María Liliana Celorrio: «La décima es como si fuese una pólvora de oro»

María Liliana Celorrio: «La décima es como si fuese una pólvora de oro»

De niña, María Liliana Celorrio voló. Lo hizo sin alas, contó hace poco en una entrevista. Así llegó a la escritura, ese tesoro que le fue dado para placer de sus lectores y satisfacción de los tuneros. De sus manos han salido textos como Juegos Malabares (1990), La Barredora de Amaneceres (1993); Yo, la peor de todas, décimas (2003) y Madame la Gorda (2014); aunque, tal vez su obra más conocida sea Mujeres en la cervecera (2004), la cual le valió el Premio Nacional de la Crítica y la hizo despuntar en la narrativa contemporánea cubana.

En esta creadora la pasión por escribir se junta con una lectura voraz, siempre placentera, ennoblecedora y sublime. De la misma manera, sus grandes alas, así como sus pies de caminante, han recorrido la prosa y el verso, y en este último espacio, los terrenos de la estrofa nacional: la décima.

«Un río de octosílabos corre por dentro de esta tunera» cuya raíz está en el poblado de Vázquez, en el municipio de Puerto Padre. Justo a esa arista y en particular a su perfil como investigadora se aproxima el siguiente trabajo, en el cual la intelectual tunera nos aproxima a su indagación acerca del desarrollo de la décima oral improvisada en la Villa Azul de los Molinos, su tierra natal.

Para quien creció rodeada de naturaleza, visitar comunidades rurales y apreciar el cultivo de la espinela, fue una posibilidad única y enriquecedora.

Con este preámbulo y con estas décimas de la escritora e investigadora, Tiempo21 le propone conocer más detalles del tema.

No son hermosas mis manos:

y tienen venas azules,

que traslucen en sus hules,

viejas mentiras, desganos.

Sin embargo, son humanos

los versos, si solicito

la maldad del infinito.

Mis manos son locas, cuerdas,

no las fustigues, no muerdas

su historia: las necesito.

/mga/

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