Rubén, humildad y honor
Rubén Pargas Escalona. (FOTO de la autora).
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Rubén, humildad y honor

Las Tunas.-  La vida en el campo es más que sol, sudor y el lodo que se aferra a todo durante los días húmedos.  También es más que el aleteo de las mariposas, el cantar de los gallos o el aire fresco que adormece.  Tiene sinsabores y alegrías, altas y bajas, momentos de extremo cansancio y de indescriptible gozo.

Es difícil; pero, se agradece, y de esa manera piensa Rubén Pargas Escalona, un usufructuario asociado a la Cooperativa de Créditos y Servicios (CCS) Omar Pérez Pérez, del municipio de Las Tunas.

Hace muchos años, era trabajador de la granja estatal Calera, al sur de esta ciudad, y estaba vinculado a esas mismas tierras, que ahora le garantizan su alimentación y un mejor bienestar para él y su familia.

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Son casi cuatro hectáreas cultivables a las que pone todo su esfuerzo y pasión.  Incluso se deshace en cuidados porque sabe que «a la tierra hay que alimentarla con agroecología ante la falta de fertilizantes químicos.  Es la única forma de obtener buenos rendimientos».

Le enorgullece mirar a sus tierras y los avances que tiene el suelo luego de aplicar los abonos orgánicos.  Este mismo terreno que muestra en la foto estaba muy depauperado y ya tiene otro rostro gracias a esas prácticas que poco a poco le restituyen los valores perdidos por la erosión y otros efectos adversos.

«Aquí quiero sembrar frijol caupí, con la esperanza de que se me dé bien y que yo pueda ayudar a la economía del país porque es un cultivo priorizado, para multiplicar las semillas».

Con humildad, Rubén describe su finca, menciona sus proyectos y reafirma un compromiso que hizo desde que firmó su contrato: «Todas mis producciones las comercializo con el estado mediante mi CCS.

«Tengo un poco de yuca en cosecha, guayaba, caña de azúcar, boniato, mango y calabaza.  Y me di cuenta de que puedo entregar un poco más porque en los límites de mis tierras hay muchas matas de coco, y realmente nunca he vendido esa fruta.  Ya comenzaré a contratarlo y es algo más que aporto para la alimentación del pueblo.

«En la cooperativa se está gestando un proyecto de frutales y me convocaron.  Realmente eso es lo mío, aunque también siembro cualquier tipo de cultivos varios y ahora con lo del nuevo Coronavirus estoy enfrascado en los granos.

«Yo como productor y campesino pienso que siempre podré aportar.  Ese es mi granito de arena y seguiré haciéndolo, con agroecología.  Insisto en que uso muy pocos productos químicos y con esta situación en la que estamos usaré mucho menos porque no los hay».

No le falta razón a Rubén porque la vida se ha puesto dura, de manera general, por el impacto de la crisis sanitaria internacional asociada a la Covid-19, la sequía, el bloqueo que nos impone Estados Unidos y otras dificultades y una de las formas de salir adelante es incrementar la producción de alimentos, desde nuestros campos.

Así lo comprende este residente en la zona de Almendares, uno de los tantos con los que se puede contar en la actual y en otras circunstancias.

Aún en medio del fango, quizás agotado, bajo el sol o la lluvia, Rubén festejará, al menos con el pensamiento.

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