El delegado que tenemos, el delegado que somos
El delegado es artífice principal en la búsqueda de solucioes a los problemas de su comunidad. (FOTO/De la autora)
Sociedad

El delegado que tenemos, el delegado que somos

Las Tunas.- En Las Tunas y en todo Cuba acontece el proceso de rendición de cuenta del delegado a los electores. Sin dudas se trata de un hecho de suma importancia, uno de los momentos claves en el ejercicio del poder popular en el país y de una verdadera democracia participativa en la nación.

Ser delegado es difícil hoy en Cuba; primero porque aún existe mucho desconocimiento de las verdaderas prerrogativas y responsabilidades de éste, además porque en el sentir colectivo perdura la imagen del delegado distribuyendo  recursos materiales y hasta hoy muchos electores juzgan su desempeño a partir de estas memorias y, por último, porque el delegado debe lidiar con las administraciones, a menudo desentendidas de la responsabilidad de ofrecer respuesta ante un planteamiento de un elector.

Con tales precedentes asumir esta responsabilidad, por la cual, además, no reciben remuneración alguna, constituye una obra de compromiso y entrega. Sí, porque no se puede ser delegado del pueblo, representante del pueblo, si “los oídos y pies” no están pegados al sentir de la gente y luego si la voz no se alza, alta y clara, para demandar lo que ese mismo pueblo demanda.

Los he visto buenos, de esos diligentes y proactivos ante cualquier dificultad, de los que no pasan por alto un vecino enfermo, un caso de hospital, de los que gestionan y ante la imposibilidad de una solución buscan respuesta y explican. Y también he visto algunos desconocidos para sus coterráneos, anónimos para sus vecinos, de esos a los que rendir cuenta no se les da bien y a duras penas captan la atención y el reconocimiento de sus electores.

Pero de nada sirve un gobierno mejor, allí en nuestra comunidad, si no somos, cada uno, ciudadanos superiores. No hay transformación cabal que venga “de arriba”, que sea dispuesta por otros. Nadie, absolutamente, nadie, gobierna en soledad, y en Cuba no existe la soledad del poder. Justo ese, es uno de los preceptos de nuestro sistema político.  En pocas palabras, como pueblo, somos los primeros responsables del país que tenemos y del país que tendremos.

Acompañemos entonces a los delegados en el ejercicio diario de su gestión y ahora en la rendición de cuenta, nuestra opinión, como nuestras acciones, son importantes para construir una comunidad y un país mejor; ¿no le parece?

/nre/

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