Dayron, un joven de corazón Universidad
Dayron Martínez Rodríguez. (FOTO/De la autora)

Dayron, un joven de corazón Universidad

Añora escuchar la radio universitaria, la fiebre juvenil, los pasillos de intenso ir y venir, la alegría, el bullicio, el profesor de cara a sus alumnos, su brigada, los amigos… porque todo eso forma parte de la esencia de los universitarios de Las Tunas y de Cuba. Como todo optimista, Dayron Martínez Rodríguez sabe que esos tiempos regresarán y más temprano que tarde la Universidad de Las Tunas recuperará su cotidianidad. Mientras ese momento llega, este camagüeyano, hijo de Las Tunas por voluntad y afecto, anda, como casi siempre, envuelto en una vorágine útil y creadora.

Cuando la rectora de la institución le pidió que fuese la representación de la Casa de Altos Estudios en el centro de aislamiento que se formaría en la sede Pepito Tey, sintió temor, por varias y lógicas causas. Casi tres meses después, allí está, «fajao» con los contratiempos de cada día. Ha debido superarse a sí mismo; ser un estudiante y dirigir personal de servicio de distintas áreas y con una experiencia de años y en la vida laboral, no es empresa fácil. Pero como bien dice: «el respeto se va ganando» y a la dosis necesaria de proactividad en esta misión, así como a la solución de las dificultades de cada jornada, contribuye el equipo de trabajo creado junto a Eduardo López, jefe de servicios de la Universidad.

«Ha sido una buena experiencia y, sin dudas, me ha enseñado y me ha aportado como ser humano porque estar aquí también alimenta la sensibilidad. Ver diariamente personas que llegan preocupadas, con caras tristes y el rostro caído, familiares queriendo saber de sus seres queridos… todo eso mueve las fibras interiores y va transformando. Es una experiencia única», comenta.

Es testigo de la heroicidad de estos tiempos, de la explosión de esas reservas extraordinarias de valores en nuestra juventud y que afloran cuando se apela a ellos de manera adecuada. Ha visto al hombre nuevo del que nos habló el Che entrar y salir de un centro de aislamiento, una, dos y hasta tres veces y, por otra parte, también ha presenciado los avatares para completar la plantilla de quienes prestarán servicio en una de estas unidades.

«Siempre decimos que hay que verlo como protagonistas, pero también como espectadores, ¿por qué?, porque en un centro de aislamiento puede estar un familiar nuestro, podemos, incluso estar nosotros y siempre vamos a querer una buena atención: quien limpie, lleve la comida, quien transmita una información de y hasta la familia…y muchas veces decimos « No hay quien lo haga». Por eso digo, hay que verlo desde ambos puntos de vista y decir: «Yo puedo aportar. Yo puedo ser útil y lo voy a ser, voy a dar mi granito de arena».»

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Dayron tiene la certeza de que el país soñado se construye con participación y de que la juventud necesariamente debe tejer ese porvenir al que aspira.  «Algo que les transmito a los compañeros es que vivan intensamente la universidad, etapa única e irrepetible. La juventud está llamada a construir el futuro y no hay mejor modo que ser y hacer hoy lo que queremos para mañana. Todo tiempo es corto para hacer, ya habrán generaciones que continúen el trabajo y serán las protagonistas; pero nuestro momento histórico tiene que parecerse a nosotros y la Federación Estudiantil Universitaria (FEU) es un escenario para ello.

«Esta es nuestra oportunidad, es ahora. Tenemos hoy la posibilidad de mejores experiencias, de explotar los valores que nos forman como seres humanos, de  rescatar esas esencias, de ser útiles, aportar y decir: ´aquí esta la juventud cubana. No hay miedo y pa´ adelante´.»

En este tiempo de pandemia ha disfrutado muy poco a su familia, hace casi cuatro meses no les ve, pero los sabe satisfechos y orgullosos de cuánto hace. Acá ha creado otra, cuyos lazos, tal vez se perpetúen, pues ese es uno de los grandes regalos de esta etapa de la vida: la amistad.

«Mi familia en Las Tunas han sido mis compañeros de la FEU, tanto en la beca, en el aula, como en el espacio de dirección y hasta en las recreaciones, marchas y trabajos productivos. Tener la posibilidad y la responsabilidad de dirigir en la FEU me ha hecho mejor persona, eso lo tengo claro y lo siento así. Son muchas las experiencias que me llevo y contaré algún día a mis sucesores. He vivido momentos únicos en la organización y en la Enseñanza Superior.

«Algo que me causaba inquietud era no estar en el centenario de la organización, pero allá vamos y lo viviré como miembro activo, así que ¡rumbo al centenario!»

Tiene la certeza de que en la Universidad, como Fidel, se ha hecho revolucionario porque allí se han fraguado, en primer orden, principios y valores; también compromisos. Afirma que se sentirá parte de la FEU aun cuando ya no pise los recintos del Alma Mater, acaso por aquello de que «quien pasó de verdad siempre está de regreso a esa estación de notas y de besos», acaso porque la Universidad termina siendo un estado de la espiritualidad.

/mga/

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