Quizás mañana despertemos con cola de mono

Quizás mañana despertemos con cola de mono

Una de las leyendas africanas cuenta que el primer hombre en la Tierra surgió gracias a la bondad del gran Dios Muluku, quien tras crear el espacio que hoy habitamos, comprendió que una especie inteligente debía habitar ese lugar tan armonioso. El creador cavó dos hoyos en la tierra, de los cuales brotaron como plantas el primer hombre y la primera mujer. Curioso, la leyenda no esclarece cuál germinó primero.

El mito que hasta hoy pervive luego de tanto tiempo, cuenta que los humanos no siguieron los consejos de su Dios, de ahí que la vegetación que les proveía de alimentos comenzara a marchitarse poco a poco. Como castigo Muluku, decidió quitarle la cola a los monos y ponérsela a esos dos, que inmediatamente adoptaron la forma animal para dar paso al surgimiento de los primeros hombres como derivación de la familia de primates.

Quizás mañana despertemos con cola de mono
Escenas comunes en África (FOTOS /Ahmed Velázquez).

Y teniendo en cuenta el curso de la historia pudiera ser que Muluku, vuelva a ponernos una cola ¿Cuánto nos hemos acercado a la inteligencia y a la vez, alejado de la esencia de la vida?

Quizás mañana despertemos con cola de mono Si seguimos el mapeo en números que Google nos brinda de África en la actualidad, podemos horrorizarnos. Su bolsillo solo representa el tres por ciento de la billetera mundial a pesar de que en sus tierras la riqueza roza lo increíble, con diamantes suficientes para que Los Beatles le regalen a todas las Lucys de hoy, mañana y pasado; y  por supuesto, para que los niños tengan la barriga llena de comida y no de parásitos.

Quizás mañana despertemos con cola de monoLa extensión del continente más triste del planeta es tres veces la de Europa, aunque su desdicha supera en millones de metros cúbicos de lágrimas al de todos los demás. Quizás sea el Lago Victoria, el segundo más grande de su tipo en el mundo, el contenedor de los llantos de todos sus hombres y mujeres.

Los negros africanos pusieron su mano en los cimientos de muchos países que hoy los miran con desdén. Su sangre se mezcló en las colonias portuguesas, árabes, españolas, inglesas, pero no fue lo único. El ajiaco del que habló el sabio cubano Fernando Ortiz, se cocinó en todo el mundo con el afro-ingrediente. Ese componente no faltó y en España, aunque la mayoría de los textos quieran solaparlo, los tanguillos de flamencos y las bulerías, lo gritan a cuatro voces. Algunos como el afroandaluz Juan de Pareja, esclavo del pintor Velázquez, fue reconocido como artista luego de ser liberado por su dueño. Un tiro por la culata a la cultura europea que aún no puede desprenderse del traje viejo manchado de codicia.

Los más de tres mil grupos étnicos de África han sobrevivido a todo tipo de desgracias, invasiones, colonizaciones, guerras, enfermedades, miserias. Según datos ofrecidos en 2008, en Zimbaue se han emitido billetes de 100 millones de dólares zimbabuense, y un pedazo de pan puede costar eso y más. Un dato alarmante, máxime cuando la mayor parte de las tierras fértiles de muchos países africanos, no están cultivadas.

Pero eso es menos sorprendente que el hecho de que la ciudad más cara del mundo sea Luanda, capital de Angola, por encima de Hong Kong, Tokio, Zúrich y Nueva York. Así que un turista debe pensárselo bien si quiere entrar a un restaurante, pues el plato más barato cuesta 20 euros y unos jeans, 150. Así y todo el tercio de la población vive en barracas y el agua potable, es más preciada que una piedra preciosa, porque no existe.

Ver a África en fotografías cambia la perspectiva, parecen detenidos en el tiempo y enjaulados en la desgracia, presos de su propia riqueza. Y esa es la consecuencia de la miseria humana, del ego de un color sobre otro. Y volviendo a la leyenda inicial, ¿alguien duda que el Dios Muluku despierte y nos ponga otra vez la cola de mono?

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