Máximo Gómez, padre de familia y del Ejército Libertador cubano
El Generalísmo Máximo Gómez Báez. (FOTO/Internet)
Historia

Máximo Gómez, padre de familia y del Ejército Libertador cubano

Máximo Gómez Báez, el dominicano-cubano que hizo heroicidades en Cuba como general en la Guerra de los Diez Años y  General en Jefe de las tropas revolucionarias en la Guerra de 1895, dijo adiós a la vida hace 115 años, pues dejó de existir físicamente el 17 de junio de 1905.

De sus proezas como guerrero resalta la dirección de la primera carga al machete en Cuba, que introdujo en este país y se convirtió, combinada con la caballería, en el arma más temible del ejército. En la provincia de Las Tunas, sobresale la batalla de Palo Seco, al sur de Jobabo, una de las más trascendentales de sus muchas hazañas militares. Ocurrió el 2 de diciembre de 1873, cuando utilizó la táctica del lazo para vencer a unos 600 enemigos españoles en aproximadamente 30 minutos.

Mas, en este junio que evoca siempre al amor a los padres, dedicaré unas líneas él como progenitor de 16 hijos. A pesar de la pobreza en que vivieron, nunca los educó en el trueque de cosas materiales a costa del prestigio personal.

Así escribió el Máster en Ciencias Históricas Antonio Álvarez, de la Universidad de La Habana: “Fue un hombre que tuvo la capacidad de amar en el transcurso de la vida, a la par de ser héroe, combatiente y revolucionario, fue también padre y héroe como cualquier otro”.

Se ha escrito que sus hijos Ignacia, Laíto y Francisco, le llegaron muy joven en República Dominicana, fuera del matrimonio. Luego en Cuba, con Bernarda Toro (Manana), en una unión de 35 años, concibió 11 hijos; y en la década de 1880 le nacieron Antonio Romero y María Teresa Tavel.

Era un hombre que educaba a sus hijos como hicieron con él en aquella época: una formación autodidacta, donde la primera instrucción corría por la familia con función educativa y valores morales, cuando no faltaba el catecismo y los bautizos.

Para Gómez había valores esenciales: el espiritual y la humildad. De ahí que su familia -de gran pobreza material- fuera de una inmensa riqueza sentimental, signo con el que llevó su vida.

Gómez y Manana sufrieron la pérdida de cinco hijos. Lo primeros, Margarita y Andresito, murieron de inanición en la Guerra de los Diez Años, en medio de las durezas de la manigua. Los segundos fallecieron en la Tregua Fecunda por enfermedades, y Panchito fue el que prefirió caer al lado de su General Antonio Maceo, en el combate de San Pedro. “El Viejo”, como era conocido por sus allegados, se llenó de pesar al conocer la triste noticia. Su pena la dejó plasmada en carta a María Cabrales, esposa de Maceo.

A pesar de estos golpes de la vida, Máximo Gómez no abandonó la Revolución, y a pesar de saberse jefe imprescindible por su genialidad militar y otros valores, no pidió un centavo; mas se preocupó constantemente por los suyos.  En 1879 desempeñando al grado de general de división en Honduras, y la misión inmediata de organizar una fuerza militar permanente en Amapala, ante dificultades de su familia en República Dominicana, pidió permiso al presidente de ese país para reunirse en Jamaica con ella, símbolo de lucha independentista para las generaciones de 1868 y 1895, y símbolo de valor para las que vinieron luego.

/nre/

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