Aseguran servicios pediátricos en Las Tunas ante impacto de la Covid-19
(FOTO/Internet)

El pediátrico de Las Tunas, un sello de modernidad a favor de la vida

Una de cal y una de arena, así se pudiera describir la política de los gobiernos de turno durante la República Neocolonial en Cuba, por millones eran los montos desviados de los “programas sociales” para engordar bolsillos de no pocos gobernantes y servidores públicos, historias más que conocidas sobran.

Desde que en 1926 Gerardo Machado creara el Ministerio de Obras Públicas se iniciaron trasformaciones fundamentalmente en la capital del país, grandes edificios, extensas avenidas, la carretera central…. que no fueron más porque parte del dinero aprobado para esos fines era el que precisamente era robado al pueblo.

En 1953 Fulgencio Batista con su golpe de Estado rompe con la institucionalidad del país, en sus intentos de mitigar su impopularidad y a la par del garrote su gobierno construye un grupo de obras de beneficio social, entre ellas hospitales, como el que construido para leprosos en la Sierra del Escambray.

Ese poco de suerte llegó al olvidado pueblo de Las Tunas y en 1956 se comienza a construir un hospital a las afueras de la ciudad, el cual fue concluido un año y medio después del triunfo revolucionario de enero 1959 e inaugurado el 28 de agosto de 1960, hace hoy 61 años.

Si bien ya al centro del pueblo, arquitectónicamente hablando, a partir de 1940 despuntaba una serie de edificaciones que comenzaban a suplantar el eclecticismo bajo el sello del Art-decó, quien aquí, al igual que en el resto del país, preparaba el camino para la entrada del ideal moderno en Cuba, abriendo paso y respondiendo a los valores éticos, estéticos y funcionales del racionalismo y la modernidad.

En medio de ese florecimiento urbanístico que encuentra en la ciudad de Las Tunas su más claro ejemplo en el conocido Reparto Aurora y otras aisladas edificaciones civiles y religiosas, nace lo que por entonces se pudiera llamar un grito de la modernidad en la arquitectura de esta comarca, el hospital Mártires de Las Tunas.

Para su construcción el ministerio de salubridad escogió un terreno en las afueras en un lugar más bien despoblado, que ofreciera un ambiente tranquilo, adecuado para los enfermos. Por aquel entonces no existían hospitales de categoría en esta región, solo algunas camas dispersas que no pasaban de 100, y algunas clínicas.

Se inauguró como Hospital General, tanto para niños como para adultos, por el entonces Ministro de Salud, el Comandante José Ramón Machado Ventura.

En su primer año de fundado el hospital solo tenía un médico por especialidades generales y un número reducido de enfermeras y técnicos. Contaba con un estimado de 80 trabajadores y 96 camas, se prestaban los servicios de Pediatría, Cirugía, Dermatología, Medicina, Ortopedia, Urología, Oftalmología, Anestesiología, Radiología y Anatomía Patológica.

A partir de 1971 crece el número de camas a 232, se crea el Departamento de Anatomía Patológica, se amplió el Cuerpo de Guardia, se adquiere una nueva planta eléctrica, se moderniza la cocina y se compra una mesa para el Salón de Operaciones, además se adquiere otra autoclave.

En 1978 se obtiene el equipo de Rayos X para el Cuerpo de Guardia y se amplía el Laboratorio Clínico. En junio de 1980 la cantidad de camas ascendió a 212 y pasó a ser Hospital Pediátrico Provincial, pasando los servicios generales al nuevo Hospital Ernesto Guevara de la Serna, con lo que se logró así un gran salto de calidad en los servicios de la Salud de la Provincia.

No pocos son los niños que han sido salvados y han mejorado su calidad de vida, en este hospital pediátrico, uno de los dos con que cuenta la provincia. Este 28 de agosto la celebración ha tenido que ser de una manera diferente, arrebatando vidas a la pandemia de la Covid-19, pues aquí como en el resto del país crece el contagio en los menores de 19 años.

El tiempo, sin dudas, ha hecho estragos en la arquitectura y fisonomía de este hospital, al cual en las últimas décadas no se le han podido realizar las necesarias reparaciones por las conocidas carencias y necesidades que atraviesa la economía cubana. Tampoco se ha podido concluir una necesaria ampliación.

Todo ello no impide que esta institución sanitaria, Vanguardia Nacional y colectivo Moral de la Salud Pública Cubana, sea un orgullo para los tuneros de hoy, como lo fue arquitectónica y socialmente para los tuneros de ayer.

/mga/

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