25 años de la última visita de Fidel a Jobabo

25 años de la última visita de Fidel a Jobabo

Jobabo.- Corría el año 1996, más de tres mil trabajadores azucareros de Jobabo hacían hasta lo imposible para cumplir el plan azúcar de ese calendario. Los agrícolas protagonizaban su parte y los del ingenio buscaban mayores rendimientos durante el proceso fabril.

Pero el 31 de marzo de ese año no sería una jornada como las acostumbradas para los hombres de las cañas y del azúcar. Ese día llegarían a la añorada meta, con más de 23 mil toneladas de crudo, nunca antes lograda en el ingenio Perú cuyos trabajadores siempre fueron hombres dispuestos a vencer retos y adversidades.

 Desde temprano en la mañana del 31 de marzo de 1996 se ultiman detalles en los cañaverales y se engrasan los mecanismos porque ese día el pitazo del central estaría matizado por la multiplicación, una y otra vez, de diversos colores y de un intenso olor a melaza que ya desbordaba las sonrisas de los que derramaban sudor para llegar al éxito.

Todo fluye sin contratiempos. A las 11 de la mañana se da el tradicional parte desde la sala de control y análisis. Ya falta poco para que llegar a la meta, todos expectantes, avanza la jornada, el sudor aprieta, los trabajadores no toman descanso, los directivos no cesan de comunicarse por  boqui toqui y las preguntas no acaban.

A las afueras del ingenio y en muchas partes, vehículos ligeros parqueados. En los organismos mucha gente. Nadie sabe que pasaría más tarde, pero la intuición del ser humano es poderosa. Algún alto dirigente vendría a celebrar junto al pueblo el triunfo de los azucareros. Lo que nadie imaginaba quien podría ser la personalidad que visitaría.

Pasada las 3.30 de la tarde, en medio de un ardiente sol de aquel 31 de marzo irrumpe una caravana, todavía se desconoce la presencia de la figura que ya estaba in situ. Pasaron unos minutos para que muchos dijeran casi al unísono. ‘’Fidel está en Jobabo’’. El Comandante en Jefe había ido antes a la sala de análisis del central.

Poco tiempo después ascendía majestuoso, viril y sonriente las escaleras de la plaza cultura de La Punta donde acudieron esa vez miles de pobladores de la ciudad cabecera y de los barrios de la periferia. Querían ver y saludar al líder, al hombre que triunfó en la Sierra Maestra, al hombre que atacó el Moncada, al que desafió el peligro en Girón, al que nunca el enemigo pudo arrebatarle la vida con sus planes homicidas.

Fidel había llegado a Jobabo para reconocer el triunfo de los azucareros, a quienes agradeció la meritoria labor desplegada en 73 días de zafra. Allí entregó diplomas a los más destacados en la contienda.

Pronunció un elocuente discurso en el cual señaló que los azucareros habían logrado récords históricos que implican un gran mérito, una gran voluntad y un gran esfuerzo, según sus palabras.

Así transcurrió aquella tarde en que todavía muy celosamente guardamos los recursos de un líder que no escatimó nunca criticar lo que no se hacía bien pero elogiar y reconocer los resultados. Ese era el Fidel que nos trajo paz, soberanía, igualdad, salud y educación gratuita, las más nobles y humanitarias conquistas de una revolución que no se detendrá jamás. (Tomado de Radio Cabaniguán)

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