Tres rostros femeninos de la agricultura sostenible en Las Tunas
Vidalina Ferrás López ama la tierra que por generaciones ha pertenecido a su familia y que hoy le rinde frutos. (FOTOS/István Ojeda Bello)
Las Tunas

Rostros femeninos de la agricultura sostenible en Las Tunas

Vidalina, Martha y Georgina son la máxima expresión de la mujer campesina de este siglo. Ellas saben de color, sabor, textura, olor de los productos alimentarios, saben cuándo la semilla no es buena, cuando el agua no puede ser usada, cuando sembrar y cuando no hacerlo. Saben que la naturaleza es un premio maravilloso y no puede ser despojada, ni atropellada. Respetan y aman la tierra como a su propia sangre. La variabilidad climática necesita de productores que ayuden a sanar los suelos y ellas, las tres, colocan su magia y saberes, en pos de seguir dando y fortaleciendo la vida.

LA TIERRA LO DA TODO

La finca es su imperio y ella así lo siente, bien pudiera contarse allí la historia de su familia pues les pertenece desde los años 20 del pasado siglo. Los aires del lugar son innegables: huele a prosperidad, a pasión por la vida en el campo y también a la responsabilidad de romper antes del alba con las faenas diarias sin importar que haya viento o lluvia.

Vidalina Ferrás López nació y se crió allí, en la propiedad 9 Palmas, ubicada en El Yarey de Vázquez, municipio de Puerto Padre. Todavía asombrada nos cuenta que ni ella misma sabía que le gustaba tanto producir. La vida la llevó por otros rumbos y durante muchos años trabajó en la talabartería de Puerto Padre, pero urgencias familiares le hicieron volver a donde todo comenzó. Ahora siente que se levanta todos los días en el lugar exacto donde quiere estar.

En audio testimonio de Vidalina Ferrás:

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CONSERVANDO EL FUTURO

Tres rostros femeninos de la agricultura sostenible en Las Tunas
El proyecto de la cámara de conservación de semillas es un sueño logrado de Georgina. (FOTO/Liliana Gómez Ramos)

Después de las 5:00 de la mañana no hay fuerza capaz de mantener a Georgina Martínez Turruelles bajo las sábanas. El gallo comienza su cantío y ella ya tiene los pies bien puestos en la tierra, porque dirigir la CCS Justo Bruzón de la localidad de Jesús Menéndez y coordinar su programa de conservación de semillas no es cosa de juegos.

Su mayor orgullo es la cámara de conservación de semillas, también la causa de algunos desvelos. Fue la primera que existió en la provincia, hace más de tres años y es la niña de sus ojos. Les ha reportado un beneficio económico considerable, que han podido emplear en la reparación de la infraestructura de la cooperativa, el pago de salario a trabajadores y la estimulación a productores destacados.

En audio testimonio de Georgina Martínez:

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LAS POSTURAS DE MARTHA

Tres rostros femeninos de la agricultura sostenible en Las Tunas
La incorporación de mujeres al trabajo agrícola ha sido uno de los principales resultados del trabajo de Martha.

Si un hombre escribiera estas líneas probablemente dijera que Martha Orcell Adeis es una mujer “con los pantalones bien puestos”, “de pelo en pecho” y sabrá Dios cuántas cosas más. Algunos de los que están bajo su mando en la CCS Gonzalo Falcón del municipio de Manatí  piensan, aunque no se atrevan a decirlo en voz alta, que es demasiado imponente, probablemente porque no se anda con rodeos, llama a las cosas por su nombre y hace cumplir a “rajatabla” lo correcto, lo que es mejor para todos.

El colectivo la respeta y sus méritos hablan de lo incansable de su espíritu, aunque los años no pasan por gusto y toda una vida de sacrificios aflora en sus ojos. Aún recuerda cuando cerraron el central Manatí y desintegraron la UBPC Mártires de Manatí en la que se desempeñaba como presidenta. De pronto se quedó sin empleo y tuvo que incorporarse a la tarea Álvaro Reinoso, en la que cobraba un salario mínimo por estudiar, una iniciativa que protegió a miles de obreros tras el cierre de muchos centrales en Cuba.

En audio testimonio de Martha Orcell:

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Han transcurrido varias décadas de la lucha por la tierra en nuestro país, de cuando se habló por vez primera de reforma agraria, de derechos individuales y de qué la tierra tiene que ser de quién la trabaja. Hoy los problemas son otros y el reto es asegurar la alimentación de millones con un medio ambiente dañado y un clima que cambia aceleradamente.

Volver los ojos al campo ha sido una dura lección que hemos aprendido, particularmente en Las Tunas donde son mayores en extensión las zonas rurales, pero el promedio de precipitaciones se redujo de mil 126 milímetros anuales a mil 038 y la tendencia es a continuar disminuyendo. El 80 por ciento de sus suelos han sido declarados entre poco productivos y muy poco productivos, lo que obliga a incorporar la ciencia y la innovación en aras de que el territorio sea, como necesita la nación, líder en la gestión de la seguridad alimentaria.

Más de un centenar de proyectos se desarrollan y resultan célula fundamental en experiencias que ya rinden sus frutos, como las fincas agroecológicas, la creación de variedades más resistentes a la sequía, el agroturismo y la utilización de fuentes renovables de energía. En cada una de ellas sobresale el papel de la mujer campesina, quienes organizan su cotidianeidad de otra manera y garantizan que cada bocado llevado a la mesa lleve nutrición, salud, fertilidad y satisfacción.

Equipo de realización:
Texto: Elena Diego. 
Audios: Liliana Gómez Ramos, Luis Enrique Escobar, Luis Alberto Abreu Fernández y Liliana González Cudina.
Fotos: Itsván Ojeda y Liliana Gómez Ramos.

/nre/

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