Un enfermero en el frente de batalla
Yusdel, a su llegada a Las Tunas. (FOTOS del autor).

Un enfermero en el frente de batalla

Cuando Yusdel González Ravelo miraba a su alrededor el pecho se le apretaba. Estaba en la región de Urraco, en Honduras, donde dos poderosos huracanes: Iota y Eta, habían dejado una estela de desastre y tristeza, con cientos de casas inundadas y muchos lesionados.

«El panorama era difícil y nosotros comenzamos a atender a los damnificados por los fenómenos meteorológicos. Después de terminar de asistir a los lesionados por los huracanes comenzamos a trabajar en el enfrentamiento a la Covid-19, con pesquisas casa a casa, tratábamos con sospechosos y casos positivos que no tenían posibilidad de ser atendidos en centros asistenciales y pasaban la enfermedad en sus casas, muchos de ellos morían. No había percepción de riesgo, les demostrábamos las afectaciones de la covid y no lo entendían en un primer momento, pero con nuestro trabajo logramos que comenzaran a protegerse».

Yusdel es licenciado en Enfermería, integra el Contingente Internacional de Médicos Especializados en Situaciones de Desastres y Graves Epidemias Henry Reeve, y hace solo unas horas regresó a la provincia de Las Tunas con la brigada que laboró, además, en Venezuela y México; y habla de la expectativa cuando llegó al país centroamericano.

«Iba para una situación de contingencia, en la cual no tenía experiencia. Íbamos preparados para dormir en casas de campaña, en condiciones difíciles, y eso es lo que me gusta, ponerme retos. Fue retador conocer al pueblo hondureño pero sobre todo enfrentarme a situaciones de salud que aquí no las tenemos, ni te la imaginas».

Pertenecer al Henry Reeve requiere de muchos sacrificios, de entereza para enfrentar las más duras contingencias y Yusdel, ya de regreso a la Patria, reflexiona sobre el impacto que le causó su estancia en Honduras.

«Lo que más me impactó fue la falta de percepción de riesgo, la cantidad de mujeres y niños, familias con 12 y 13 hijos, la falta de alimentos; comen una harina con base de cal, y hay muchos problemas de gastritis y otras complicaciones estomacales. Con nuestro dinero ayudamos a la alimentación de algunas personas que no tenían comida para darle a los niños.

«El trato de la población con los médicos era extraordinario. Era como si llegara Dios. Los cubanos no cobran, los cubanos dan medicamentos, repetían una y otra vez y nos trataban muy bien».

Después de trabajar en Urraco se fue al departamento del Yoro, donde la Covid-19 mataba sin piedad y, acompañado por un médico y dos especialistas de higiene y epidemiología, llegaron hasta los lugares más intrincados, donde nadie nunca había entrado y reconoce el tratamiento que tuvo la población con ellos.

Sobre su regreso a Cuba, señala que sentía mucha alegría al saber que volvía, «que iba a ver a mi familia y que llegaba con la satisfacción del deber cumplido. Asistimos a más 30 mil personas en tres meses. Superamos nuestras expectativas y dejamos enseñanzas en quienes atendimos. Fui útil, y la alegría de ser útil es lo que más satisfacción le da a los profesionales de la salud».

Yusdel tiene 36 años de edad y labora en la sala de neurocirugía del Hospital General Docente Ernesto Guevara, el principal centro asistencial de Las Tunas y ya había visitado los Emiratos Árabes Unidos en lucha contra la Covid-19. Ahora se incorpora a sus labores habituales, pero siempre listo para cuando sea llamado partir hacia cualquier lugar, para seguir ayudando a los pobres de este mundo.

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