Mujeres del campo: Onelvis, crecerse en el tiempo y saltar las barreras
Onelvis, en su cuartel general de la cooperativa Maniabo. (FOTO del autor).

Mujeres del campo: Onelvis, crecerse en el tiempo y saltar las barreras

El día que Onelvis Barredo Hidalgo llegó a la Unidad Básica de Producción Cooperativa (UBPC) Maniabo, en el municipio de Las Tunas, todos los hombres quedaron admirados por la belleza de aquella jovencita con título de ingeniera pecuaria, que llegaba allí para cumplir su servicio social, procedente de Granma, su provincia natal.

Sin embargo, desde ese mismo momento, aquella admiración fue respetuosa, porque los ganaderos no son hombres de andar faltándole a las damas, y por el contrario la acogieron en su seno como si la conocieran de toda la vida.

De eso han pasado más de 32 años. Fue en 1988, en tiempos en que la Maniabo era una referencia en la ganadería y la producción de leche, guiada por la inteligencia y la dedicación de Luis Fonseca, un hombre que en eso de vacas y terneros tenía una brillante hoja de servicios, a pesar de su juventud, y ella sigue ahí, apegada a la finca grande que conoce sus secretos, sus alegrías, sus desvelos, que la ha visto crecer profesional y personalmente.

«Llegué aquí como técnica de nivel superior en la cría y el desarrollo de la ganadería y después pasé directamente a la producción de leche con los animales adultos, técnica de recría, hasta jefa de alimentación», rememora al paso de tantos años.

Entrevista en audio

«Los 23 años constituyen una bella etapa, acabada de graduar, con toda mi juventud encima. Ese año 1988 fue muy bueno, luego vino una etapa de crisis, de reubicación en el trabajo hasta que volví al mundo de la ganadería de manera directa. Los años han pasado y ha sido complejo por ser madre, porque no puedo dedicarle el tiempo necesario a la familia, porque aquí llego a las 6:00 de la mañana y regreso a casa en la tarde noche».

Mira por la ventana de su oficina hacia los alrededores, donde las ocas son las dueñas del patio de la casa administrativa. Su mirada se pierde hacia allá, donde están las vaquerías, donde sus obreros se empeñan cada día en aumentar la producción de leche, un alimento vital para la población, pero sobre todo para los niños.

Ahora mismo está sentada en el asiento que una vez ocupó Luisito, como lo llaman casi todos. Y reconoce que su estrategia de darle fogueo en todas las áreas para aprovechar sus conocimientos universitarios y darle pleno desarrollo como técnica de la ganadería y los pastos y forrajes, le ha servido para toda la vida.

«Eso siempre lo agradecí, desde el primer momento, porque me permitía formarme desde la base junto a los ganaderos jóvenes y los de mayor experiencia, como el posgrado práctico que necesitaba después de la Universidad. Luisito fue, y ha sido desde entonces, muy importante en todos los sentidos de la vida».

Aquellas oportunidades las aprovechó al máximo, porque aquel entrenamiento la preparó para la vida en la ganadería, y aunque su mayor satisfacción era estar directamente vinculada a la producción y nunca pensó en ser jefa, en 2010 la eligieron presidenta de la unidad, lo que para ella tenía una doble connotación: dirigir a tantos ganaderos en esencia tenía sus complicaciones, y ocupar la vacante que había dejado Luisito, con resultados muy significativos, difíciles de igualar, y porque además para ese tiempo ya era su esposo.

Cuando Luisito se fue hubo como una ruptura en lo que hacía en Maniabo. Se iba su compañero, pero sobre todo quien la guiaba en todo el trabajo.

«No, nunca pensé irme. Tenía definido mi trabajo, un sentido de pertenencia muy grande con la cooperativa, y a pesar de que él se fue yo me quedé con mis deseos de trabajar aquí y por eso me mantengo. Este lugar me atrapa y no me suelta, tanto en las etapas buenas como en las malas, porque hemos pasado por muchas y diversas etapas, buenas y malas. Hemos tenido momentos de felicidad y de tristeza».

«Creo que en el 2013 tuvimos un año muy bueno, después de dos años difíciles, como el 11 y el 12, por la intensa sequía. Lo disfrutamos todos: casi en cero la mortalidad, no hubo
hurto y sacrificio y un incremento productivo muy alto. Pero sin dudas el 2020 fue el
peor de todos, de muchas pruebas, por una intensa sequía que nos hizo mucho daño en todos los indicadores. Después la covid-19 que nos frenó las gestiones acostumbradas, el 
bloqueo que limitó los recursos».

Con relación a su desempeño al dirigir a tantos hombres, y ganaderos por demás, con su
forma peculiar de ver la vida no lo cree difícil, porque se formó con ellos. «Fui 
compañera de labor de todos y al asumir el cargo no me vieron como una más, que al
igual que ellos conocía su mundo y su trabajo. Nunca ha existido una diferencia ni una
situación por nada, y nos hemos entendido porque salí de la base. El respeto ha sido
mutuo, siempre el respeto en las unidades, en las asambleas, en las actividades
festivas».

De su hijo con Luis Fonseca habla con pasión, como todas las madres, pero con un orgullo evidente no solo por lo que es, sino por lo que hace.

«Nuestro hijo hoy tiene 23 años. Nos salió de oro. Se hizo técnico veterinario y hoy está en cuarto año de ingeniería agrónoma, trabaja con su papá en la finca que tenemos, muy dedicado, de todos los días, desde la madrugada hasta la noche, serio, responsable, ha formado una familia porque tiene una niña. Ha sido como una bendición de Dios.

«¿Cuándo estoy lejos de Maniabo? -ríe con ganas-. Es que casi siempre estoy aquí. Aunque hago el tiempo y lo aprovechamos al máximo porque es poco. Además de ganadería en la finquita tenemos cultivos varios, producimos alimentos por nosotros mismos, también tenemos ovejos. El momento siempre lo sacamos, lo discutimos, tomamos decisiones, todos somos dueños y disponemos de lo que tenemos. Es un trabajo en familia espectacular».

Y ahora sus ojos resplandecen como nunca. La pregunta la toma por sorpresa y piensa un instante, con su mirada allá en La Larga, un pequeño poblado aledaño a la ciudad de Las Tunas, donde está la niña.

«Mi nieta es… el impulso. En esta etapa de nuestras vidas nos da el aliento, la alegría, nos saca del paso cuando tenemos un problema. Es nuestra mayor alegría».

Nos enseña el móvil con fotos de su nieta, su hijo, su esposo, la familia. Onelvis es una mujer que ha sabido crecerse en el tiempo, sobreponerse a las dificultades, saltar las barreras, porque para nada es fácil dirigir una cooperativa, ganadera por demás, que le consume la mayor parte del tiempo mientras su familia todos los días la espera allá en su finquita, y la reclama. Pero es feliz, plenamente feliz. Porque ella, su esposo y su hijo se dedican a la labor agropecuaria y siempre encuentran el momento para estar juntos. Y eso cura las magulladuras propias de los tropiezos, de la vida.

/nre/

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