Un cantor de la tierra
Juan Benigno Reyes Cruz (Ningo). (FOTO/Del autor)

Un cantor de la tierra

A los 89 años de edad, Juan Benigno Reyes Cruz (Ningo), sorprende con sus lúcidos versos dedicados a Limones, confirmando que es un auténtico cantor de la tierra. Esta vocación la cultivó en esa finca porque allí surgió a principios del siglo XX un importante movimiento cultural que fomentó el gusto por la literatura, el teatro y la décima improvisada, a tal punto que, junto a él, se desarrollaron otros dos improvisadores: Marino Leyva y Andrés Pérez, cuyas obras aún anónimas trascienden hasta la actualidad.

Amparo Elpidia Labrada Peña, la primera nieta del matrimonio constituido por Miguel Peña Cruz y Balduvina Bruzón Leyva, fundadores de la hacienda de Limones en 1886, mucho tuvo que ver en ese proceso de formación cultural; su esposo Felipe Salazar Escalona, contrató a un experimentado veguero de vueltabajo para que se ocupara de ese cultivo. El vueltabajero, como le llamaban, era un ávido lector y Amparito aprovechó esa vocación y lo subcontrató para que, alumbrado con una lámpara de carburo, leyera poesía y narrativa contenidas en obras de la literatura cubana y universal[1], con la finalidad de entretener a los vecinos que acudían a su casa por las noches. Y con esa iniciativa que facilitaba el goce  espiritual que producen las letras ilustradas, hombres y mujeres sencillos del campo despalillaban tabaco, desgranaban maíz, zurcían ropas, desmotaban algodón, tejían empleitas, y realizaban otras manualidades sin remuneración alguna, solo por el placer de agradar y servirle a la familia que les garantizaba empleo todo el año.

Esta tradición se arraiga al llegar a la zona en los años treinta el matrimonio formado por Mario Rafael Reyes Pérez y Lucinda Cruz Peña, provenientes de Velazco, Holguín, quienes  además del espiritismo de mesa, trajeron  el gusto por  el teatro y la décima improvisada.

Ellos fundaron el grupo Fraternal integrado por los espiritistas del barrio, y con las finanzas propias construyen un centro espiritual devenido institución para la educación y la cultura. De lunes a viernes funcionaba como escuela y  los sábados, luego del oficio religioso, se convertía en escenario para la representación de las comedias escritas en cuartetas y décimas por Mario Rafael, de las cuales se conservan tres obras, y por supuesto se cantaba el punto cubano y se bailaba el son montuno.

Del matrimonio de Lucinda y Mario Rafael nace el 2 de agosto de 1931, Ningo, quien desde muy niño participa tanto en el ritual como en las veladas culturales, donde  comienza a manifestarse como improvisador. Su formación en el repentismo poético fue autodidacta, teniendo como patrón a Juan Cristóbal Nápoles Fajardo, El Cucalambé, y a sus dos maestras, las hermanas Susana y Cecilia Peña, «ellas no producían décimas, pero sí me ayudaron mucho, tenían un refinado gusto por la literatura y la poesía, lo que les permitió orientarme adecuadamente para desarrollar  mi vocación».

Aún cuando no había cumplido los 12 años ya Ningo tenía dominio de la estructura de la décima espinélica, favoreciéndole  su participación en programas radiales de Las Tunas.

Ya de adulto declina la prometedora carrera en el punto cubano para dedicarse, dada su religiosidad, al recogimiento espiritual y al cálido regazo familiar. Ahora, convaleciente de las enfermedades propias de sus años, se dedica en su la casa del Reparto La Loma en ciudad de Las Tunas, a dictarles a sus nietos las décimas correspondientes a una larga producción, aún anónima, y su ser creador sin tener en cuenta tales limitaciones, lo sorprende de cuando en cuando con una nueva composición.

Estas cuatro décimas son de las rescatadas del olvido, compuestas en  la década del  50. Dos de ellas fueron improvisadas el 2 de agosto del 2015, día que cumplió 84 años de edad. (Leonel José Pérez Peña)

Rápido como una flecha[2]

escojo mi mejor frase,

porque  así es como se hace

una décima bien hecha.

Será mi mejor cosecha

hacer las recordaciones,

de aquellos viejos rincones

que recordamos con gozo,

los años maravillosos

que vivimos en Limones

 

Quiero verte en la piscina

con un playero a la moda

exteriorizando toda

tu belleza femenina.

Quiero ver la serpentina

ondear sobre tu cabello,

quiero ver tu cuerpo bello

gozando de salud plena,

y ponerte una cadena

de oro macizo en el cuello.

 

Si hablas de  las oceánicas[1]

yo te hablo de las ibéricas,

te describo las Américas

y sus regiones volcánicas.

Y hasta las islas británicas

que son de la Europa histórica;

y con la misma retórica

te describo desde un piélago,

al antillano archipiélago

de formación madrepórica.

 

Se oye el rumor del riachuelo,

la tarde viste de calma

y el capullo de la palma

apunta al azul del cielo.

El sinsonte rinde vuelo

de un lado al otro del río,

buscando el árbol sombrío

donde trinar se hace rima,

porque no existe otro clima

tan alegre como el mío.

[1] Esta décima la improvisó en la década del 1950 en la controversia que sostuvo con el Sinsonte Guacimero, poeta experimentado de la Provincia de Holguín que vino a uno de los certámenes poéticos que se organizaban en Limones. N del A.

[1] El destacado locutor de Radio Victoria, Oraldo Solís Peña, desaparecido en lamentable accidente,  comentó en entrevista con el autor, 2001 que esas lecturas forjaron su  gusto por la poesía porque desde muy niño su mamá le recitaba “las Cataratas del Niágara” de Nicolás Heredia, aprendidas de memoria de la voz del vueltabajero, sustituido solo por el alcance de la radiodifusión después de 1930. N del A.

[2]Décima improvisada el día 2 de agosto 2015, cuando cumplió 84 años. N del A.

/nre/

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