Las Tunas

Un niño llamado futuro

Un niño llamado futuro
Foto tomada de internet

El futuro apenas crece, tiene las rodillas raspadas y una mochila demasiado grande para su espalda. El futuro es un niño que ríe a carcajadas cuando algo le parece fantástico, sin saber que, todo lo fantástico del mundo cabe en él mismo.

Cada mañana, cuando se anuda con esmero la pañoleta roja, está vistiendo la primera responsabilidad de su vida. Su jornada se mide en centímetros de crecimiento, en páginas de libros de texto y en la capacidad de asombro que aún no ha perdido. Su vida es el primer borrador de ese porvenir.

A los ojos de Nathalya Parra Frómeta, pionera que cursa el sexto grado en el Seminternado Julián Santana, los deberes correspondientes están bien claros. «Yo estoy muy feliz y cumplo con mis tareas, el estudio, la recogida de materia prima, lo que se orienta en la organización. Siempre ando vigilando que todo se haga bien y que los otros niños cumplan del mismo modo».

Al igual que ella, los demás jóvenes de hoy viven en un lugar donde la palabra escasez sobrepasa su concepto, pues es parte de la textura de los días. Sin embargo, en su entorno, el orden y el cuidado son una ley silenciosa. Su felicidad marcha concreta sostenida por pequeños logros.

«En la actualidad los pioneros cubanos enfrentamos diversos desafíos, principalmente por el bloqueo económico y financiero que vive nuestro país, la falta de distintos recursos que necesitamos para el día a día; pero creo que por medio del estudio podremos seguir adelante», expresó el estudiante de la Escuela Profesional de Arte El Cucalambé, Manuel Alejandro Grau Hidalgo.

Cuando un joven logra resolver un problema de matemáticas que antes lo derrotaba, su carácter toma madurez. Cuando lee un poema y algo se conmueve dentro de él, su cuerpo gana en sensibilidad. Marcelo González Pupo está en sexto grado en el Seminternado República de Chile y a tan corta edad es un ejemplo de pura actitud.

«En primer grado nunca me llamó la atención ser parte de la organización, pero ya cuando empecé a incorporarme a las actividades me apasioné por eso y bueno, he llegado hasta aquí con la ayuda de mis familiares, amigos de la escuela, mi maestra Miraisy, que le debo mucho.

Marcelo agregó que el principal deber de un joven es «estudiar, no decepcionar a la Patria, cuidar a sus seres queridos y también cuidar a los símbolos de la Patria sobre todo, honrar a aquellos que cayeron para hacer la Cuba que tenemos hoy».

El 4 de abril o en fechas próximas ocurren actos en sus escuelas y cada uno de ellos los vive con la solemnidad que un niño otorga a los rituales importantes. Para ellos, la efeméride no significa una lección de historia, sino la prueba de que pertenecen a algo más; que su camino individual tiene un cauce colectivo. Y en ese instante, el niño llamado futuro y el futuro llamado Cuba se miran y se reconocen.

Al anochecer, el niño guarda su uniforme. Por hoy, se acuesta a dormir. Respira tranquilo en su cuarto pequeño con la promesa de mañana seguir creciendo, un centímetro, una idea, un sueño a la vez.

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