuente de estos saberes, pero es imprescindible apoyar estas enseñanzas en casa, a partir del ejemplo familiar y la promoción de actividades que revelen a los menores la naturaleza de la vida en la Tierra y la urgencia de proteger – como diría un reconocido periodista venezolano-nuestra contaminada y única nave espacial.

Acciones loables para que nuestros niños encuentren poesía en el mundo a su alrededor. Todo esfuerzo es poco, debemos educarlos en el amor y la protección del entorno, sería como sembrar una semilla, en sinergia con el orden universal, capaz de inspirar en ellos magnánimos actos de vida.

/nre/

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