Más análisis desmontan narrativa sobre diplomáticos de EE.UU. en Cuba
  • Portada
  • Opinión
  • Más análisis desmontan narrativa sobre diplomáticos de EE.UU. en Cuba
Opinión

Más análisis desmontan narrativa sobre diplomáticos de EE.UU. en Cuba

Washington.- Un estudio y dos artículos periodísticos arrojan nuevas luces sobre los incidentes de salud reportados por diplomáticos estadounidenses en Cuba y desmontan muchos elementos todavía manejados por grandes medios al abordar ese tema.

En días recientes se difundió una investigación realizada por dos expertos acerca del sonido que, según la agencia Associated Press (AP), fue grabado por funcionarios norteamericanos en La Habana.

Al mismo tiempo, la revista Vanity Fair y la publicación digital The Intercept analizaron desde la posibilidad del contagio psicológico para explicar los síntomas aducidos por los diplomáticos, hasta el papel que jugaron las televisoras NBC y MSNBC en difundir información suministrada por la Agencia Central de Inteligencia (CIA).

Cada uno de estos materiales rechaza áreas de la narrativa predominante en Estados Unidos sobre el asunto, usado como argumento por la administración de Donald Trump para reducir considerablemente el personal de las embajadas de los dos países y afectar el acercamiento bilateral iniciado a finales de 2014.

El canto del grillo

Han sido muchas las teorías sobre el posible origen de los padecimientos médicos atribuidos a funcionarios norteamericanos que trabajaban en la legación en la Isla, algunas de las cuales llegan a cruzar los límites de la ciencia ficción.

En particular, los términos de «ataques acústicos» o «sónicos» fueron empleados por medios norteamericanos desde que comenzaron a difundirse noticias sobre el tema en agosto de 2017, y todavía suelen usarse pese a que tras casi dos años de investigaciones se desconocen las causas o responsables de lo sucedido.

Dos científicos presentaron un artículo el 4 de enero último en el que aseguran que la grabación de «ataques sónicos» difundida por AP en octubre de 2017 coincide espectralmente con la llamada de un grillo caribeño.

Alexander L. Stubbs, de la estadounidense Universidad de California en Berkeley; y Fernando Montealegre-Z, de la británica Universidad Lincoln, concluyeron que la canción de llamada del grillo de cola corta de las Indias (Anurogryllus celerinictus), en lugar de un ataque sonoro u otro dispositivo tecnológico, es la responsable del sonido en la grabación.

Si bien desconcertantes, los misteriosos sonidos en Cuba no son físicamente peligrosos y no constituyen un ataque sonoro, estimaron en el trabajo publicado en el portal bioRxiv.org, y llamaron a realizar un examen riguroso de otros posibles orígenes, incluido el psicogénico, para los efectos neurofisiológicos notificados por los diplomáticos.

Trastorno de conversión

Por su parte, Vanity Fair dio a conocer a principios de este enero un artículo que saldrá en su número del mes próximo, en el cual hizo un recuento del modo en que comenzó a conocerse el tema entre los propios diplomáticos en la isla y la postura del Gobierno norteamericano.

Alentados por los funcionarios de la administración, los medios rápidamente desplegaron la historia de que el misterioso sonido era un «ataque», un acto de guerra, manifestó el texto.

Durante el año pasado, apuntó el trabajo, el esfuerzo por descifrar qué tecnología podría haber causado los síntomas físicos en Cuba provocó una feroz lucha de nerds, que ha enfrentado a científico contra científico, disciplina contra disciplina, The New York Times contra The Washington Post.

Para el autor del material, Jack Hitt, a diferencia de un arma futurista, la causa de lo sucedido en la capital cubana parece ser tan antigua como la propia civilización, y ahora «abre todo un nuevo campo de batalla en la guerra de Donald Trump contra la realidad».

Si usted ve lo que les pasó a los diplomáticos en La Habana como un «ataque», debe buscar algo capaz de producir tal asalto. Tendría que emitir un sonido que variara ampliamente de oyente a oyente. Tendría que atacar solo a las personas que trabajaban en la embajada, estimó Hitt.

El origen de los padecimientos también «tendría que asaltarlos dondequiera que estuvieran, ya sea en sus casas o en un hotel. Tendría que producir una amplia gama de síntomas que parecen no tener relación entre sí. Y tendría que comenzar poco a poco, con una o dos víctimas, antes de propagarse rápidamente a todos en el grupo».

«Da la casualidad de que existe y siempre ha habido un mecanismo que produce precisamente este efecto en los seres humanos. Hoy en día, en la literatura médica se denomina trastorno de conversión, es decir, un trastorno producido por estrés y el miedo a una enfermedad física real. Pero la mayoría de la gente lo conoce por un término más antiguo y chirriante: histeria masiva».

El texto apuntó que este último no es un término popular entre los científicos, probablemente porque convoca la imagen de una gran multitud que entra en pánico durante una estampida, «pero entendida de forma correcta, la definición oficial, cuando se aplica a los eventos en La Habana, suena inquietantemente familiar».

Según la Revista Internacional de Psiquiatría Social, el trastorno de conversión es la «rápida propagación de los signos y síntomas de la enfermedad entre los miembros de un grupo social cohesivo, para el cual no existe un origen orgánico correspondiente».

Hitt señaló que científicos cubanos fueron los primeros en darse cuenta de que el brote en la embajada se ajustaba a la histeria masiva, y agregó que algunos expertos estadounidenses que pudieron revisar la evidencia temprana estuvieron de acuerdo.

«Los síntomas físicos creados por la mente están lejos de ser imaginarios o falsos. Son tan reales, tan dolorosos y tan verificables como los que serían infligidos, por ejemplo, por una pistola de rayos sónicos», afirmó el autor.

Asimismo, llamó la atención sobre el hecho de que la administración Trump ignoró la ciencia en función de satisfacer a figuras como el senador Marco Rubio, acérrimo opositor al acercamiento a la isla, quien sin contar con pruebas afirmó públicamente que los «ataques» eran un hecho.

NBC, MSNBC y la voz de la CIA

A estos temas se unió la denuncia realizada el 7 de enero por el periodista y abogado Glenn Greenwald, uno de los creadores de The Intercept, quien señaló que las televisoras NBC News y MSNBC han trabajado como medios de comunicación oficiales de la CIA.

Greenwald recordó que en septiembre pasado ambas cadenas difundieron que Rusia era «la principal sospechosa» en los «ataques misteriosos» que llevaron a «lesiones cerebrales» en el personal de Estados Unidos en Cuba.

Pusieron al aire a Ken Dilanian, leal de la CIA, para que lo explicara, basado en el guión dado por los oficiales de inteligencia que, como siempre, están protegidos de la rendición de cuentas con el anonimato, alertó el autor.

El texto de The Intercept sostuvo que durante los últimos cuatro meses a los estadounidenses se les hizo creer que Rusia causó intencionalmente «lesiones cerebrales» en decenas de diplomáticos, a los que Greenwald calificó como espías que actúan bajo cobertura diplomática.

Tal daño habría sido causado «a través de armas electromagnéticas o de microondas que son tan sofisticadas y retorcidas que ni siquiera los científicos más avanzados del Pentágono podrían entender qué nuevos horrores había infligido el Kremlin a los estadounidenses amantes de la paz», ironizó el autor.

El periodista apuntó que algunos medios de comunicación expresaron escepticismo ante las afirmaciones de NBC, y mencionó en específico un artículo de noviembre de la revista The New Yorker, en la que funcionarios de inteligencia afirmaron no tener pruebas de complicidad rusa.

Pero reporteros de otras organizaciones de prensa aceptaron las afirmaciones de las televisoras con fe ciega, e incluso el senador republicano Cory Gardner llamó a calificar a Rusia como estado «terrorista» a raíz de esa historia.

Greenwald consideró que este es solo el último de una serie de intentos por parte de los medios estadounidenses de asustar a la población con respecto a Rusia mediante la fabricación de ataques lanzados por el Kremlin que nunca sucedieron. (PL /Martha Andrés Román)

Artículos relacionados

La ciencia refuta tesis de ataques a diplomáticos de EE.UU. en Cuba

Redacción Tiempo21

Una profesión de entrega total

Yanely González Céspedes

Cuba y su escudo jurídico ante la Ley Helms-Burton

Redacción Tiempo21

Enviar Comentario


2 + ocho =