Las Tunas.- En un mundo donde las historias esperan ser descubiertas en cada esquina, asoma la figura de una joven que escuchó desde los quince años el llamado para contarlas. Dainelis Pérez Almaguer lleva casi tres calendarios completos en el ejercicio del periodismo.
«Cuando supe que lo quería se sintió mágico, fue una sensación de certeza y también muy alineada con el sentido que le quería dar a mi vida. A pesar de ser una adolescente en aquel entonces supe que esa era la elección correcta y tiempo después lo confirmé».
Desde su graduación, dio un salto audaz hacia la capital del país, integrándose al pulso de Radio Reloj, donde la vida se narra minuto a minuto.
«En la fecha cercana a mi discusión de tesis llegó un comunicado para todas las universidades del país de que todos los recién graduados que quisieran realizar su servicio social en La Habana podían hacerlo y yo acepté.
«Fue una noticia impactante que me tocara Radio Reloj porque no tenía experiencia trabajando en el medio radiofónico; cuando estudiante casi no hice prácticas en emisoras, por lo cual iba muy nerviosa, preocupada por el reto tan grande que iba a ser».
En aquel gigante de la información, donde fue recibida con los brazos abiertos, recorrió diversos departamentos que le enseñaron a dominar el ritmo implacable de la noticia.
La Habana se convirtió en un escenario de oportunidades maravillosas y encuentros con figuras que siempre admiró, forjando en ella una perspectiva más amplia y profunda de su labor.
«Todos los colegas hicieron amena la estancia porque te acompañan en todo el proceso y te ayudan a entender cómo son las rutinas de trabajo dentro del medio. En mi caso trabajé más en la revista semanal y estuve fija allí, lo agradezco mucho.
«Fui a coberturas maravillosas, entrevisté personalidades de diferentes ámbitos, nacionales e internacionales. Algo que me marcó fue estar en el festival de cine, una oportunidad única también».
Sin embargo, tras un tiempo de crecimiento y revelaciones decidió volver donde los suyos y continuar su camino como corresponsal de prensa en Las Tunas.
«Aunque La Habana te ofrece todas estas oportunidades, yo soy más familiar. Ya llevo un año en el rol de corresponsal acá y aunque en cuestión de experiencia me siento «en pañales», ha sido muy gratificante y espero continuar acumulando nuevas y buenas cosas».
Dainelis se nutre del aprendizaje constante y la admiración por colegas que, con su esfuerzo diario, le devuelven la fuerza para superarse. Esta joven tunera entiende que el periodismo se construye en el presente y ha hecho de la objetividad su estandarte.
«Es un camino complejo, pero ver a tus compañeros intentándolo, eso te inspira y devuelve la fe en momentos oscuros. Igualmente los testimonios de los más veteranos, ahí también surge una chispa para seguir aprendiendo.
«Cada persona que una entrevista o cada hecho al que se enfrenta al informar es algo mágico y la posibilidad que ofrece el periodismo, de cierto modo, ponerte en la piel de los demás resulta maravilloso».
Su historia revela que el periodismo, en su esencia más pura, es un oficio que se renueva con cada amanecer, se alimenta de la observación y se fortalece en la comunidad de colegas que comparten la misma pasión. Con su andar por Las Tunas, ella recuerda que, en el ritmo incesante de la noticia, siempre hay espacio para la humanidad y un regreso a casa.
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