viernes, febrero 3, 2023
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Cuando la vida late intensamente en las comunidades rurales

Las Tunas.- En la mayoría de las ciudades y los poblados de Las Tunas transcurren, ahora mismo, importantes restricciones de movilidad de las personas para intentar frenar el masivo contagio con la enfermedad Covid-19, reportado en la provincia durante las últimas semanas.

¿Se ha preguntado usted qué ocurre más allá de las calles citadinas?  La vida late intensamente en las zonas rurales. Y no lo digo porque la gente se concentre o incumpla las medidas indicadas por las autoridades sanitarias; porque allá también se extreman cuidados.

Pero, lejos del epicentro local de la pandemia, hombres y mujeres salen de sus hogares para -a pesar de las limitaciones materiales- aportar en esta batalla de todos frente a un virus que lacera la vida de las personas y asfixia la economía nacional.

Hablo de los campesinos y los trabajadores estatales, esos que apenas alumbran los primeros rayos del sol, y tras el habitual buchito de café, salen de sus casas a pie, en bicicleta, a caballo o en carretones y van por caminos, trillos y a campo traviesa hasta sus sembrados.

En ellos se transforman el sudor humano, la energía del sol, los pocos nutrientes de los suelos tuneros y algunos abonos orgánicos, hasta que nacen y crecen viandas, granos, hortalizas y frutas que luego llegarán a las mesas; todavía sin satisfacer todas las demandas.

Otros hombres y mujeres de campo van a ordeñar las vacas para que los niños tengan asegurada su leche, a alimentar los animales que luego serán carne, a recoger los huevos en las naves de gallinas ponedoras o a darles unas vueltas a las colmenas porque, para que produzcan miel, las abejas deben estar cerca de las plantas melíferas.

También allá, distante de todo y, especialmente del nuevo Coronavirus, crece la esperanza en los cultivos de tabaco, caña de azúcar y árboles maderables, en el humo que sale de los hornos de carbón y en el olor prodigioso de los dulces y el casabe que se produce en las minindustrias.

Repito, a pesar de la odiada enfermedad Covid 19, y mientras se limita la movilidad en los entornos urbanos, la vida late intensamente en las zonas rurales.

/nre/

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