El rostro de Cuba en los ojos de un italiano
Franco, en el Valle de Viñales. (FOTO /Facebook).
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El rostro de Cuba en los ojos de un italiano

“Aunque yo sea guajiro natural, no te equivoques (…)”. De vez en vez en la casa de Franco esta es la melodía que inunda los espacios. Así, él construye un pedacito de Cuba en su amada Italia, en medio de la distancia que separan a países ubicados en diferentes continentes.

Cuando escucho en su voz una versión europea de la canción, no puedo dejar de pensar que la palabra “guajiro”, para muchos no tiene el menor brillo; hay quienes incluso se sienten ofendidos cuando su sombra semántica los acoge o para decirlo en buen cubano, “se les cae el traje de guajiro natural”;  pero no por demeritado en algunos casos, este vocablo se despojó de su esencia humilde. Y al escuchar al amigo italiano de Cuba cantar esta canción, yo, que me disponía a encontrar las razones de su amor por mi tierra, voy adivinando las mías.

Franco Tonon, secretario del Círculo de Amistad Italia-Cuba en Lodi, ha pisado suelo cubano en 16 ocasiones. En su andar solidario por la Mayor de las Antillas ha dejado su huella en escuelas y hospitales a través de la brigada Giovanni Ardizzone. Este es el proyecto que ha unido a cubanos e italianos en función de la reparación de instituciones de impacto social. Franco siente un amor especial por mi Cuba, lo lleva en venas. A primera vista, la mariposa con la bandera cubana en su foto de WhatsApp, lo demuestra.

El rostro de Cuba en los ojos de un italiano
Integrantes de la brigada Giovanni Ardizzone durante su estancia en una escuela de Las Tunas.

Nuestro arte a menudo cautiva a los visitantes, incluso a los italianos, herederos de uno de los pilares de la cultura universal. Franco Tonon reconoce este hecho pero muestra cierta nostalgia cuando confiesa que allá generalmente “las personas no conocen de estos temas o se muestran desinteresadas”.

“Cuba es un pueblo que tiene una profunda historia y su gente la conoce bien” – sentencia-. No sabría cuánto llevarme de la cultura cubana, canciones, esculturas… Solo sé que serían muchas cosas, muchas cosas”.

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Franco en un acto de sinceridad declara que ese gusto por el arte cubano, no lo comparte por nuestro vino. Sonríe y dice: “sin comentarios, sigamos siendo amigos”. Yo, cubana al filo de la navaja, recuerdo la frase del Héroe Nacional de Cuba José Martí: “Nuestro vino es amargo, pero es nuestro vino” y no puedo evitar visualizarme en varios recuerdos felices disfrutando de esa bebida.

Y en el proceso en que descubro a mi Cuba, a través de una voz y acento desconocidos, comprendo que aquella palabra, “guajiro”, encontró la forma que no tuvieron otras, de cruzar fronteras y tocar el alma de muchos.

Imagino cuánto calor pueden sentir mis hermanos cubanos, salvadores de vidas en las ciudades de Turín o Crema, si escuchan a cualquiera mencionarla. Ahí, adquiere su sentido a plenitud.

El rostro de Cuba en los ojos de un italiano
Franco, a la izquierda, durante un desfile por el Primero de Mayo en Las Tunas. (FOTOS /Itsván Ojeda).

Dice Franco: “La llegada de las dos brigadas de médicos cubanos es una gran lección humana y política. Comprueba que la medicina y la cultura para ustedes están en primer lugar; que la salud pública da resultado, no como aquí donde la tendencia es privatizarla cada vez más; demuestra lo que Cuba piensa, que ayudar a los demás es un valor fundamental”.

“El mundo ha podido constatar la generosidad del pueblo cubano. Cuba despliega su ejército de médicos contra otros que causan guerras y muertes. Incluso muchos que están en lados políticos opuestos juzgan esta obra de forma positiva. Estar con nosotros en un momento tan difícil, es un hecho que perdurará luego de pasada esta tormenta. Sí tengo que decir algo muy personal, esto es un ejemplo de solidaridad cubana que me ha llenado de mucho orgullo”.

Orgullo digo yo, con esa sensación que eriza la piel cuando reconozco la estrella de mi bandera en los ojos de personas en todas partes del mundo, cuando escucho aplausos de manos extranjeras hacia un cubano, cuando un corazón regresa a su latido gracias a uno de nuestros médicos, o cuando sostienen la mano de aquel que ya no estará. Orgullo siento yo cuando el amigo italiano habla de Cuba y llena cada espacio de su hogar con una canción de Polo Montañez.

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