Juan Carlos y sus cinco mil 500 pollos
Juan Carlos Ponce de León apuesta por ver entre las dificultades nuevas oportunidades. (FOTO/De la autora)
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Juan Carlos y sus cinco mil 500 pollos

Las Tunas.- A la salida de esta ciudad rumbo a Manatí, poco después de lo que fue el aeropuerto Hermanos Ameijeiras, un portón oscuro da paso al reino de Juan Carlos Ponce de León, un joven de la provincia de Las Tunas a quien le gusta vivir cómodo; pero, con el sacrificio que hacen sus manos.

Inicialmente se dedicó a la crianza de cerdos; pero, de un tiempo a la fecha se hizo muy difícil seguir con los convenios porcinos y respondió al llamado de la Empresa Avícola local. De ese modo se incorporó al engorde de pollos.

Con urgencia cambiaron sus rutinas y por delante tuvo un cúmulo de trabajo.  Hizo adaptaciones en las naves que antes tuvieron cerdos y puso a prueba su talento para lograr más producciones, con menores afectaciones al entorno.

«La crianza de pollos es una alternativa rápida de alimentos. Yo me sentía bien con la Empresa Porcina; pero, no niego que con la Avícola estoy de maravillas. Les estoy muy agradecido porque son responsables, preocupados con los productores. Me supervisan y me guían. Ya verán los resultados.

«Me han dado algunos medicamentos y otros recursos, pocos, porque no hay. O sea, no me han entregado el módulo que lleva la crianza de pollos. Pero, se está haciendo lo que se puede».

Y es así. En toda el área se ven varias inventivas que prueban la voluntad innovadora de este productor no especializado, quien recurrió a las más disímiles ideas.

«Hemos creado muchas cosas. Hicimos los bebederos con tubos y con lo que aparezca. Los comederos son de latas y con partes de cubos plásticos porque no tenemos otros recursos para la crianza de pollos de ceba.

«Tengo capacidad para cuatro mil animales pollos y tengo exactamente esa cifra. Por suerte, la mortalidad ha sido muy poca. Ellos van progresando muy bien y el promedio es el adecuado. Los cuido y los tengo ubicados como establece el manual. Por cada metro cuadrado, diez pollitos.

«Comencé el día primero de mayo y mis aspiraciones son llevarlos entre cinco y siete libras, en los 42 días que los tendré, según el convenio».

Muy motivado, Juan Carlos decidió, entre tantas cosas, cuidar del entorno. Cree que la naturaleza da lo que se necesita; pero, para lograrlo, las producciones deben ser amigables con el medio ambiente.

«Aquí hay tres naves y para poder criar a los pollitos se hace una cama profunda, o sea, materiales que recojan la humedad.  Pretendo, cuando saque los pollitos, usarla para fertilizar los cultivos, como materia orgánica.

«Otra cosa, el agua de tomar los pollitos proviene de un pozo artesiano. Está conectado a un tanque madre, el cual le da a los tanques que se ubican dentro de las naves, bajo techo, para que los animales la puedan beber con frialdad.

«El agua que uso para el enfriamiento de los techos; o sea, para refrescar a los pollos en las horas de sol intenso para que no se ahoguen, es aprovechable. Cae del techo y retorna nuevamente a la presa. Es agua limpia y no se contamina con nada».

Constantemente este joven tunero tiene ideas para incrementar las producciones y aprovecha casi todos los minutos del día, sin obsesión, solo con el buen deseo de hacer más.

«Tengo algunas siembras. Son siete hectáreas de maíz, tres de yuca, una de frijol, y una y media de plátano.

«Estoy en un proyecto de Prodecor (Proyecto de Desarrollo Rural Cooperativo en la Región Oriental) relacionado con la producción de maíz. Ahora tengo entendido que ese mismo maíz me lo pueden asignar para aumentar el peso de los pollos.

«Realmente la empresa me exige 1.8 kilogramos por pollo; pero mi aspiración es llevarlos a mucho más peso. Ya veremos los resultados.

«Aparte de los cuatro mil pollos de ceba, también incrementé la crianza de pollos rústicos. Son 500 que tengo con el objetivo de producir huevos para los trabajadores de aquí y para la Zona de Defensa, para ayudar a las familias en medio de esta situación por la enfermedad Covid-19.

«También tengo mil pollos camperos, que en 70 días están listos para entregarlos y que se vendan a la población de aquí».

Poco a poco, este asociado a la Cooperativa de Créditos y Servicios Carlos Sosa Ballester, de Veguita, en el municipio de Las Tunas, mejora las condiciones de su rebaño de pollos. Aprovecha los medicamentos y otros recursos entregados por la Empresa Avícola y se nutre de experiencias ajenas para que sus animales lleguen al peso establecido.

Está consciente de la utilidad de su labor y sin exceso de orgullo se siente satisfecho y motivado a seguir criando para sustituir importaciones y ayudar a la alimentación de sus vecinos.

/nre/

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