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Marlenis, una maestra tan especial como sus alumnos

Las Tunas.-Casi medio siglo de trabajo en la Educación Especial tiene Marlenis Rodríguez Hernández. Se dice rápido y fácil, pero lo cierto es que hay mucha entrega y dedicación detrás de cada uno de los días consagrados a un oficio tan noble, como difícil.

«Los que trabajamos en esa enseñanza tenemos que tener una vocación de infinito amor, amor para transmitir, para dar, para educar; y enseñar a los niños desde la comprensión para que la mayor parte de su vida sea más feliz y llevadera. Es necesario darle más independencia. Yo digo que la consigna es: «¡Qué canten, qué bailen y qué sean felices!»»,  así, dice se transmite todo el amor que una pueda sentir por ellos.

El salón donde Marlenis imparte las lecciones es un espacio educativo y de recreación; un oasis que disfruta y comparte junto a sus alumnos, tan especiales como la maestra que les enseña a vivir. Tempranito, nos cuenta, llega y alista cada detalle para recibir a sus tres niños; cada uno con características que le hacen único.

«Preparo los medios de enseñanza y el tema con el cual voy a trabajar, tienen que ser instrumentos novedosos, que les resulten atractivos, que sean de su interés y teniendo en cuenta sus particularidades y edades. Utilizo láminas, canciones, visionaje…todo lo posible para captar su atención que es dispersa pues se concentran poco tiempo en una actividad.

«Les traigo juegos de cocina, y hacemos como que vamos a matar un pollo, un pato…diferentes comidas y, de esa manera, realizamos acciones que son parte de la vida cotidiana; todo lo cual les ayuda a ganar en independencia», explica quien tiene a la persona humana en el centro de cuánto se concibe y se hace en el aula.

Graduada de maestra primaria, luego se licenció como defectóloga e inició labores en la enseñanza especial; en este itinerario por la pedagogía no olvida los años que trabajó como maestra ambulante. Una etapa que le resultó maravillosa, «esos niños no podían asistir a la escuela pero necesitaban también de la enseñanza especial. No solamente ellos aprendían sino que también lo hacía yo», asegura mientras recuerda sus esfuerzos para que se sintieran, aún desde la distancia, parte de una escuela y de un colectivo.

En cualquier circunstancia, cree, sería educadora, es un camino que escogió y que ha vivido con sacrificio, preparación y mucho empeño; también con regocijo y satisfacción. Su mayor orgullo es encontrarse en la calle con quienes fueron sus pupilos y verlos independientes, ya trabajadores y con una vida activa en la sociedad.

Tantísimos alumnos, familias y años después de su nacimiento a la pedagogía, Marlenis continúan experimentando alegría infinita ante cada pequeña luz del conocimiento que enciende en sus alumnos. No obstante, concibe su trabajo como algo más que la instrucción, pues sabe, que en este y otros escenarios las esencias suelen ser invisibles y el alma de sus alumnos se talla en obra diaria.

«Tengo toda la disposición y la voluntad de compartir mis experiencias e inculcar a los jóvenes que cada vez hay que estudiar, leer, preparase, ser responsables, formar ejemplo y valores…esa es mi disposición, la de ayudar, hasta que mi salud lo permita; es la disposición de quien se siente útil y necesaria en el camino de la educación.»

 

/lrc/

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