De la grúa al jardín
Rigoberto Aguilera disfruta cuidar de la belleza que es para todos. (TIEMPO 21 FOTO/Angeluis)
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De la grúa al jardín

Las Tunas.- Aunque no le iba mal y ya tenía un nombre y un puesto muy bien ganado en la segunda acería más importante de Cuba, hace veintiséis años, Rigoberto Aguilera Silva decidió dejar su trabajo de gruero en la Empresa de Aceros Inoxidables (Acinox), de Las Tunas.

Entonces ya tenía 36 años de edad pero no reparó en empezar de cero en un oficio del que no conocía nada.

Hacer lo que de verdad le gustaba lo impulsó a tomar la mejor decisión de su vida: ser jardinero, estaba más que convencido, sobre todo, porque desde siempre las plantas lo apasionaron.

Comenzó en el Reparto Buena Vista, en la ciudad de Las Tunas, luego se fue con su rastrillo, tijera y azadón a la zona ubicada detrás de la terminal de Ómnibus Nacionales, para atender todas las áreas verdes y más cinco mil plantas en un vivero.

La poda, el desyerbe, el riego, la siembra y el resto de las atenciones que llevan los jardines, comenzaron entonces a ser lo más importante de cada una de sus jornadas.

Fue a las aulas, estudió y se graduó de jardinero A. Con su sueño hecho realidad, en lo adelante se dedicaría por entero a cultivar y cuidar plantas ornamentales y flores.

Ya tiene 62 años de edad y es, otra vez, jardinero en la avenida Camilo Cienfuegos en el reparto más populoso de la capital tunera.

Todos los días está allí. Hace poco lo encontramos echándole agua con un cubo a las palmitas recién sembradas.

Muy difícil regar en esas condiciones, le dijimos y contestó:

“Duro sí es, solo trabajando así habrá flores en esta ciudad donde casi no llueve, pero sabes qué es más duro, ver a las personas destrozarlas, carros y bicicletas le pasan por arriba, sin ninguna consideración a nuestro trabajo, eso sí duele de verdad”.

Pero a pesar de ello, del recio sol, el polvo, el agobiante calor y la ingratitud de muchos, Rigoberto está y asegura estará todo el tiempo útil que le quede a su vida, en servicios comunales.

Lo suyo siempre fueron las plantas, por suerte lo supo a tiempo, por su bien, el de los jardines y también de las grúas.

/nre/

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